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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Martes 21 de agosto de 2007 |
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En el tercer congreso del PRD, López Obrador propuso el diálogo con los poderes que ahora quiere negar En 1996 fue tal el entreguismo del tabasqueño al gobierno de Zedillo que Heberto Castillo denunció la “desviación” Cuando en una entrevista radiofónica, el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador lanzó el anzuelo de “diálogo” al presidente Calderón, los aliados y seguidores del tabasqueño festejaron la ocurrencia y hasta aventuraron la hipótesis de que ese lance colocaba al huésped de Los Pinos contra la pared. En la casa presidencial sólo respondieron que el tiempo de los debates electorales había pasado. En lo que pareció una respuesta con el mismo argumento, semanas después, el presidente Calderón convocó al Congreso a un debate entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, con motivo del Primer Informe. Entonces el PRD se hizo bolas y en medio de un intenso debate interno terminó por negar uno de sus reclamos históricos, el de convertir el Informe en un debate entre poderes, más que en el “día del presidente”. Y apenas el pasado fin de semana, a punto de terminar el décimo Congreso Nacional del PRD, el grupo Los Chuchos y sus aliados, propusieron al pleno de congresistas un cambio de última hora para que el PRD pudiera participar en el debate entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, a partir de 2008, una vez que la Reforma del Estado modifique el formato del Informe. Y entonces “ardió Troya”. El grupo de delegados afines a los señores Bejarano y López Obrador soltaron a gritos la palabra más temida en el PRD a lo largo del más reciente quinquenio; la palabra “traición”. Así, Los Chuchos y sus aliados fueron motejados de todas las formas posibles asociadas a la temida “traición”. Les dijeron “panistas”. “fecales”, “yunquistas” y hasta aliados del “espurio”. Resultó tan severa la acusación de “traidores” a los integrantes de Nueva Izquierda, que rápidamente y con visible desesperación, Los Chuchos enmendaron el supuesto error al promover un “parche” capaz de salvar la emergencia. Y entonces el pleno votó a favor de que el PRD se oponga a que en la ceremonia del Primer Informe Felipe Calderón acceda al salón plenario, no sólo a entregar su Informe, sino a pronunciarlo. De esa forma, por lo menos momentáneamente, se ocultó lo que ya es una ruptura insalvable en el PRD entre Los Chuchos y los lopistas. Y claro, todo los niegan, pero el tiempo confirmará la profundidad de la grieta. Lo curioso del asunto es que el pasado y el futuro del PRD parecen estar definidos por el significado y el uso político de esas dos palabras; diálogo y traición. Y es que si de algo sirvió el Congreso Nacional del PRD fue precisamente para determinar que el partido negro y amarillo va en dirección a un “choque de trenes”, que tarde o temprano terminará con la división que todos en el partido pretenden ocultar, pero que todos en la práctica política impulsan. Pero lo que hoy vemos en el PRD en realidad no es y no debiera ser ninguna novedad —ya no para los militantes y líderes de ese partido, sino para los ciudadanos en general—. Y es que en agosto de 2007 asistimos a una discusión casi idéntica a la que se dio entre los amarillos al inicio de la década de los 90, cuando en su tercer Congreso Nacional, se enfrentaron por definiciones similares los líderes históricos Cuauhtémoc Cárdenas y Heberto Castillo. Entonces, el primero proponía mantener “cero diálogo” con el gobierno de Carlos Salinas, mientras que el segundo insistía en el diálogo con todos los poderes, incluido el Ejecutivo, como parte de una estrategia para la construcción de la transición democrática. Casualmente en ese Congreso —conocido por todos como el de Oaxtepec— un líder emergente se ganó el reconocimiento de propios y extraños cuando ofreció una salida salomónica que evitó la ruptura. Es decir, propuso el diálogo con los poderes sólo en aquellos aspectos cuya gestión resultaba en beneficio “de la gente y del partido”. Y es que, en efecto, el problema no eran los extremos del “si o no al diálogo”, sino el “qué, cómo y con quién” buscar el diálogo. ¿Y adivinen quién fue ese líder emergente? Pues sí, su nombre era Andrés Manuel López Obrador. Años después, en 1996, cuando López Obrador buscaba la dirigencia del PRD —impulsado a ese cargo por Cárdenas— y enfrentaba nada menos que a Heberto Castillo, el tabasqueño sustentó su campaña en una propuesta de diálogo con el gobierno de Ernesto Zedillo. Fue tal el entreguismo de AMLO al gobierno de Zedillo, que el propio Heberto Castillo denunció la “desviación” en un artículo de su puño y letra publicado en el semanario Proceso. Heberto acusó a López Obrador de “lombardista”, en alusión a Vicente Lombardo Toledano, líder obrero que privilegió la alianza con los entonces gobiernos del PRI, para impulsar el cambio desde dentro del viejo partido. En ese 1996, López Obrador ganó la presidencia del PRD y llevó como secretario general a Jesús Ortega, jefe de la corriente más negociadora y hoy acusada de “traición” precisamente por dialogante. La tónica de la gestión de AMLO al frente del PRD fue el diálogo, el acuerdo y la negociación, no sólo con el gobierno de Zedillo, sino con el PAN, cuyo jefe nacional era nada menos que Felipe Calderón. Esa política de diálogo, negociación y acuerdo llevó al PRD a sus mayores triunfos electorales, entre ellos el gobierno del DF, que fue ganado por Cárdenas en julio de 2007. ¿Por qué años después, en 2007, AMLO insiste en el “cero diálogo”? ¿Por qué Obrador sí puede dialogar con Calderón, y no los diputados y senadores del PRD? Por una razón elemental, porque el “espantajo” del diálogo, y su contraparte, la acusación de “traición” a quien decida dialogar —que no sea el señor “legítimo”— son el mejor instrumento para procesar la ruptura. Es decir, el PRD es y seguirá siendo rehén de su caudillo López Obrador, hasta que el partido sea inservible para las ambiciones presidenciales de AMLO. Entonces romperá y a gritos señalara “¡traición! ¡traición!”. Y Los Chuchos y sus aliados serán enjuiciados en la plaza pública. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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