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Artes Visuales
Mónica Mayer
El Universal

Viernes 23 de febrero de 2007



El Eco y sus detonaciones

El martes 13 escribí sobre el conflicto que se suscitó entre el Museo Experimental El Eco, los vecinos y los artistas del Jardín del Arte (JDA) por una obra de Mario de Vega en cuya realización hubo una explosión pirotécnica que espantó a todo mundo, alterando ánimos.

En medio de malentendidos, desinformación, exageraciones y grillas, el asunto se ha convertido en un escándalo. Como el pleito sigue, continuaré con mi crónica.

El jueves 15 asistí al Eco, a la inauguración de Un ensayo sobre expansión y concentración (capricho de un sátiro). Me llevé varias sorpresas.

1. Guillermo Santamarina dijo estar recibiendo amenazas. Si es así, ojalá la UNAM lo proteja. Después ha declarado a los medios que una de las personas más enardecidas ese domingo fue Luis Cisneros, vecino y fundador de la organización político cultural CLETA, que tuvo a El Eco como foro muchos años. De ser cierto, esta historia se abre a viejas rencillas en la UNAM. Tendré que hablar con Cisneros.

2. No había obra. De hecho la destruyeron. La pieza planteaba una reflexión sobre la guerra y consistía en simular una gran explosión y dejar sus rastros. Según me comentó después el artista, ésta incluía hacer un hoyo en el piso sobre el que colocó cemento que, al explotar, quedaría regado por el patio y un video de la explosión. El domingo del incidente, cuando regresó del MP, ya habían barrido el cemento, o sea, la instalación. El video no se presentó pues los vecinos y el Dr. Estrada acordaron no hacerlo porque ellos sienten que los asustaron para grabarlos.

Según el artista, la obra no incluía la filmación del incidente afuera porque ni siquiera estaba contemplado. Ajeno a un arte que funciona a partir de metáforas, situado en el límite de la realidad, Mario simuló una gran explosión con efectos especiales para que el visitante a la muestra se cuestionara sobre un acontecimiento violento en el museo. De esto podrían salir una serie de rumores, creando una dislocación de la realidad.

Esta censura me parece absurda. Queda mal la UNAM, que debería defender un proyecto que aceptó; queda mal el artista, cuya obra no se entiende, y quedan mal los vecinos y los artistas del JDA, porque ante las denuncias de Santamarina, parece que quieren ocultar que su reacción se desbordó.

3. Mi tercera sorpresa, o más bien duda, es que viendo el lugar de los hechos, no entiendo cómo se supone que se rompieran vidrios del edificio contiguo, porque el patio está rodeado de muros.

No vi daños en El Eco y ninguno de sus cristales se rompió. Es un misterio.

4. Esa noche platiqué con Arcángel Constantini. Preocupado, comentó que él no estaba grabando y sólo salió a tratar de calmar los ánimos. Pasó ocho horas en el MP.

Subrayo esto porque el lunes en El debate, en el canal 40, dedicaron el programa a este conflicto e incluso se mencionó la palabra terrorismo y que habían usado dinamita. Hoy, equiparar en lo más mínimo un acto artístico con algo tan grave, podría ser trágico.

Quizá todavía le falten más capítulos a esta historia. En la última reunión entre las partes asistió el diputado José Alfonso Suárez. ¿Adquirirá tintes políticos? Y la UNAM le pidió a Patricia Sloan que atienda el conflicto, ¿logrará desactivarlo?

Las obras de arte siempre adquieren su significado real en función de su contexto. Este es un excelente ejemplo. Más allá de la idea del artista, la obra se realizó en un lugar y en un momento con muchos conflictos. Sin proponérselo los detonó.

Lo irónico es que nada de esto hubiera sucedido si el museo les hubiera avisado antes a los vecinos y al JDA que todo estaba bajo control, que se trataba de una obra de arte. ¿O sí?

*Artista visual www.pintomiraya.com.mx



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