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Economía Informal
Macario Schettino
El Universal

Jueves 07 de junio de 2007



Educación y economía

En la colaboración anterior comentábamos acerca de una de las metas del Plan Nacional de Desarrollo, la del número de empleos a generar anualmente

Y decíamos que no es buena idea poner este tipo de metas porque generar empleos no es algo fácil de lograr, en particular ahora que la economía funciona de manera distinta.

Los cambios tecnológicos, más allá de producir confort y admiración, implican transformaciones de fondo de la sociedad. Ya decíamos que Marx logró percibir esto hacia mediados del siglo XIX, aunque nunca haya podido comprenderlo por completo, y mucho menos explicarlo. Pero nada más darse cuenta de ello es ya un gran triunfo, y no podemos olvidarlo justo ahora que vivimos una época como la que le tocó a don Carlos, en la que la tecnología cambia por completo a la sociedad.

Así como el capitalismo, es decir, el sistema de producción en el que el capital es la fuente más importante de valor agregado, produjo grandes cambios hace 100 ó 200 años, así hoy el "conocimientismo", el sistema de producción en el que el conocimiento es la fuente de mayor valor agregado, está produciendo cambios muy importantes hoy en día.

Al comentar esto, en la colaboración pasada revisamos rápidamente la importancia de la educación como base del conocimiento. Porque el conocimiento, como otras mercancías, debe producirse. Si la palabra mercancía le hace ruido, puede usted decir, como lo hacen los economistas, "bien". No sabemos, bien a bien, qué parte del conocimiento es la más relevante para la producción. Sabemos, por ejemplo, que la educación básica es muy importante, pero también que no se trata de que todos la tengan, no solamente, sino que la calidad de esa educación sea razonable. Un muy reciente documento de trabajo del Banco Mundial (paper 4122, febrero 2007), escrito por Eric Hanushek y Ludger Woessmann, encuentra, entre muchas otras cosas interesantes, que la educación básica no tiene relación real con el crecimiento económico. Pero si esa educación, en lugar de medirla nada más en años-salón, se califica con la calidad educativa, entonces la relación con el crecimiento económico es muy clara.

Esto es muy relevante porque entre las famosas metas del Milenio, que deben alcanzarse para 2015, la educación básica se mide en términos de cobertura, es decir, en el porcentaje de niños en edad de asistir a la escuela que efectivamente lo hacen. Pero llenar de escuelas inventadas, con maestros improvisados, no logra nada, como lo muestran Hanushek y Woessman. Y tanto México como muchos otros países latinoamericanos están incrementando su cobertura muy rápidamente, lo que los lleva a improvisar maestros, que luego nada más sirven para destrozar edificios y hacer bloqueos, como muchos que hemos visto en México.

Y es que no se puede hablar de los maestros en lo general, hay de calidades distintas, como ocurre con los doctores, con los abogados o con los periodistas. Y dudo mucho que la gran cantidad de profesores que han tenido que conseguirse en los últimos 20 años tengan la vocación y actitud necesaria para verdaderamente transmitir el conocimiento, y sobre todo el hambre por más conocimiento.

Porque sólo cuando los niños adquieren esa hambre por conocimientos existe la posibilidad de tener, en el futuro, investigadores productores de conocimiento nuevo. No todos los que investigan, aunque usted no lo crea, tienen esta hambre de conocimiento. Algunos toman la investigación como una chamba, igual que los maestros improvisados. Y así, se lo puedo garantizar, ni se genera conocimiento ni se transmite. Y ése es un problema para México en su conjunto, porque si la economía en que estamos depende del conocimiento para generar valor, México está en problemas muy, muy serios.

Durante el siglo XX no logramos tener en México esos dos personajes que Schumpeter definía como base del capitalismo: el emprendedor y el financiero. Por eso, cuando se acabó la época de las economías cerradas, este país entró en una crisis que no termina. Apenas ahora hemos podido crear algo de industria, cuando ésta va perdiendo importancia.

Para tener éxito en el siglo XXI, necesitamos a las dos nuevas personalidades que serán la base del "conocimientismo": los maestros y los investigadores. Si no sabemos crearlos, tendremos otro siglo perdido.

macario@macarios.com.mx



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