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Juan María Alponte El Universal Martes 24 de julio de 2007 |
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La revista Le Nouvel Observateur, que puede ser considerada una relevante publicación de la izquierda democrática, crítica y racional de Francia, dedica su portada, del 21 al 27 de junio de 2007 a dos dramas. El primero queda referido a dos líderes del Partido Socialista francés, Segolene Royal (candidata presidencial derrotada, pero que en la segunda vuelta de las elecciones legislativas se ha librado del entierro recuperando un porcentaje positivo de voto aunque la derecha de Sarkozy haya mantenido la mayoría) y su pareja sentimental, Francois Hollande. En suma, en ese punto la revista titula así: Le choc Royal-Hollande. El “choque” ha sido la “ruptura” de la pareja, nunca casada, que después de 27 años en común y cuatro hijos, se han separado en el seno mismo de la crisis electoral. Es inútil decir que Hollande era, y es aún, primer secretario del Partido Socialista y que ella aspira, sin más, a controlar el partido en el próximo Congreso. No será fácil. En principio deja en la cuneta a su compañero, “a quien ha invitado a abandonar el domicilio común”. Él tuvo un “desliz”; ella no lo aceptó. El segundo titular de portada de la revista es inequívoco: Gauche: ce qui doit changer (Izquierda: esto que debe cambiar). Títulos, sobremanera el último, que ilustran un debate pendiente desde 1989, es decir, desde la caída de los muros. Era ya indisputable esa necesidad entonces, pero una parte de la izquierda no ha sabido encontrar, ni antes ni después de los “muros”, una fórmula conceptual que ilumine, en el cuadro de la globalización y la revolución de la Sociedad del Conocimiento, el tránsito hacia una izquierda moderna. La revista, en su portada, añade: Nos lecteurs prennent la parole (Nuestros lectores toman la palabra). Es obvio que leo con gran interés a esos lectores. Pierre Botherol se inclina por un Partido Socialista moderno; Claude Magnin define así la situación: adaptarse o morir. Eso pretende hacer el Partido Comunista (sólo 15 diputados y se necesitan 20 para constituir un grupo parlamentario) cuyo histórico periódico, L’Humanité, vive desviviéndose, con una deuda inmensa y sin lectores. Duro porvenir. Hay lectores tomando la palabra que no quieren oír de socialdemocracia y otros, a su vez, que señalan, como Jean Leconte, que “hay que liquidar las viejas etiquetas”. Entre los editorialistas, Thierry Pech titula su artículo así: “Progresismo año cero”. Dice que es preciso “repensar el Estado-rovidencia a la hora de la globalización e imaginar una nueva política de la igualdad”. Un aggiornamento, añade, se impone a la izquierda. Su artículo comienza así: “Una mayoría conservadora está, desde ahora, instalada en el poder, investida de un mandato claro y de una legitimidad masiva…”. Me sumerjo por ello en el editorial, relevante cada semana, del director de la revista, Jean Daniel. Señala y expone: “17 millones se han pronunciado por una mujer candidata de la izquierda. Existe, pues, una fuerza durablemente enraizada en Francia para movilizar a la izquierda. El problema es que no existe esa fuerza todavía para repensarla, reinventarla y refundirla para terminar, de una vez por todas, con los mitos, los clichés y los slogans…”. Bueno, mientras se producían estos debates en Francia, los democristianos ganaban las elecciones en Bélgica (Bruselas es la capital de las más importantes instituciones de la Europa unida) lo cual quiere decir, a su vez, que tampoco los socialistas belgas, en un país igualmente rico y desarrollado, han podido “repensar, reinventar y refundir la izquierda”. Será imposible en tanto que, como dice Jean Daniel, “los mitos, los clichés y los slogans” dominen el lenguaje y no el pensamiento: el logos racional imprescindible. alponte@prodigy.net.mx
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