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Sexualidad
Patricia Kelly
El Universal

Miércoles 02 de mayo de 2007



La masculinidad tóxica daña relaciones humanas

"Ya es hora de dejar de ´defenderse´ de la mujer, de dejar de manipularla, de intentar someterla o acallarla; es tiempo de dejar de concebir la feminidad como la amenaza que acecha a la masculinidad, para reconocerla, en cambio, como su complemento necesario.

"Es hora de que los varones admitan su miedo a la mujer: será la única manera de trascender y crecer", dice Sergio Sinay.

Esta es una de las fuertes afirmaciones que el experto hace en una reciente publicación: La Masculinidad Tóxica, de Ediciones B.

Con una larga trayectoria como escritor, con varios títulos en su haber, pero sobre todo, como un fiel convencido de los posibles cambios masculinos frente a la transformación femenina del último siglo, el autor enfrenta con dolor y desesperanza la realidad del siglo XXI.

No sólo acepta que los cambios esperados no se dieron, sino que lo que él llama la masculinidad tóxica ha contaminado mucho las relaciones humanas y nuestro entorno.

No hubo cambios reales, dice, sólo una mimetización de algunos con aquellos que podían considerarse valores femeninos.

Los hombres siguen siendo los principales transmisores del VIH a sus mujeres, los incitadores de la violencia en los juegos infantiles de sus hijos, los que están obsesionados en demostrar que ellos son los más fuertes, los más poderosos, auténticos triunfadores. Señala la necesidad enferma de ganar a toda costa, de acabar con el contrario, de no aceptar la palabra fracaso, de no ser hombre sino de una manera, la única que se conoce y que pocos cuestionan.

Más formas de ser hombre

En uno de los capítulos, Sergio Sinay analiza el papel del padre, esa acción que certifica la capacidad creadora del individuo, pero que no garantiza una relación emocional.

Se gana la continuidad del apellido, de la sangre, posiblemente la riqueza y las propiedades, pero en el terreno emocional, la comunicación de afectos y sentires se reduce una vez más al terreno femenino. "Cambiar un pañal, no es cambiar un paradigma", ". está desertando del único espacio en el que, como varón, es verdaderamente necesario e irremplazable". "La energía paterna es un nutriente vital para el crecimiento, para la transformación en acto de las potencialidades de los hijos, para su consagración como seres autónomos y libres. Una sociedad con ausencia de padre deviene en una sociedad maternizada en exceso".

La masculinidad tóxica impide que el varón asista a la consulta médica, le tiene mucho miedo, "porque sienten que eso debilita y amenaza su masculinidad".

Las mujeres viven ahora mucho más que los hombres, pero no existe una razón biológica que lo justifique, se encuentran más explicaciones si analizamos las costumbres, las creencias de esos hombres: "Primero muerto, que soportar el tacto rectal", es una expresión común, aunque el cáncer de próstata se haya convertido en la principal causa de muerte en hombres con más de 50 años.

¿Sabía usted que el suicidio es una de las 10 principales causas de muerte en los hombres de todo el mundo? La violencia en las escuelas, en los centros de trabajo, en los deportes, en las guerras es ejercida fundamentalmente por los varones. A lo largo del siglo XX la ONU reportó la muerte de 191 personas y no hay que olvidar que las guerras las hacen los hombres.

El libro cita con frecuencia investigaciones recientes de otros hombres que se ocupan de analizar el comportamiento masculino y sus repercusiones en el hogar, el trabajo o, bien, durante el ejercicio de la sexualidad. Un estudio en el Hospital del Niño en Boston, reportó que durante el primer año de vida, los bebés niños son más expresivos que las niñas y que lloran más que ellas para manifestar hambre, dolor, frío o cualquier otro síntoma o necesidad. La pregunta sería ¿qué pasa, qué viven, qué padecen esos menores a lo largo de su crecimiento que deben ocultar sus necesidades y sentimientos?

Sexualidad y emociones

La masculinidad tóxica crea hombres urgidos de demostrar su hombría a través del sexo. Reducen su visión del mundo a dos cosas: "ella es una vagina y él un pene. Las vaginas son deseables, los penes son temibles". Su aprendizaje sexual es muy pobre, generalmente disociado de los sentimientos de la pareja con la que comparten la experiencia, y se limitan muy a menudo a la zona genital.

Sergio Sinay cuestiona y más aún, responsabiliza a los masculinos tóxicos de ser los principales promotores y consumidores de fenómenos como la pornografía, o esa nueva esclavitud de nuestros días que significa comprar un cuerpo, la prostitución. ¿Quiénes son los principales agresores de las mujeres en casa?, ¿quiénes los consumidores mayoritarios de la prostitución infantil?, ¿quiénes los responsables del mayor número de las violaciones en el mundo?

"Si bien es cierto que sólo en el vientre de una mujer un embrión puede convertirse en niño, sólo en la compañía nutricia y emocionalmente presente de un varón, un niño puede convertirse en hombre".

A pesar de la rudeza de su discurso, de su crítica sin concesiones (que por cierto también incluye la condición femenina), Sergio Sinay nos deja una luz esperanzadora. Las últimas páginas están dedicadas a cuestionar, pero con propuestas; a preguntar, pero con opciones para que los hombres tóxicos logren liberarse de esa atadura en la que voluntaria o involuntariamente se ven atrapados. "Somos una especie en extinción" y corremos el riesgo de quedarnos completamente solos y llegar a ser prescindibles. Otras especies serán prioritarias. Especies que no depredan, que no discriminan, que no se asesinan entre sí, que equilibran el universo".

Y les hace finalmente una serie de preguntas de las que rescato algunas, para los jóvenes lectores: "Seremos prescindibles para las mujeres. ¿Quién nos hizo creer que estarán siempre a nuestros pies, muertas por nuestros pitos? ¿No estás harto de ir a la cama con pavor de que tu arma tenga la pólvora mojada? ¿No estás harto de vivir con el culo apretado por el miedo, por el pánico a lo diferente?".

Hace unos días charlé con el autor, vía telefónica, y le pregunté ¿no temes que los hombres te tachen de traidor? Y él, con mucha calma me respondió: "Alguien tenía que decírselos". ¿Le quiere escribir? Diríjase a perelsin@hormail.com o consulte www.sergiosinay.com

patricia.kelly@eluniversal.com.mx



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