![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Libros y Otras Cosas |
|
David Huerta
El Universal Miércoles 20 de diciembre de 2006 |
|
|
|
Hace muchos años leí, con absoluta fascinación, el libro de Arthur Koestler sobre un puñado de astrónomos inmortales: Galileo, Copérnico, Kepler, Brahe. El título de la obra no podía ser más sugerente, atrevido y, a su manera extraña, verdadero y puntual: Los sonámbulos . Los astrónomos y muchos científicos que en el mundo han sido, decía Koestler en esas páginas inolvidables, no suelen ser esos dechados de rigor y espíritu sistemático que nos han contado en la escuela; son muchas veces -o en ocasiones decisivas, a lo largo de sus vidas- auténticos sonámbulos o zombies, y en ellos funciona la intuición como en cualquier hijo de vecino; la intuición: es decir, "la razón en apuros", como la oí definir el otro día, no sé dónde. Siempre he recordado, pues, el libro aquel de Koestler. Leí el libro, lo perdí, lo volví a comprar, lo regalé y compré de nuevo diferentes ejemplares, hasta que casi no pude encontrarlo; lo tengo ahora a buen seguro, o así lo espero. Ahora lo releeré de punta a cabo por una buena razón, que a continuación explico. Ocurre que uno de los escritores contemporáneos que admiro de veras, el irlandés John Banville, se ocupó también de astrónomos en esa "trilogía revolucionaria" que menciona el encabezado de esta columna. "Revolución" significa, en este contexto, la vuelta de los cuerpos celestes sobre su propio eje o bien alrededor de un astro central, como los planetas de nuestro sistema solar; por lo tanto, no se espere en esas páginas banvilianas un recuento de convulsiones sociales ni de figuras épicas detrás de las barricadas o mítines obreros. Lo revolucionario de la trilogía de Banville tiene que ver con otros asuntos, propiamente hablando de orden ultraterrenal cósmico: la visión heliocéntrica de Copérnico en contra del geocentrismo ptolemaico; la maravillosa teoría de los cuerpos perfectos en Kepler -tan evocadora del pitagorismo profundo- y sus pesquisas sobre la órbita de Marte; las preocupaciones de un biógrafo de Isaac Newton en medio de pasiones demasiado humanas. ¿Y dónde entra Koestler aquí, además de que coincida con Banville en algunos de los temas? John Banville reconoce su deuda enorme con Los sonámbulos al final de sus biografías noveladas de Copérnico y Kepler; no le escatima elogios a Koestler y de ahí que ahora quiera yo releer ese libro, nunca del todo relegado en los estantes de mi biblioteca. Debo decir que John Banville supera a Arthur Koestler en una dimensión: la vertiente humana, moral y sicológica. A pesar de las virtudes narrativas de Los sonámbulos, comoquiera que se le vea, Banville es mucho mejor escritor que Koestler. No tiene remedio. Lo pondré de otra manera: en Los sonámbulos, los astrónomos se nos aparecen en toda su importancia histórica, mientras que en la trilogía revolucionaria de Banville son entrañables personajes literarios, sin perder un solo microgramo de su realidad real. *Escritor
|
|
© 2006 Copyright El Universal-El Universal Online |