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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Domingo 29 de abril de 2007 |
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En casi 20 años no les importaron más que reformas electorales Evidencias de que la ´ley Beltrones´ no será más que más de lo mismo C on toda pompa y circunstancia, el pasado miércoles 25 de abril se reunió para la foto "casi toda" la clase política mexicana, en lo que fue el inicio formal de ese esfuerzo casi fundacional que ha sido bautizado con un lustroso apellido: "Reforma del Estado". Una buena noticia, sin duda. Un buen esfuerzo por sentar en la misma mesa a los que hace apenas nueve meses -desde el 2 de julio de 2006- parecían irreconciliables y dispuestos a destruirse. Nueve meses de gestación de una iniciativa de acuerdo político, en su fase de intento, para impulsar las reformas de las que todos hablan, que todos ven como indispensables, que muchos perciben como imposibles, pero que debieron someterse al apretado corsé de una ley que obliga a todos -una obligación política más que legal-, a sacar dicha reforma en un plazo fatal de un año. Que bien por los señores Manlio Fabio Beltrones, Carlos Navarrete y Santiago Creel -los tres senadores del PRI, PRD y PAN, respectivamente-, y por sus contrapartes en San Lázaro, que hicieron posible la Ley para la Reforma del Estado, y que instalaron el pasado miércoles su respectiva comisión ejecutiva. Pero hay un pequeño detalle, poca cosa. Sí, que no se le ha dicho "al respetable", ¿qué es y cómo se come eso que se repite con singular retórica? ¿Qué es la reforma del Estado? Nadie lo tiene claro. Por eso vale preguntar: ¿Qué es lo que se va a reformar del Estado? ¿Por qué y para qué? ¿Cuál es el punto de partida y cuál será el de llegada? ¿En qué Estado piensan los políticos? ¿Tienen la misma concepción del Estado al que quieren llegar? ¿Será una verdadera reforma del Estado, o un conjunto de parches para regular el cochinero en que se ha convertido la disputa por el poder? A esas interrogantes elementales, básicas, nadie parece tener respuesta, ni el propio Manlio Fabio Beltrones, el habilidoso senador del PRI que reclama la "paternidad del chamaco". El papel del PRI Pero vamos por partes. ¿Por qué el promotor de la citada reforma es el señor Beltrones, el PRI, y no el PRD o el gobierno de Felipe Calderón? Esa interrogante no parece tener mucha complejidad. Si el gobierno de Calderón hubiese convocado, el PRD seguramente se habría opuesto, luego de la experiencia traumática de julio de 2006 y que a los ojos de ese partido convirtió al gobierno de Calderón en "ilegítimo". Si en cambio la propuesta la hiciera el PRD, el gobierno de Calderón no habría asistido. ¿Por qué? Porque Calderón es el Presidente y el PAN el partido en el poder. En realidad, desde la noche del mismo 2 de julio de 2006, un sector del PRI, sobre todo el que tiene la experiencia de la negociación y los acuerdos políticos entre el PRI y el PAN -desde los tiempos de la antidemocrática elección federal de 1988-, entendió que en el nuevo gobierno el PRI jugaría el papel de "fiel de la balanza". El señor Manlio Fabio Beltrones -quien operó concertacesiones como la de Guanajuato en 1991, que le entregaron al PAN el gobierno de esa entidad- reaccionó de inmediato y junto con otro experimentado ex priísta, Manuel Camacho, dio forma a lo que hoy conocemos como la Ley para la Reforma del Estado. Es decir, crear un escenario político plural, con espacios suficientes para que pudieran caber el PRD y el PAN, junto con el resto de fuerzas políticas, pero sin el obstáculo del presidente Calderón, cuyo apretado triunfo se convirtió en la manzana de la discordia. Pero lo curioso del asunto es que ninguno de los dos personajes bajo cuya batuta se disputó ferozmente el poder en julio pasado, aparecieron en la escena del nuevo principio de acuerdo. Es decir, no estuvo el presidente Felipe Calderón, pero tampoco Andrés Manuel López Obrador, el proclamado "presidente legítimo". ¿Por qué? Porque en los dos casos son factores de ruptura. Así, en su calidad de "fiel de la balanza", el PRI apareció como el gran promotor de la reforma, en tanto que el Congreso de la Unión -que después del poder presidencial es el segundo de los tres poderes reales-, será el escenario para las batallas. Todos dijeron estar de acuerdo en ese escenario. Hasta aquí, sin duda que se avanza en un primer paso, saludable por donde se le quiera ver, que deja ver no sólo voluntad y habilidad políticas en las partes, sino que existen caminos para darle salida a la pluralidad inédita que se vive en México, pluralidad que llegó para quedarse. ¿Qué se va a reformar? El propio señor Beltrones, entre otros enterados, dicen que no se trata de una reforma electoral, tampoco de una reforma política, laboral, energética, fiscal, educativa, judicial... No, que nadie se equivoque, es una "Reforma del Estado", lo que se debe entender como una gran reforma que tocará a todas las instituciones del Estado, al conjunto del Estado. Pero esa definición llama a más interrogantes. ¿Será posible eso en las actuales circunstancias políticas y, sobre todo, en un plazo de un año?Todo parece indicar que no. Pero esa percepción cobra carta de naturalización si recurrimos a la historia reciente, por lo menos desde 1988 a la fecha. Y es que antes, durante y después de la elección presidencial de ese año, todos los actores políticos sabían que el acceso de la oposición al poder era imposible bajo las reglas electorales de entonces. En ese 1988 ya se hablaba de una reforma de Estado, pero sobre todo se hacía énfasis en una reforma político-electoral, que garantizara el sufragio efectivo y que abriera los medios a las voces opositoras. En ese año ocurrió en gran fraude del PRI, al tiempo que los opositores avanzaron como nunca en la historia electoral mexicana. El triunfo pareció claro para el candidato Cuauhtémoc Cárdenas, aspirante del FDN y de la izquierda, en tanto que el candidato de la derecha, Manuel J. Clohutier llevó las banderas del PAN a un máximo histórico. Vino entonces la alianza de Acción Nacional con el gobierno de Salinas -al que el PAN legitimó en los hechos-, y se iniciaron una serie de sucesivas reformas político-electorales que concluyeron con la gran reforma de 1996. En ese año, por cierto, el PRD se sumó a esas reformas, que ya habían colocado al PAN como el partido motor de la transición democrática. ¿Pero qué fue lo que se pactó entre 1988 y 1996? Se le puede decir de muchas formas: reforma política, reforma del Estado, transición democrática... Como se quiera, pero lo cierto es que el pacto fundamental de esos años -más allá de otros cambios que, en efecto, limitaron el poder del entonces todo poderoso presidencialismo-, fue el de establecer reglas claras, transparentes, creíbles y confiables, para acceder al poder. La preocupación de esas reformas sucesivas -seis en total-, no fue la reforma del Estado, la reorientación o el cambio del sistema presidencialista, sino simple y llanamente, las reglas político-electorales para el acceso al poder. Y esa es la gran lección. A nadie, del PRI, PAN y PRD, y mucho menos de los groseros negocios familiares que son PVEM, PT, Alternativa, Convergencia y Nueva Alianza, les importó entonces y les importa hoy una verdadera reforma del Estado. En 1996 todos participaron gustosos en la creación de nuevas reglas para hacer posible el acceso al poder de los partidos opositores mediante procesos electorales -y lo lograron, primero en 1997 en el DF y en arrebatarle al PRI la hegemonía de la Cámara de Diputados, y luego en el año 2000, con Vicente Fox-, pero a nadie le importó en serio y de manera real una verdadera reforma del Estado. ¿Por qué? Porque todos, PAN, PRD, PRI, además de la chiquillería, están de acuerdo con seguir en el mismo modelo de presidencialismo vertical, autoritario, con poderes metaconstitucionales. El mejor ejemplo estuvo a la vista de todos durante el gobierno de Vicente Fox, quien lo primero que hizo fue precisamente desmarcarse del PAN y hacer un gobierno que en muy poco o nada se diferenció de los gobiernos del PRI. Pero la responsabilidad no sólo fue de Vicente Fox y sus colaboradores. En este y muchos otros espacios se denunció desde el año 2000 la urgencia de seguir avanzando no sólo en la alternancia en el poder, sino en la transición y en la reforma del Estado, pero a nadie le importó, ni al PAN, menos al PRD, y mucho menos al PRI. ¿Para qué avanzar en una reforma electoral si ya se tenían los instrumentos electorales para que los opositores pudieran llegar al poder. El PRI no movió un dedo, porque aspiraba a regresar a Los Pinos, el PRD se decía seguro de desbancar al PAN, por lo que tampoco le entró a una reforma de Estado, en tanto que Acción Nacional se metió en la guerra por recuperar, para sus siglas, el poder