Formato de impresión patrocinado por


Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Domingo 24 de junio de 2007



Herencia generacional entre Mario Villanueva y Jorge Hank Rhon

Ulises Ruiz y Mario Marín, eslabones perdidos del viejo priísmo

P or uno de esos extraños e inescrutables misterios de la política mexicana, al mismo tiempo y por razones muy distintas, cuatro figuras de lo más cuestionable y rancio del viejo PRI se encuentran bajo el reflector mediático; no por sus cualidades para la política eficaz y de calidad; tampoco por sus dotes para el ejercicio ético y honesto del poder, y menos por su gusto por la vida en justa medianía.

Por alguna extraña razón, en los establos del PRI los extremos parece que se juntan. Por un lado, un ex gobernador como Mario Villanueva Madrid -poderoso hombre de horca y cuchillo en Quintana Roo entre 1993 y 1999, que pasó seis años en prisión acusado de vínculos con el narcotráfico- parece listo para ser extraditado y ser juzgado por autoridades de Estados Unidos por delitos contra la salud, mientras que un modesto Tribunal Electoral de Baja California descalificó de la contienda por el gobierno local a otro peculiar priísta, Jorge Hank Rhon, poderoso barón del juego y presunto socio del crimen organizado, que no conforme con su fortuna personal, eligió al PRI para sus correrías políticas.

Villanueva es el símbolo de los gobiernos estatales del PRI que se enseñorearon durante los últimos años de la hegemonía presidencial de ese partido -y que se caracterizaron por la corrupción, el autoritarismo despótico y presuntos vínculos con el narcotráfico- y que parecían jubilados. Pero no, al tiempo que el ex gobernador Villanueva parece cruzar la puerta de salida, en la de entrada ya está listo el que parece su relevo, el señor Jorge Hank Rhon, la moderna versión de priístas como Villanueva. ¿Ese es el nuevo PRI, de personajes siniestros como Jorge Hank? Sigue la mata dando.

Y la cuarteta de "priístas distinguidos" -donde también los extremos se juntan- la forman los gobernadores de Oaxaca, Ulises Ruiz, y de Puebla, Mario Marín. Por razones distintas, pero con un destino común que los podría llevar a un juicio político que los relevaría de sus respectivos cargos, los mandatarios de Oaxaca y Puebla son esa clase de políticos indefendibles -en toda democracia que se respete-, pero al mismo tiempo son una formidable moneda de cambio para las negociaciones del PRI con el gobierno federal; un PRI que se niega a dejar atrás su pasado y que al defender a hijos como Ruiz y Marín, defiende su propia historia de antidemocracia y corrupción.

Villanueva

El caso del ex gobernador de Quintana Roo es el ejemplo viviente de la corrupción y la impunidad. Durante toda su gestión como mandatario estatal fueron evidentes no sólo sus excesos en el ejercicio del poder y sus nexos con el narcotráfico, sino la incapacidad de las instituciones del Estado mexicano para contener y sancionar a un señor feudal como Mario Villanueva, el gobernante del PRI que disponía de vidas y fortunas, que creó un clima de terror en su entidad, que pasó por alto las leyes locales y federales, que sembró a los cárteles de la droga en Quintana Roo, y que incluso se enfrentó al propio gobierno federal.

El entonces presidente Zedillo fue incapaz de hacerle frente al todopoderoso gobernador Villanueva, a pesar de que la autoridad federal contaba con todos los elementos para iniciar su persecución legal, en tanto que los poderes federales Legislativo y Judicial permanecieron callados, ausentes de su responsabilidad frente a un gobierno que no respetaba nada. ¿Por qué en su momento no actuó la Cámara para solicitar que, por ejemplo, la Corte investigara las violaciones graves a las garantías básicas de muchos ciudadanos de la entidad gobernada por Villanueva? ¿Por qué nadie solicitó un juicio político contra el presunto gobernador narco, a pesar de que todos conocían sus vínculos con las mafias?

Eran otros tiempos, dirán algunos; lo cierto es que hace no muchos años, apenas en la segunda mitad de la década de los años 90 del siglo pasado, los gobiernos del PRI gozaban de total impunidad, de la protección de casi toda la clase política. Eran intocables para los poderes de la Unión.

