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Raymundo Riva Palacio
El Universal Lunes 07 de mayo de 2007 |
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La batalla dentro del PAN no es por ideología, sino por una definición de método entre la derecha moderada y la extrema derecha L a extrema derecha en México es terca, obcecada y se niega a reconocer que el enorme poder que amasó durante el gobierno de Vicente Fox está bastante disminuido, y está jugando cartas en el extranjero para fortalecerse internamente en México. Ya echó a andar al ex presidente Fox para encabezar un movimiento que culmine en el derrocamiento de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, pero no salió como esperaba el lance del caballero de la triste memoria. Su metáfora quijotesca de cabalgar hasta Caracas para deshacerse de Chávez fue tan patética que el creciente líder latinoamericano la desbarató con un par de calificativos, mientras en México la propia Secretaría de Relaciones Exteriores le propinó su primer manotazo sobre la mesa por la imprudencia declarativa. Fox está cabalgando rápidamente a Rocinante para convertirse en un agente político irrelevante y desechable, y sus nuevos patrones en la extrema derecha que cobijó desde Los Pinos, cuya cabeza menos conspicua hoy en día es Manuel Espino, presidente del PAN, no han logrado que la exposición provocadoramente tronante en el exterior se canjee por apoyos en el interior. La extrema derecha que ellos representan está perdiendo espacios políticos en México frente a una derecha moderada que está instalada en el poder. El campo de batalla no se encuentra en Caracas, como Fox lo cree, sino en México. El enemigo de ese grupo realmente no es Chávez -a quien ciertamente detestan-, sino Calderón -a quien también detestan-. Pero la lucha no es por un posicionamiento externo sino por el control político del partido, a través de su Consejo Nacional, que manejará los procesos de las candidaturas en 2009 y de la candidatura presidencial en 2012. El enfrentamiento, está claro, es por el poder. El balance actual le es desfavorable a Espino, que ha ido perdiendo apoyos sistemáticamente. La cita definitiva es para dentro de un mes, cuando el PAN elija a los consejeros nacionales que conformarán lo que será el partido de los próximos años, y donde se probará cuál de las corrientes enfrentadas se queda con el partido. Por los consejeros pasarán decisiones fundamentales como la integración de las listas para el Congreso en las elecciones intermedias de 2009 y los apoyos para el próximo candidato presidencial. Para dar una idea de la magnitud de lo que está en juego dentro del partido en el poder, bastaría imaginarse las dificultades que tendría Calderón con un partido en contra que no lo apoyara en sus iniciativas en el Congreso o que no fuera un respaldo en las iniciativas que emprende. En lo que va del sexenio calderonista, eso ha sucedido. Las iniciativas legislativas las ha sacado más por la negociación con el PRI que con sus correligionarios, y lo han dejado sin respaldo político en varios temas de coyuntura. Peor aún, Espino lo ha enfrentado abiertamente y protegido a ex secretarios de Estado con Fox que son investigados por el actual gobierno por irregularidades en sus gestiones. En el arranque de su gobierno, ese déficit de respaldo de su partido todavía no cuesta mucho, pero en la medida que los otros partidos vayan evaluando los costos de respaldarlo, sus problemas se ahondarán. Si Calderón pierde el control sobre los consejeros, también verá muy reducida su capacidad por impulsar a su candidato a la Presidencia. El proceso de selección de los consejeros es muy complejo. Las asambleas estatales deciden consejeros A y B. Los que integran el grupo de los A resultaron ganadores directos en el voto local, lo que les permite llegar en calidad de pre-electos a la Asamblea Nacional. Los consejeros B, aunque ganaron su derecho de ir a la Asamblea Nacional, serán confirmados a través de un votación por lista. Hay consejeros delegados, que son los dirigentes del partido en el país, y consejeros vitalicios, para aquellos que tienen más de 20 años de militancia. Calderón puede sentirse tranquilo en estos momentos. El balance dentro del PAN le es favorable, y Espino y la extrema derecha han ido perdiendo posiciones. La última elección local fue en el estado de México, Chihuahua, Aguascalientes y Puebla hace dos domingos, donde los cuadros de Espino fueron aplastados por los de Calderón. En el estratégico estado de México, las cuatros posiciones de consejeros A fueron para leales a Calderón, y en las listas incorporaron a 12 más, dejando únicamente dos posibilidades para Espino en consejeros B. En Chihuahua, una región más afín al neopanismo que representa Espino, sus cuadros perdieron los cuatro espacios de consejeros A, y de los 13 restantes sólo rescataron cuatro, para la corriente vinculada a Desarrollo Humano Integral, que durante muchos años fue una especie de grupo de choque de la extrema derecha panista. En Puebla y Aguascalientes, Espino también se quedó sin apoyo. De las cinco elecciones locales que restan antes de junio, ninguna tiene el número de consejeros que pudieran modificar el resultado, y la actual correlación de fuerzas, si no imposible, será muy difícil de cambiar en las semanas restantes. Salvo Guanajuato, la tierra de Fox, donde obtuvo cuatro consejeros de un total de cinco, y San Luis Potosí, donde alcanzó cinco de seis, los resultados han sido mediocres para Espino. En el Distrito Federal, fue abrumadoramente avasallado, mientras que en Jalisco, la plataforma de donde salió Calderón, quedaron dos tercios para el Presidente y uno para Espino. Jalisco es la síntesis de lo que está sucediendo en el PAN. De acuerdo con estimaciones con base en los resultados de las asambleas locales para elegir consejeros, aproximadamente hay un 60% de consejeros para Calderón y un 30% para Espino, con el 10% neutro. Entre los neutros, los conocedores panistas estiman que los vitalicios se encuentran con Calderón, y los delegados, la estructura del partido, con Espino. La ventaja de los calderonistas es explicable, de acuerdo con los estudiosos del partido, por una cultura panista, más emocional que institucional -como en el PRI-, de respaldar al Presidente, y porque, al igual que en los otros partidos, también se da el fenómeno cultural presidencialista. Una derrota de Espino en la Asamblea Nacional significaría no el fin de la extrema derecha, pero sí el regreso a su dimensión real. Nunca ha representado más del 30% del PAN, salvo en el gobierno de Fox donde su principal asesor, el actual senador Ramón Muñoz, se convirtió en una agencia de colocaciones políticas para esa corriente ideológica regresiva, con el apoyo primero del ex líder del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, y más adelante con el decidido respaldo de Espino, mucho menos sofisticado que su antecesor. El manejo grotesco que hace de Fox en su cruzada contra Chávez es una pincelada de lo atrabancado de sus acciones y, a la vez, del riesgo que significa esa corriente en el poder. Más que ningún otro, ellos sí son un peligro para México. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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