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Raymundo Riva Palacio
El Universal Miércoles 11 de julio de 2007 |
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Desde Estados Unidos, Zhenli Ye Gon envió una carta a empresarios mexicanos en la que se dice inocente y víctima de chantajes Charley Ye ha estado muy activo en estas últimas semanas. Salió de San Francisco, donde estaba protegido por sus familiares en la comunidad china, a Nueva York, donde lanzó un misil de papel contra el gobierno de Felipe Calderón. Y de ahí volvió a cruzar de este a oeste el territorio para dirigirse a Vancouver, donde hay otra comunidad china importante, amparado porque la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés) dice a las autoridades mexicanas que no puede hacer nada, pues Canadá “es un país amigo”, y argumenta además que es responsabilidad de la DEA. O sea, hay que prepararse porque los estadounidenses van sobre decenas de millones de dólares que se juegan sobre la suerte de Charley Ye, que es como se hace llamar el empresario mexicano de origen chino Zhenli Ye Gon. Charley Ye está construyendo una defensa férrea para recuperar más de 205 millones de dólares que le decomisó el gobierno mexicano en marzo, y generando tolvaneras políticas. Tras afirmar sus abogados estadounidenses que ese dinero se lo había dado el secretario del Trabajo mexicano, Javier Lozano Alarcón, soltaron otra acusación que aún no cuaja en la prensa. Se trata, según el abogado, también de origen chino, Ye Ning, de una fotografía en la que aparece supuestamente Lozano saludando a Ye Gon durante un acto de campaña el año pasado, donde representó a Calderón en un evento de la industria químico-farmacéutica. La tercera viene en camino. La próxima semana, el abogado ha convocado a una conferencia de prensa en Washington. Que se preparen, anticipa, porque el salpicadero será en grande. La danza de los dólares se está poniendo intensa. Los estadounidenses, creen algunos altos funcionarios mexicanos, van por el dinero, lo que explica la extraña protección que aparentemente le están dando a Ye Gon. El empresario está contribuyendo a su causa y a la presunta motivación de las autoridades estadounidenses, con la consolidación de una historia fantástica que ha venido plasmando en una serie de cartas idénticas, enviadas a sus viejos clientes y proveedores bajo la firma de Charley Ye, para decirse inocente y mostrar que el dinero hallado en su casa no provenía del tráfico ilegal de seudoefedrina, precursor de la metanfetamina, sino que, en efecto, fue “Alarcón” quien se los dio y eran para la campaña presidencial. “Alarcón” fue identificado como Javier Lozano Alarcón por el gobierno mexicano porque en la carta que envió Ye Ning al presidente Calderón, entregada el último jueves de junio en la embajada de México en Washington, Lozano era el segundo nombre (middle name), no su apellido paterno. En las cartas que envió Charley Ye, como lo conocían comúnmente en México, en mayo pasado, se empieza a aclarar el asunto de “Alarcón”. Se trata en efecto de un Javier Alarcón, de más de 40 años, cabello negro, cejas pobladas, nariz “muy larga”, mucho pelo en los brazos, que llevaba puestos unos anteojos Cartier, y con un aspecto más bien árabe. En la entrevista con la agencia de noticias AP, no reconoció fácilmente la fotografía del secretario de Trabajo cuando se la mostraron. Charley Ye explicó en la carta que vio a “Javier Alarcón” en mayo del año pasado, cuando se apersonó en su oficina con “Luis”, a quien describe como un hombre alto con pelo negro corto, moreno de ojos grandes y redondos, con un pequeño lunar, y una mujer no identificada. Ahí comenzó la operación para enviarle dinero y armas. “La enorme cantidad de dinero que decomisaron en mi casa no es de la droga”, afirmó. “Son fondos secretos del partido político usados para la campaña presidencial, para comprar armas y financiar actividades terroristas”. Explicó que fue amenazado y chantajeado para obligarlo a recibir el dinero, que suma más de 205 millones de dólares. Los primeros 100 millones, aclaró en la carta, se los llevaron en junio y julio, y en agosto, cuando estaba la protesta callejera de la coalición Por el Bien de Todos, le llevaron los misiles para dispararles a los aviones. Esos fondos y las armas eran, manifestó, para que “una vez que fuera derrotado su partido político, usaran el dinero en sus manos para atacar el mercado de dinero de México, destruir el orden económico, usar las armas para realizar actividades terroristas, crear desorden e inestabilidad social y forzar al nuevo gobierno al nivel de un administrador incompetente y provocar un cambio de régimen”. En ningún momento aclaró la discrepancia de fechas. Pero las cosas comenzaron a ponerse mal para Charley Ye desde septiembre del año pasado, según expresó en sus cartas, al haber sido detenido por dos policías que “en lugar de llevarlo a la estación de policía, me llevaron a un estacionamiento lejano, me robaron todo el dinero, el teléfono celular, me apuntaron con una pistola y me dijeron que me fuera de México inmediatamente”. Se fue a Estados Unidos, pero regresó a principios de octubre. Con medio millón de dólares que había puesto en su auto por razones que no explicó, “fue interceptado a las tres cuadras por agentes de la Federal de Investigación. Dos policías se sentaron en el asiento trasero apuntándome mientras mi chofer continuaba manejando seguido de otro auto de la policía. A los 10 minutos nos paramos en una zona aislada llena de árboles. Tomaron mi identificación, mi celular y encontraron el dinero”. Cuando le preguntaron, dijo, “cómo se arreglaban”, les dio todo el dinero. Lo primero que hizo fue comentárselo a “Luis”, quien le recomendó que se fuera a Las Vegas. Partió de México el último día de octubre. La historia de Charley Ye es tan espectacular como fantástica. Oscila entre un best-seller de aeropuerto y una película de Juan Orol. Sin embargo, encierra un episodio dramático que no hay que perder de vista. Charley Ye, o Ye Gon, es perseguido por la justicia mexicana, acusado de narcotráfico y lavado de dinero, y en cuya casa se realizó el segundo decomiso más grande en la historia del combate contra las drogas en el mundo. Por petición del gobierno mexicano, Interpol lo busca en 188 países, pero se mueve con relativa facilidad dentro de Estados Unidos y ahora también en Canadá. Sus abogados en Estados Unidos decidieron dar la lucha para que no lo extraditen y le regresen los más de 205 millones de dólares, que de tener éxito permitiría que Ye Gon se quedara en Estados Unidos. Y su dinero, si las autoridades estadounidenses procedieran contra él por los mismos delitos, se iría a sus bóvedas. La coartada es que el dinero es político, no proveniente del narcotráfico, y que pertenecía a la campaña de Calderón. Si se asoma uno un poco a la historia de las agencias de inteligencia estadounidenses, uno pudiera exclamar: ¡qué casualidad! rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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