A Mario Villanueva se le persiguió una vez que dejó su cargo -incluso ya no se presentó ni a la toma de posesión de su sucesor porque salió huyendo- y fue protegido por otro político de su clase, el también gobernador Víctor Cervera Pacheco, dueño de Yucatán. Al final de cuentas, en 2001 Villanueva fue detenido y sometido a juicio. Pero, por otro de esos misterios de la justicia mexicana, alcanzó su libertad sólo seis años después, para ser reaprehendido en preparación para su casi segura extradición ante las autoridades de Estados Unidos, que lo reclaman por sus nexos con el narcotráfico.

Lo curioso del caso es que su socio en el negocio de las drogas, Alcídez Magaña, fue sentenciado a más de 40 años de prisión, mientras que el señor Villanueva sólo cumplió seis años de cárcel. ¿Por qué delitos esperan las autoridades mexicanas que sus similares de Estados Unidos castiguen a Mario Villanueva? ¿Qué las autoridades mexicanas no tienen la misma información que tienen las de Estados Unidos? Como sea, si Mario Villanueva es entregado a la justicia del vecino del norte, es muy probable que lo encuentren culpable de cargos por los que en México no fue castigado.

Jorge Hank

Y mientras que el priísmo paga los costos políticos que le significa emparentarse con gobernantes como Mario Villanueva, una parte de su herencia parece que se quedó en el PRI, y nadie mejor para la estafeta que Jorge Hank, el exitoso empresario del juego, poderoso hombre de las apuestas, priísta que parece dispuesto a cumplir el sueño incumplido de su padre: ser presidente de la República. Sí, las correrías políticas de Hank Rhon son parte de un proyecto que se gestó en el círculo íntimo de la familia política de Roberto Madrazo.

Jorge Hank Rhon es un extravagante hombre de empresa, con poder económico y político suficiente para que muchas generaciones de los suyos vivan sin problemas. Pero en el seno de la familia de Madrazo se diseñó una carrera política que se pensó meteórica, y que primero llevaría a Hank a la alcaldía de su centro de operaciones, Tijuana, de donde debía brincar al gobierno de Baja California -sin haber terminado siquiera su gestión como alcalde, para luego buscar la candidatura presidencial por el PRI. Sí, aunque usted no lo crea, en el diseño estratégico que metió a Hank a la política se tenía previsto que el hijo del creador del Grupo Atlacomulco recibiera la banda presidencial de manos de Roberto Madrazo en 2012.

Como todos saben, el tabasqueño vio frustrado su sueño -luego de la derrota aplastante de julio de 2006-, y ahora el señor Jorge Hank fue parado en seco por un humilde tribunal estatal electoral; instancia electoral de Baja California que -paradojas de la guerra política- meses atrás había avalado la candidatura de Hank Rhon al gobierno de esa entidad. ¿Qué fue lo que pasó en realidad? Poca cosa: que Jorge Hank y su promotor político, Roberto Madrazo, no pertenecen al grupo político que detenta el poder en el PRI, y que prepara los escenarios para 2009 y para 2012. Resulta que el señor Hank Rhon era y es, para los efectos sucesorios del PRI, "un peligro".

¿Pero será suficiente con la zancadilla de un modesto tribunal estatal? No, a menos que el excéntrico Jorge Hank se haya cansado del "juguetito" de la política, acudirá al Tribunal Electoral federal, donde reclamará su derecho constitucional a votar y ser votado, a pesar de que la Constitución de Baja California le impide ser candidato a gobernador, porque no concluyó su gestión como alcalde de Tijuana. Y si existen dudas de que la zancadilla vino del propio PRI, sólo basta echarle una mirada a las reacciones del PRI nacional y de la larga fila de pretensos con sueños presidenciales. "Entre menos burros más olotes", dice el refranero, y en el PRI no quieren una versión reforzada de Mario Villanueva. Nada está escrito, en tanto que se defina si Hank apela al tribunal federal, y habrá que esperar lo que resuelva éste.

Oaxaca

En Oaxaca el PRI vive otro de sus momentos amargos. Resulta que una guerra entre el gobernador en funciones, el señor Ulises Ruiz, y ex gobernadores como José Murat, entre otros, devino en una virtual guerra civil en esa entidad. Los siempre rentables profesores de la CNTE hicieron lo que saben hacer, plantones y marchas, en demanda de mejoras salariales y reivindicaciones laborales. Pero la torpeza del gobernador Ruiz, su cercanía con Madrazo y el tiempo electoral que se vivía en mayo de 2006 llevaron la crisis a niveles de absoluta ingobernabilidad.

