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Jorge Pinto El Universal Viernes 16 de febrero de 2007 |
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Sigue vigente el viejo debate sobre cuál modelo económico es el más exitoso para el desarrollo Para lograr que una economía sea competitiva y a la vez genere empleos durables y bien remunerados, los países requieren de un marco jurídico democrático y estable, de gobiernos eficientes que faciliten la inversión en empresas modernas, y un clima político y social plural que favorezca la educación y el desarrollo individual. Como mencioné en el artículo anterior, sigue vigente el viejo debate sobre cuál modelo económico es el más exitoso para el desarrollo. Como parte de ese debate, en algunos países se representan como opciones antagónicas la eficiencia del mercado contra la equidad. El gobierno de Venezuela, por ejemplo, está entre los que han adoptado una actitud polarizada y extrema respecto del tema que nos ocupa, ya que su presidente ataca a la libre empresa y a la economía de mercado, y a la vez rompe el equilibro de poderes para acumular amplias facultades que le permiten discrecionalmente dirigir la economía en nombre de la justicia social y el socialismo. El costo de esa retórica en términos de inversión e inflación ha sido enorme. En una situación fundamentalmente distinta y con otro matiz, algunos de los precandidatos presidenciales para las próximas elecciones de 2008 en EU se han declarado en favor de una mayor intervención gubernamental en la economía para corregir desigualdades, y abiertamente culpan al libre comercio de la pérdida de empleos y del deterioro del medio ambiente. Dentro de esa corriente destaca el ex senador demócrata John Edwards, el cual abraza implícitamente la idea del gobierno benevolente como la fórmula para lograr una mayor justicia social y no la competitividad del mercado. El editorialista del Financial Times, Tim Harford en su libro The Undercover Economist: Exposing Why the Rich Are Rich, Why the Poor Are Poor, considera falaz esa disyuntiva y para demostrarlo utiliza varios ejemplos. El texto habla del "poder de la escasez" que tienen ciertas empresas cuando por acciones públicas se asegura que éstas no tengan competencia, lo que les permite fijar precios más altos sin riesgo de que haya opciones y precios más bajos por los mismos productos. Lo mismo ocurre con empresas que reciben subsidios gubernamentales y con ellos ventajas frente a posibles competidores. En este contexto, Harford señala que los políticos que están en favor del libre mercado y creen en las ventajas de la competencia y buscan evitar que las empresas adquieran el "poder de la escasez" (monopolios) y con él imponerle al consumidor sus precios y condiciones. Por el contrario, el autor considera que los políticos que reciben recursos de cabilderos, grupos de interés o de las propias empresas, deben pagarlos con acciones que se traducen en el "poder de la escasez". Por lo que toca al medio ambiente, el autor presenta interesantes argumentos para contestar a quienes consideran que el libre comercio y la inversión en los países en desarrollo son responsables de su deterioro. En primer lugar, señala que el comercio y la inversión internacional se realizan principalmente entre países industrializados y de manera marginal con los países más pobres. También presenta una serie de cifras que muestran cómo en los principales receptores de inversión extranjera (China, India, Brasil y México) la calidad del aire ha mejorado en términos relativos como resultado de la creación de empresas cada vez más modernas y una legislación cada vez más rigurosa en materia ambiental. Asimismo, muestra cómo los subsidios y la protección a la agricultura en los países de Europa y Asia ha hecho que ésta sea más intensiva y así requiera más fertilizantes que contaminan y dañan el medio ambiente. Finalmente, el libro muestra cómo en los últimos seis años se ha registrado en el mundo un rápido crecimiento de la riqueza como resultado de una mayor libertad económica. Sin embargo, su distribución se ha hecho más desigual, lo cual explica la creciente hostilidad hacia el capitalismo. Me parece que el debate debería centrarse en la búsqueda de fórmulas que ayuden a mitigar la desigualdad sin destruir un entorno que ha generado una riqueza sin precedentes. Destinar mayores recursos a la educación y un seguro universal de salud son sin duda parte de esa fórmula. jpinto@pintobooks.com Lecturas: 1. Tim Harford. The Undercover Economist: Exposing Why the Rich Are Rich, Why the Poor Are Poor--And Why You Can Never Buy a Decent Used Car! Random House. 2007The Undercover Economist: Exposing Why the Rich Are Rich, Why the Poor Are Poor --And Why You Can Never Buy a Decent Used Car! Random House. 2007
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