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| Estrictamente personal |
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Raymundo Riva Palacio
El Universal Miércoles 22 de agosto de 2007 |
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Todos mueven sus fichas en el tablero del ajedrez político. Calderón ya tiene el primer borrador de lo que será su mensaje a la nación por cadena nacional, luego de que sea impedido de entrar al recinto a dar su Informe, mientras el PRD se ahoga en su contradicción entre la izquierda parlamentaria que se encuentra mayoritariamente en el Senado, y la izquierda social, que ocupa numerosas curules en la Cámara de Diputados. La primera está entrenada en la negociación; la segunda en las marchas, protestas callejeras y la lucha a cuerpo, literalmente hablando. La primera sería incapaz de agredir físicamente al Presidente porque entiende de las consecuencias que ello tendría; a la segunda le encantaría darle de tomatazos o tinta cuando se les pusiera Calderón a distancia de tiro. Parece una locura lo que sucede, pero no lo es. Son los estertores del sistema político donde todos se preparan política y mediáticamente, apostando capital. Es tan improbable una agresión física al Presidente, como que entre al recinto parlamentario a rendir su primer Informe de Gobierno. ¿Cómo resolver lo inmediato? Hay una salida técnica. Si el PAN giró un oficio para pedir la intervención de la Policía Federal para proteger el recinto, el PRD, al asumir la Mesa Directiva el 28 de agosto, tendría que hacer lo mismo. Difícilmente se procesará el trámite antes del Informe, con lo cual se podría garantizar a Calderón un perímetro de seguridad hasta las puertas de vidrio que separan el vestíbulo del recinto legislativo con el salón de sesiones del Congreso; justo hasta ahí llegó el ex presidente Vicente Fox en su último Informe de Gobierno. Los ensordecedores ruidos no son nuevos. Ya vimos la película el 1 de diciembre, y el 1 de septiembre pasado. De seguir así el estado de cosas en el sistema político mexicano, este tipo de tensión y de agitación continuará suscitándose de manera ininterrumpida. Es una situación tan ridícula como real, derivada de la falta del reajuste de las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. De esto se trata realmente la discusión sobre el Informe. ¿Cómo se pueden reencontrar ambos poderes? En el diseño institucional actual es imposible. Se necesita un nuevo entramado en el cual se puedan reencontrar los dos poderes y replantear su relación a futuro. Hay varios caminos y un dilema shakespeariano. Se quiere avanzar o se quiere meter en el estancamiento y confrontación permanente al sistema, hasta llegar un día a una crisis constitucional. Calderón no ha dado señales claras de que quiere avanzar hacia la evolución del sistema político, quizá bajo la lógica foxista de que en cada confrontación con el Congreso el presidente avanzaba en las encuestas de popularidad. Pero no se gobierna a partir de los resultados de las encuestas, como erróneamente hizo Fox, quien se peleó repetidamente con el Congreso, derrotándolo en los estudios de opinión pública, pero condenando su gobierno a la falta de acuerdos. El PRI ha ofrecido soluciones intermedias, pero sólo salvan la coyuntura. El PRD, paradójicamente, es quien ofrece la solución a largo plazo. A 15 minutos de concluir el décimo Congreso Nacional del PRD el domingo pasado, los delegados aprobaron un resolutivo que abre el camino para lo que pudiera ser la reforma política más importante desde que inició el proceso de transición democrática en México, y que permitiría resolver el cerrojo institucional en el que se encuentra atrapado el sistema político. Los delegados perredistas alcanzaron ese acuerdo a partir, precisamente, de la implosión del sistema como consecuencia de su decisión de impedir que el presidente Felipe Calderón rindiera su Informe de Gobierno. En el resolutivo, el PRD acepta debatir con el presidente Calderón en el futuro, una vez que se dé la “sustitución del llamado informe presidencial por un debate parlamentario y republicano entre poderes sobre el estado de la nación, en el marco de un nuevo régimen político”. En su intransigencia explicable al reconocimiento de Calderón como método de viabilidad entre los sectores más duros del perredismo y su amplia base anarquista, el jefe político del PRD, Andrés Manuel López Obrador, censuró el resolutivo, llevándolos a recular y a caer en nuevas contradicciones sobre lo que hicieron no sólo los dirigentes del partido, sino el Congreso Nacional. Sin embargo, esas 27 palabras son clave. Un nuevo régimen político es la refundación de la República y el restablecimiento de la relación entre los dos poderes. En el resolutivo, el PRD deja de lado sus impugnaciones a la legitimidad de Calderón y a la legalidad del resultado de las elecciones a cambio de modificar el régimen político que lleva intrínseco el cambio del sistema político vigente desde 1928 y que ya no está resolviendo las diferencias ni evitando las confrontaciones. Un reclamo de López Obrador los ha llevado ahora a matizarlo, pero sería un error histórico ser presas del caudillaje. Cómo sería ese nuevo régimen político planteado por el PRD es la discusión fundamental en la cual debemos entrar todos. Los actores políticos admiten que el sistema actual se agotó, pero la dinámica de enfrentamiento del PRD con Calderón hace que la coyuntura sea más importante que el largo plazo. La postura del PRD de negarse a discutir cualquier cosa con “el usurpador” Calderón es un mero posicionamiento mediático, pues en la relación cotidiana de los gobiernos y legisladores perredistas en el país, la negociación con el gobierno de Calderón no ha sido rechazada. Si el PRD mantiene la oferta, pasaría como el partido que si bien impugnó todo el sexenio a Calderón, tuvo la suficiente madurez y altura de miras para inspirar la reforma política que le permitirá al país romper con su pasado. Deliberadamente o no, ya dieron el paso. No deben recular, sino obligar a Calderón a tomar ahora la iniciativa y probar si es capaz de cruzar el puente de plata que tendieron sus más aguerridos opositores, o si queda él como un hombre corto de miras que no supo aprovechar la oportunidad ni estar a la altura que una izquierda, de entre el apabullamiento mediático, supo montarse en el futuro.
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