![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Artes Visuales |
|
Mónica Mayer El Universal Viernes 16 de febrero de 2007 |
|
|
|
Para saber qué les hace falta a las casas de cultura, primero es necesario entender su importancia. En su artículo Creación cultural y desarrollo inducido, Lourdes Arizpe plantea que: "Las culturas son filosofías de vida". Por ende, las casas de cultura tendrían que ser el lugar que alberga su maravillosa polisemia que, como ella dice, abarca, entre otros, "imaginarios simbólicos, identidades espejo, remembranzas históricas, formas estéticas, activos sociales y proyectos económicos". Al igual que la cultura, las casas de cultura pueden ser lo que queramos que sean. Pero no hay que olvidar que, como dice la antropóloga, en un mundo cada vez más inseguro y desigual, "la gente está mirando hacia las culturas en busca de certidumbres". Las casas de cultura podrían ser una de sus más firmes anclas. En el Documento de Vinculación entre Comisiones del Primer Congreso Estatal de Cultura en Michoacán en 2006 viene otra definición que me gustó: "Las casas de cultura son lugares de encuentro, integración y confrontación entre la cultura y la sociedad; su finalidad es la de convertirse en centros dinamizadores de la vida cultural de los municipios para enriquecer y ampliar la visión de la realidad con miras de transformarla". Para mí, las bondades y las oportunidades de las casas de cultura saltan a la vista. Si hablamos de arte, son el espacio en el que cada comunidad puede desarrollar sus propias manifestaciones artísticas y conocer otras. Son centros en los que se puede conjugar la educación artística, la producción cultural, su distribución y su consumo. Si hablamos del tejido social, son espacios de convivencia y reflexión. Ayudan a crear identidad y comunidad. También son sitio en el que los jóvenes se involucren en actividades sanas, los ancianos encuentren compañía y los niños desarrollen sus habilidades. Son, sin duda, un espacio de convivencia intergeneracional. Si las vemos desde el punto de vista de la salud pública, gracias a sus clases de baile o artes marciales, las casas de cultura le ofrecen a la sociedad la posibilidad de cultivar su salud física y mental. Son espacios privilegiados por su esencia multidisciplinaria. Por lo anterior, de entrada, yo diría que hace falta que haya más casas de cultura y que ofrezcan mejores servicios. De acuerdo con el documento de la Comisión de Cultura de la Declaratoria de la 27 Reunión Ordinaria de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), que se llevó a cabo en marzo de 2006, en México hay 540 centros culturales, mil 59 museos, 568 galerías, mil 68 casas de cultura y 437 festivales. Aunque suena como que son muchas, sacando cuentas vemos que más o menos hay una casa de cultura por cada 100 mil habitantes. Una verdadera descentralización y democratización de la cultura tendría que empezar por permitir que los ciudadanos tuviéramos acceso a la producción cultural de los otros. La cultura nacional ya no puede entenderse como la que las autoridades nos imponen a todos, sino la que genera cada comunidad y las instituciones apoyan o difunden. Hay más de mil casas de la cultura, cada una con características muy distintas. En lo específico no me atrevería a sugerirles qué les hace falta y cómo conseguirlo. Pero ante una estructura tan generosa, con una gran capacidad multidireccionalidad, se me ocurre que lo que fortalecería a las casas de cultura es que nosotros, sus usuarios, asumamos que son nuestros espacios. En este espacio serán bienvenidas sus anécdotas, preocupaciones, quejas y propuestas sobre casas de cultura para compartirlas con todos. pintomiraya@yahoo.com
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |