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Mónica Mayer El Universal Domingo 01 de abril de 2007 |
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Candente. El tema del aborto siempre nos polariza. Dudo que escribir un artículo más al respecto suavice la rispidez del debate, pero quizá contribuya a mostrar la complejidad del problema, incluso desde el arte. Más que hablar del aborto, creo que es importante referirnos a la maternidad voluntaria. La despenalización del aborto es sólo uno de sus aspectos, pero también abarca, entre otras cosas, acceso a información sexual y a anticonceptivos. Idealmente esto evitaría que hubiera abortos. Pero los hay por muy diversas razones, y el hecho de que sean clandestinos lleva a muchas mujeres, especialmente las más pobres, a sufrir a daños a su salud o la muerte. Pero la maternidad voluntaria también implica que a las mujeres no nos obliguen a usar anticonceptivos y menos aún a abortar a la fuerza. Hace poco vi una obra sobre el tema que me dejó fría. Es de Regina José Galindo (Guatemala, 1974), artista que ha últimamente ha recibido gran reconocimiento en distintas bienales internacionales y cuyo tema es la violencia en contra de las mujeres. Sus obras se encuentran en http://www.literaturaguatemalteca.org/rjgalindo.htm. Los puntos de partida de Regina son la poesía y la publicidad. En 2004 presentó una de las obras que la dieron a conocer. Se trata de Himenoplastia, performance en el que se practicó una operación para reconstruir su himen, como lo hacen las mujeres en culturas en las que la virginidad es requisito para el matrimonio. Regina trabaja a partir de la denuncia. Muchas de sus acciones son en la calle. En 2003 realizó ¿Quién puede olvidar las huellas?, una acción en la ciudad de Guatemala en la que caminó desde la Corte de la Constitucionalidad hasta el Palacio Nacional cargando un balde con sangre humana en la que remojaba sus pies para ir dejando huellas. Quería recordar a las víctimas del conflicto armado, pues en ese momento el ex-dictador Efraín Ríos Montt estaba por ser inscrito como candidato presidencial. En septiembre de 2006, en Bélgica, realizó Camisa de fuerza, estuvo tres días recluida y con camisa de fuerza en un hospital siquiátrico. La cuidaba una enfermera. Es la empatía llevada al límite, aunada a la convicción de que la opresión tiene muchas caras. La obra más reciente de Regina se llama Mientras ellos siguen libres. Empieza con dos textos breves y dolorosos sobre mujeres indígenas embarazadas que abortaron porque fueron violadas. Explica que esta fue una práctica generalizada durante el conflicto armado en Guatemala, cuyo objetivo era eliminar "hasta el origen de la vida", y afirma que "los máximos responsables, jefes de gobierno durante los años más sangrientos de la guerra (Ríos Montt y Mejía Víctores) tienen orden de captura por parte de la Audiencia Nacional española, pero gracias a la impunidad guatemalteca han logrado dejar sin efecto la extradición para ser juzgados en el exterior y siguen libres". Las imágenes que acompañan al texto son crudas. En ellas aparece Regina plenamente embarazada, acostada sobre un catre. La vemos desnuda e indefensa, con las piernas abiertas. Sus manos y sus pies están atados al catre por cordones umbilicales. De inmediato pensé en Mi nacimiento, el dramático autorretrato de Frida Kahlo emergiendo del vientre materno. En este mes de marzo que tanto se habla de la mujer, el trabajo de Regina José Galindo me recuerda que la violencia en contra de las mujeres sigue ganando la guerra y que permanecer en silencio es ser su cómplice. La despenalización del aborto en el DF sería ganarle una batalla. www.pintomiraya.com.mx
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