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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Miércoles 22 de agosto de 2007 |
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Para la líder del SNTE, están en desuso las palabras “derrota” y “reconciliación” En Los Pinos entendieron que la embestida contra Vázquez Mota era presión a Calderón Si hace unas cuantas semanas alguien hubiese asegurado que a la ceremonia del nuevo ciclo escolar asistirían juntas, para presidir el acto oficial, la lideresa del magisterio nacional y la secretaria de Educación Pública, muy pocos hubiesen dado crédito a la versión. ¿La razón? Que ante los ojos de propios y extraños existe una guerra irreconciliable entre Elba Esther Gordillo y Josefina Vázquez Mota. ¿Qué pasó? ¿Por qué las dos mujeres más influyentes en el gobierno de Calderón parecen haber limado las asperezas que catalizaron el conflicto? ¿Quién ganó y quién perdió en la escaramuza mediática que las enfrentó, y que fue detonada por la lideresa de los maestros? ¿Debió intervenir el presidente Calderón? ¿O es que las dos mujeres en cuyas manos está la educación del país entendieron que nadie gana en una guerra como la planteada? Está claro que la convocatoria y el convencimiento para que de manera conjunta las dos mujeres asistieran a dicha ceremonia fueron producto de una decisión superior. ¿Quién más arriba que la profesora Gordillo y la secretaria Vázquez? No hay otro que el presidente Calderón. Y a pesar de que en el evento se les vio poco amigables, y que evitaron declaraciones que reavivaran el fuego, lo cierto es que desde el gobierno de Calderón se intentó mandar un mensaje de control de daños. Si existió algún problema, ya no lo hay, y en tanto mujeres del poder, son capaces de superar los conflictos y de asumir su papel institucional. Ese parece ser el fondo del mensaje. Pero la forma y el fondo de ese forzado reencuentro parecen poco creíbles y son muy pocos los convencidos de la aparente reconciliación. Y es que todos saben que en el caso de la líder moral y vitalicia del SNTE están en desuso las palabras “derrota” y “reconciliación”, y que los enemigos de la señora Gordillo lo son, en la mayoría de los casos, para siempre. ¿A cambio de qué, entonces, la maestra guardó los misiles que tenía listos para lanzar a la responsable de la educación, y dejó para mejor momento una guerra que parecía definitiva? Algo que no conocemos debió convencer a la señora Gordillo para que decidiera posponer su muy personal guerra con Josefina Vázquez Mota. Pero lo que sí sabemos es que resultó fallida y de un alto costo político la estrategia empleada por la profesora, desde la entrevista periodística en la que acusó a la secretaria de Educación de no saber nada sobre el sector educativo. La embestida fue directa —al pan se le dijo pan y al vino se le dijo vino—, los objetivos parecieron claros —derribar a una colaboradora del presidente Calderón que, como pocos titulares del ramo, la enfrentó y le arrebató espacios de poder—, pero los tiempos y la forma resultaron fallidos. Se sabe que un análisis sobre las repercusiones del misil lanzado por Gordillo contra Vázquez Mota reportó el fenómeno de “David y Goliat”. Es decir, para efectos mediáticos la secretaria de Educación fue convertida en “víctima” circunstancial de las “perversidades” políticas de la muy poderosa dirigente de los maestros. Un recuento de todo aquello que se escribió sobre el conflicto fortaleció ante ese intangible conocido como “opinión pública” a la señora Vázquez Mota, mientras que a los ojos ciudadanos parece confirmarse que la de Elba Esther Gordillo con el gobierno de Felipe Calderón es una alianza que reporta más costos que beneficios al partido en el poder, a pesar del activismo electoral del magisterio. En el otro frente, la secretaria de Educación diseñó una estrategia de bajo perfil. No respondió a las acusaciones de la señora Gordillo, tampoco movió piezas colaterales contra la maestra, y recurrió al “librito”; es decir, buscó al presidente Calderón para hablar sobre el tema, quien le habría ratificado su apoyo. Y es que en la casa presidencial entendieron que la embestida contra la señora Vázquez Mota —más allá de lo cuestionable o no que pueda resultar su gestión— en realidad era una presión contra el propio gobierno de Calderón, quien entre sus leales ha impuesto la idea de que están en su gobierno en calidad de colaboradores, para resolver problemas y conflictos, no para hacerlos crecer, y menos para llevarlos al Presidente. Al final de cuentas, y para efectos mediáticos, la escaramuza entre la profesora Gordillo y la titular de Educación quedó resuelta, a pesar de que nadie o muy pocos creen en esa supuesta reconciliación. Y no pasará mucho tiempo para ver con claridad a cambio de qué la señora Gordillo guardó las armas. Y si su objetivo era quitar del camino a la señora Vázquez Mota, el pasado lunes debió compartir reflectores con ella, en una suerte de confirmación de que por lo menos en esta ocasión no se salió con la suya. Lo interesante ahora es saber hasta cuándo el gobierno de Calderón continuará con la alianza que lo mantiene unido al liderazgo de la profesora Gordillo, cuyo poder depende y ha dependido siempre de dos pilares fundamentales: el sindicato magisterial, con toda su fuerza de movilización y capacidad económica, y de sus respectivas alianzas con el poder presidencial. No es fácil para la profesora sobrevivir sin el poder presidencial. Al tiempo. En el camino Por cierto, la noche del pasado lunes fueron dos reuniones las que sostuvo AMLO con los líderes del PRD. La primera con Los Chuchos, que fue un encuentro complejo, en el que le explicaron que van por una reforma para cambiar el régimen presidencial por uno semiparlamentario, lo que no implica diálogo con Calderón, sino entre los poderes. Y la segunda con Los Chuchos y los seguidores de AMLO. Ahí los líderes de Nueva Izquierda se fueron contra los aliados de López Obrador, a los que calificaron de “perversos”. Al final todos terminaron como hermanitos. ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta. aleman2@prodigy.net.mx
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