que les arrebató Vicente Fox. Todos, hasta julio de 2006, estaban seguros de que no importaba una real y profunda reforma del Estado, sino la perfección de los instrumentos político-electorales para acceder al poder presidencial, manteniendo el presidencialismo como surgió desde el año 2000. Por eso no hicieron nada y no escucharon a nadie. Reforma limitada Pero también por eso uno de los cambios fundamentales que reclaman tanto el PRD como el PRI, pero también el PAN, tiene que ver con reformas al sistema político-electoral, como ese cambio que proponen para desmantelar al IFE. En los dos casos, PRD y PRI, insisten en cambiar a todo el Consejo General del IFE, más que en perfeccionar ese organismo, fundamental para la democracia electoral, y dotarlo de "dientes" para sancionar a partidos y candidatos, lo que en el fondo no parece más que una vulgar venganza política. Y es que una reforma del Estado real, a fondo y verdadera, va mucho más allá de una mera revisión y cambios en las reglas político-electorales. Se trataría de una reforma que, en efecto, modifique de manera importante el sistema electoral mexicano -puesto a prueba en julio de 2006, y que evidenció graves fallas-, como el excesivo y dispendioso financiamiento a los partidos políticos, la grosera intromisión del presidente, los empresarios y otros sectores como los medios electrónicos, que usaron y abusaron de la democracia electoral, sino que esa reforma también tendrá que redefinir la esencia misma de los partidos, la partidocracia, los monopolios públicos y privados -partidos, sindicatos, medios electrónicos, telefonía y otros-, y una profunda revisión del papel que han jugado en los nuevos tiempos de alternancia y democracia electoral, los tres poderes de la Unión y los tres niveles de gobierno. ¿Quién será el valiente, de entre PRI, PAN y PRD, que se aventará el tiro de dejar fuera de los procesos electorales a las grandes televisoras; de aprobar una reforma para reducir de manera significativa el financiamiento de los partidos; la revisión de la insultante partidocracia, que ha creado ofensivas empresas familiares? ¿Quién va a ser el valiente que se aventará una reforma laboral, que obligue no sólo a la democracia, sino la transparencia de los dineros que reciben a carretadas los sindicatos, de instituciones públicas o empresas privadas? ¿Quién va a obligar a abrir la competencia en telefonía, en impulsar la tercera cadena de televisión, en someter a los voraces empresarios de la radio en todo el país? ¿Quién va a ser capaz de decir, demostrar que el sistema presidencialista mexicano ya no funciona, que debe cambiar, por ejemplo, a una modalidad del sistema parlamentario? ¿Quién aceptará la reelección de diputados federales y locales, de alcaldes, cuando todos los partidos saben que una reforma como esa es perder una gran fuente de poder y de control partidista? ¿Quién se va a enfrentar al poder de la profesora Elba Esther Gordillo o al poder de los caciques políticos, sindicales, cuyas redes de control e influencia cruzan todo el territorio nacional? ¿Y quién será capaz de una reforma fiscal de fondo, real, que haga viable el financiamiento del Estado a través de su propia recaudación, más allá de la sangría al petróleo? ¿Quién va a aceptar una reforma energética, de pensiones,laboral...? En tanto no lo demuestren, la reforma que viene parece no ser más que un intento por retocar las reglas electorales, más que reformar al Estado, para garantizar el acceso al poder de los opositores, en un clima de mayor transparencia, equidad y certidumbre. Pero si logran la "Reforma del Estado" que nos quieren vender, entonces reconoceremos la equivocación. Al tiempo. En el camino No sabemos quién opera el "tarjeteo" al presidente Calderón, lo cierto es que lo han hecho ver no sólo insensible, sino muy lejos de la cultura, y muy cerca, en ese sentido, del señor Fox. En Piedras Negras, Coahuila, un meteoro ocasionó una tragedia. Por menos que eso, el entonces presidente Zedillo llegaba de inmediato y coordinaba la ayuda. En cambio, el presidente Calderón ni por enterado. Pero además, en todo el mundo se festejó a Gabriel García Márquez, y el gobierno de Calderón parece que tampoco se enteró... En Aeropuertos y Servicios Auxiliares, ASA, ya despacha como gerente de Comunicación Social, Carlos Olmos Tomassini, un profesional de la materia. aleman2@prodigy.net.mx
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