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México y el mundo
Juan María Alponte
El Universal

Viernes 20 de julio de 2007



Una mujer ministra de Hacienda

Nicolas Sarkozy, con mayoría presidencial y mayoría en la Asamblea (inferior, en segundo aspecto, a la que esperaba), ¿es la derecha sin complejos o Napoleón sin complejos? Se mueve, Sarkozy, con apasionante convicción. Ha llevado a su gobierno a hombres que militaban en el Partido Socialista y, sin más, hijo de padre inmigrante no ha dudado en llevar a su gabinete a mujeres que representan el abanico multiétnico de Francia.

La secretaria de Estado para la Política Urbana, de origen argelino, dirigía una organización feminista conocida así: “Ni putas ni sumisas”. La ministra de Justicia, hija de un albañil argelino y de madre marroquí, magistrada, escucha en las calles, repetido, su apellido: “Da-ti-ti-da-Dati”. La secretaria de Derechos Humanos es una bella morena, de origen senegalés.

Lo más gordo: Sarkozy ha llevado al Ministerio de Hacienda, por vez primera en la historia del país, a una mujer que, con dificultades económicas y trabajando a destajo, terminó su carrera universitaria, emigró a Estados Unidos donde, sin más, pasó a ser, léase bien, la presidenta de uno de los bufetes de abogados (sede en Chicago y presencia universal) más ilustres de EU.

En la firma Baker & McKenzie, Christine Lagarde tenía un salario anual de 800 mil dólares y vuelo a París para ver a sus hijos (está divorciada) el fin de semana. Atleta consumada, campeona de natación sincronizada, con yoga matinal (como yo) fue recuperada por el gobierno anterior para hacerse cargo de la Agricultura y, sin duda, se sentía desdichada soñando con Chicago.

Sarkozy y no Luis XIV (el del “Estado soy yo”) es quien ha conducido a Christine Lagarde al Ministerio de Hacienda. La abogada famosa, adiestrada en los problemas del “capitalismo de los compinches” (la frase es de Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex consejero de Clinton) tendrá que meter su cuchara en una nación donde el papel del Estado sigue siendo, contra el criterio de Adam Smith y de la propia Christine Lagarde, demasiado Estado.

Se encuentra con un país que tiene una base tributaria que representa 44% del PIB (Suecia, Dinamarca y Bélgica superan esa cifra) y, por tanto, un sistema fiscal, en un país con 41 mil 200 dólares per cápita, que nada tiene que ver con México y sus 40 regímenes fiscales de excepciones. La presión, aquí, es por abajo, es decir, para los que estamos en las nóminas y somos “nominados” para el parricidio anual.

En suma, la ex presidenta del bufete Baker & McKenzie, acostumbrada a los grandes conflictos del capitalismo multinacional, tendrá que ayudar a Sarkozy a integrar, el régimen fiscal, en previsiones básicas: empleo, competitividad, bienestar colectivo y sociedad del conocimiento. En suma, madame le ministre, conoce el lenguaje del poder y de la diplomacia.

En París se dice que el presidente Sarkozy, que aspira a estar en todo, al igual que controla ya (no es tan sencillo) el “sector social” aspira a hacer lo mismo, a su vez, con el territorio de Bercy (la mansión de Hacienda) donde se cuecen milagros y desprestigios. La campeona de natación no se ha guardado de decir que el Derecho francés es —así lo resume Le Monde— “compliqué”, “pesado” y “un freno para los contratos”. Viejo país europeo.

Pequeño, activo, dinámico Sarkozy ha demostrado ya, en el acuerdo europeo que sustituye la Constitución europea por un minitratado, que sabe lo que quiere y llegó a un acuerdo inteligente con la canciller alemana. Napoleón, una vez, en público, reprochó a Talleyrand (que había dicho de él que no tenía educación) que “no le había contado que el duque de San Carlos era el amante de la esposa de Talleyrand”. Éste, impávido, le dijo: “No he hablado del caso porque no tiene ninguna importancia ni para vuestra majestad ni para mí”.

alponte@prodigy.net.mx



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