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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal
Martes 12 de septiembre de 2006
primera seccion

Enemigo en casa

Al final de cuentas, Calderón fue candidato y es presidente electo, a pesar de Fox, del PAN y de la ultraderecha

El presidente electo y su equipo de colaboradores -entre los que ya se perfilan una buena parte de quienes se integrarán al gabinete presidencial-, literalmente viven con el enemigo en casa. Ese enemigo se llama Manuel Espino y es, nada más y nada menos, que el presidente del PAN. La crisis que se vive en torno de Calderón, por las desmedidas ambiciones del jefe de su partido, no tardará mucho para convertirse en el primer boquete en el interior del nonato gobierno.

Y es que contra la lógica del poder -y sobre todo la lógica del poder a la mexicana-, el ya declarado presidente electo sigue sin tener en sus manos las riendas del PAN, dirigencia partidista a la que según Manuel Espino le debe el triunfo Felipe Calderón. Pero en realidad el hoy presidente electo debió enfrentar a la dirigencia de su partido hasta el 2 de julio y aún en los días de la guerra postelectoral. En el fondo, el señor Espino se intenta presentar como el artífice del triunfo de Calderón -en una suerte de pirueta de sobrevivencia-, a pesar de que todos en el PAN saben que fue uno de los grandes derrotados por la victoria presidencial de Calderón.

Basta recordar que la llegada de Manuel Espino a la presidencia de Acción Nacional quiso ser el "golpe maestro", que se instrumentó desde la intriga palaciega de Los Pinos, para cancelar las posibilidades de Calderón como candidato presidencial y, al mismo tiempo, para apuntalar a Santiago Creel, que era al elegido del bicéfalo poder presidencial, de Vicente y Marta. En la guerra interna del PAN por la candidatura presidencial, Felipe Calderón y sus leales impulsaron a Carlos Medina como dirigente del partido. Pero esa posibilidad fue reventada desde el poder presidencial por Vicente y Marta, quienes al final de cuentas impusieron a Espino, el que sería estratega de la hipotética candidatura de Santiago Creel.

Todos conocen el resto de la historia: Calderón arrasó a Creel en las internas y no sólo derrotó al ex secretario de Gobernación, sino a la pareja de Vicente y Marta, al poderoso Jefe Diego, al Grupo Guanajuato y, por supuesto, a Manuel Espino. La derrota, en el fondo, fue a la poderosa extrema derecha que asaltó al PAN desde los tiempos en que Fox se convirtió en el candidato presidencial, en la segunda mitad de 1999. Pero en 2006 Vicente Fox, sus aliados de la ultraderecha y su preferido intentaron por segunda ocasión arrebatarle al PAN la candidatura presidencial. Para eso prepararon el vehículo ideal que era el partido en manos de esa ultraderecha.

Calderón les ganó la candidatura y en la contienda proselitista debió recorrer el país "en un vocho", porque el vehículo del partido no había sido diseñado para él. Eso sí, ante la eventualidad de una derrota, el presidente Fox decidió, al final de cuentas, convertirse de manera ilegal en el conductor de la campaña de Calderón, lo que estuvo a punto de costarle la derrota. Al final de cuentas, Calderón fue candidato y es presidente electo, a pesar de Fox, del PAN y de la ultraderecha. Y esa es precisamente la disputa que se libra en torno del presidente electo.

Esa ultraderecha y su principal operador, el señor Espino, parecen empeñados en disputar los reflectores y la toma de decisiones al presidente electo, al grado que durante el primer discurso de Calderón, precisamente como electo -acto que se llevó a cabo el 5 de septiembre pasado en la explanada de la sede partidista-, el dirigente del PAN impuso su mensaje al del presidente electo, y con directrices en sentido contrario a las expuestas por Calderón. Espino se niega a dejar el espacio al futuro presidente, insiste en mantener el control de los actos partidistas, como el del pasado domingo en la Plaza México, además de que también se empeñó en que los coordinadores parlamentarios del PAN en las cámaras de Diputados y Senadores fueran sus leales.

La guerra entre el presidente electo, sus colaboradores y la ultraderecha que representa Espino, parece haber llegado al clímax precisamente el pasado domingo, en la Plaza México, cuando fue notorio el "frío" y la "distancia" entre Calderón y Espino. El electo y su equipo ignoraron las arengas, la mano tendida, el reclamo de que el triunfo es del PAN, que lanzó el dirigente de Acción Nacional, a quien ni Calderón ni sus leales saludaron y menos aplaudieron. Y es que para muchos panistas, la "cachaza" de Espino no es más que el más claro signo de una disputa que tarde o temprano le podría estallar a Calderón en la cara.

Lo cierto es que entre el equipo de Calderón se insiste en que la "guerra" que vive el equipo del presidente electo y la dirigencia del partido no es más que una presión política calculada. Es decir, que el señor Espino le apuesta a una suerte de chantaje para que la ultraderecha, y por supuesto él mismo, sean llevados al gabinete presidencial. En pocas palabras, que Espino quiere "vender cara" su salida de la dirigencia del PAN -lo cual parece inevitable-, y que intenta una negociación para dejar la dirigencia a cambio de una posición en el gabinete. Lo cierto es que ni Calderón ni la mayoría de sus leales quieren trato alguno con Espino, al que ven como un riesgo latente. Al tiempo.

aleman2@@ prodigy.net.mx



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