El gobernador reprimió a los maestros, mientras que manos interesadas crearon el grupo radical conocido como la APPO, que se enfrentó al gobierno y creó un clima de violencia generalizada. De manera momentánea, el timorato gobierno federal saliente, el de Vicente Fox, resultó aún peor que el gobierno local de Ulises Ruiz, y al final de cuentas el asunto fue resuelto -con alfileres- mediante la intervención de la fuerza pública federal. El saldo, una ciudadanía agraviada no sólo por la ingobernabilidad, sino por la violencia desatada por los grupos civiles organizados.

Oaxaca no se podía quedar así, y desde la Cámara se intentó, una vez más, derribar al gobierno de Ulises Ruiz, ahora al invocar la intervención de la Suprema Corte al amparo del artículo 97 constitucional. La Corte decidió por el voto mayoritario de sus ministros, crear una comisión que investigaría las "violaciones graves" de las garantías ciudadanas -es decir, la represión de las autoridades hacia los grupos sociales en rebeldía-, pero también dejó abierta la puerta para que se indague el papel que jugaron los grupos inconformes, que violentaron los derechos de otros ciudadanos, y con ello se colocaron del lado de la ilegalidad.

Todo indica que en un año más, el caso Oaxaca regresará a la Cámara de Diputados, ahora en su modalidad de juicio político contra el gobernador Ruiz, al que sin duda la Corte encontrará responsable de violentar las garantías fundamentales de los grupos inconformes. Ulises Ruiz deberá ser desaforado, retirado del gobierno de Oaxaca, para hacer frente a los cargos que resulten por los excesos cometidos en su gestión y por los vacíos de autoridad.

La derrota para el PRI, más que para el gobernador de Oaxaca, será de alcances geométricos, ya que la imagen de ese partido seguirá a la baja, sobre todo porque un sector del viejo partido tricolor insiste en la defensa de un político incapaz y de un gobernante reprobado por la ciudadanía. Si el PRI de Beatriz Paredes quiere recuperar un poco de la confianza perdida, deberá sacar las manos del escándalo de Oaxaca. Pero esa premisa parece impensable y hasta imposible, porque la cabeza del mandatario oaxaqueño aún vale, y puede ser empleada como moneda de cambio para obtener prerrogativas políticas.

Puebla

Y el de Mario Marín, el gober precioso de Puebla, es otro caso para la araña. El señor Marín es otro ejemplar político emparentado con la familia de los Mario Villanueva y los Ulises Ruiz, y es el eslabón perdido entre el viejo PRI y el priísmo que enarbola Jorge Hank. El gober precioso era un señor feudal que manejaba los destinos de los poblanos con más pena que gloria, hasta que manos anónimas e interesadas hicieron pública una conversación con su socio y amigo textilero Kamel Nacif.

Todos conocen las grabaciones en las que se comprobó que el gobernador y el empresario se confabularon para perseguir a la defensora de los derechos humanos Lydia Cacho, quien previamente había publicado un libro en el que aportaba datos sobre las bandas criminales dedicadas a la pederastia. Luego del escándalo -igual que ocurrió en Oaxaca-, el PRI se movilizó en defensa de uno de los suyos, y logró también de manera momentánea detener la caída de Mario Marín.

Pero también en este caso se solicitó la intervención de la Corte, que en los próximos días se deberá pronunciar sobre el asunto, y es muy probable que los ministros también confirmen lo que todos saben: que Marín se extralimitó y violentó de manera grave las garantías individuales de la defensora de los derechos humanos. Pero también en este caso la cabeza del gober precioso tiene precio, y son muchos los que aseguran que es una buena moneda de cambio en la alianza PRI-PAN. Otro golpe a la imagen y la confianza del PRI.

En el camino

Los procesos electorales en los que el PRD se enfrenta a sus propios fantasmas -las internas de Michoacán que se llevarán a cabo hoy para elegir al candidato de ese partido al gobierno estatal, y las constitucionales que el domingo venidero tendrán lugar en Zacatecas, donde también se vive una guerra civil entre amarillos-, serán el detonante de una guerra generalizada que vivirá la llamada izquierda institucional. El tercer momento será la reforma fiscal, con la que amloístas y chuchos vivirán la "noche de los cuchillos largos". Al tiempo.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL