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México y el mundo
Juan María Alponte
El Universal

Miércoles 18 de julio de 2007



Irak, agonía de una política sin salida

Estamos muy lejos de los discursos de la victoria: 21 días para la caída de Bagdad el 9 de abril de 2003; 26 días para controlar el bastión de Saddam Hussein (Tikrit) el 14 de abril. El 1 de mayo George Bush anunció el fin de las operaciones militares en Irak.

De acuerdo con la lógica del poder, los datos eran impresionantes: la operación inició el 20 de marzo con la explosión en Bagdad, a las 5:37 de la madrugada, de los primeros misiles Tomahawk. A las 8:58 de la mañana habían caído sobre Bagdad, en el siglo VIII conocida como Madinat al-Salam o Ciudad de la Paz, 40 Tomahawk.

El 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, George Bush anunció “el fin de las operaciones militares en Irak”. Las pérdidas de Estados Unidos: 122 muertos; 33 del lado británico. Según la lógica del poder, en el cuadro de la estrategia de la violencia aniquilante se podía ganar la guerra casi sin bajas. El desfondamiento del sistema militar y político del régimen iraquí era un hecho.

Sin embargo, The New York Times, en su famoso cuadradito diario, nos anunciaba, el 10 de julio de 2007, que las bajas, hasta ese día, eran 3 mil 591. La lógica revolucionaria ha generado costos muy altos.

Hasta tal extremo que es un clamor que invade incluso a los senadores republicanos, para la retirada de Irak, pese a la posición de un presidente… con 29% de aprobación.

En efecto, el pasado 10 de julio se hacían más relevantes las declaraciones del embajador norteamericano en Bagdad que anteriormente había señalado que la retirada significaría hacer oficial la Guerra Civil y, acaso, un estallido en Medio Oriente que no requiere nada más que el fuego, porque la pólvora ya está en las calles.

Por si fuera poco, la tragedia de la Guerra Civil entre los palestinos; por si fueran poco, los graves acontecimientos del Líbano; por si fuera poco, la crisis con Irán —que juega un papel en el chiísmo militante de la región que puede tener significados no menores que el proyecto nuclear— y, por si fueran poco, las bajas diarias de la población iraquí y el exilio despavorido de cientos de miles de ciudadanos de Irak hacia los países próximos. E

s necesario añadir dos cosas más: a) que el Ejército turco está presente en las fronteras para impedir un levantamiento kurdo que pudiera tener consecuencias revolucionarias en la minoría kurda de Turquía, y b) por si fuera poco, la “talibanización” de Paquistán. En efecto, los talibanes están minando el régimen político de Paquistán y las bases militares de Paquistán son imprescindibles para permanecer en Afganistán.

Eso se supo desde el principio, y por ello el juicio justo de Powell, secretario de Estado entonces, al advertir que Paquistán era una carta indispensable. Hoy en día nadie podría asegurar que esa base estratégica es segura, y menos predecible lo que ocurrirá en el país.

Las noticias de Irak revelan que EU se encuentra ante una trampa inmensa: la evacuación, inevitable por la presión de la sociedad y con un presidente cada vez más minoritario. Pero ello plantea el reconocimiento de una situación trágica.

Bagdad, antes de la invasión, era una ciudad mixta donde coexistían chiítas y sunnitas con la minoría cristiana. Hoy es una ciudad atrincherada y en guerra, y en el norte y el sur la crisis violenta de los dos grandes brazos del islam es un hecho real.

Añádase la región kurda ante una difícil opción de una autonomía que es poco disociable de los kurdos de Irán, Siria y Turquía. Añádase a ello el éxodo de los iraquíes hacia las fronteras y, a la vez, hacia la “gran Bagdad” en busca de una gran ciudad, como una solución falsa pero angustiosa. ¿Cómo asumir esas contradicciones? Ya Palestina avisa. Ya Afganistán revela; ya el pueblo estadounidense apremia.

alponte@prodigy.net.mx



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