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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Lunes 11 de septiembre de 2006 primera seccion |
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Decenas de intelectuales, académicos, parientes y amigos del candidato derrotado, hoy buscan una señal proveniente del nuevo gobierno de la derecha E n política y en democracia, dice la jerga, "ni las derrotas son para siempre ni los triunfos son eternos". Otros dicen que ese es "el consuelo de los... tontos". Como sea, lo cierto es que en cualquier competencia político-electoral no hay ganador sin derrotado. Y una vez resuelto por el Tribunal Electoral el ganador de la contienda presidencial, es posible un primer acercamiento al recuento de los daños. Está claro que la coalición Por el Bien de Todos se quedó muy cerca de la victoria por la Presidencia de la República, y que el gran perdedor resultó su candidato, el verdadero motor de lo que algunos ya califican como el fenómeno Obrador. Pero si bien esa derrota parece injusta para muchos -porque según las reglas electorales mexicanas, el ganador se lleva todo y el perdedor nada-, lo cierto es que se trata de una derrota parcial. ¿Por qué? Porque si bien perdieron el candidato presidencial y algunos de sus aliados coyunturales -como Vega Galina y Alfonso Durazo, entre otros-, también se debe reconocer que a pesar de esas derrotas resultaron gananciosos no pocos de los coaligados y compañeros de viaje en esa aventura. Entre éstos se encuentran los partidos familiares Convergencia y del Trabajo -de Dante Delgado y Alberto Anaya-, que alcanzaron representaciones parlamentarias imposibles por méritos propios, y que ya iniciaron el desembarco del naufragio. El gran ganador de esa derrota resultó, paradójicamente, el grupo perredista de Los Chuchos -uno de los más perseguidos por el candidato presidencial-, que llenó sus alforjas con mayorías en diputados federales, senadores y diputados a la Asamblea Legislativa, además de jefaturas delegacionales. La "tribu" de Nueva Izquierda se alzó como la fuerza hegemónica en el PRD, y con ello tiene casi asegurada la dirigencia del partido, que muy pronto deberá ser renovada. También resultó ganador el grupo de los "ex salinistas", con Marcelo Ebrard como jefe de Gobierno. Esa victoria es, al mismo tiempo, una derrota para la llamada izquierda del PRD, dado que en la práctica el Gobierno del DF regresa a manos de una facción del viejo PRI. Resulta significativa también la victoria del grupo de Cuauhtémoc Cárdenas y de Rosario Robles, a quienes el caudillo lanzó por la borda, y que ya trabajan en la restauración del tejido político y social para impedir que los restos de la nave perredista se pierdan en las turbulentas aguas de la derrota. El grupo que aún jefaturan Cárdenas y Robles ha sido golpeado aún luego del naufragio -o acaso por ello-, al extremo que quienes otrora endiosaban a Cárdenas, hoy lo llaman "traidor a la causa". Pero extramuros del PRD los daños fueron catastróficos. Decenas de intelectuales, académicos, parientes y amigos del candidato derrotado, que las semanas previas al 2 de julio ya se veían en el primer gobierno de la izquierda mexicana, hoy tejen acercamientos, a contracorriente, en buscar un vínculo, una señal proveniente del nuevo gobierno de la derecha. El daño es mayor incluso para aquellos a los que se les prometió por adelantado un cargo, que colocaron a instituciones enteras al servicio de una causa política. Y el mejor ejemplo es el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, y su grupo político. En el terreno mediático también son muchos los damnificados. En el caso de Televisa y Televisión Azteca, se puede hablar de una victoria -porque mantuvieron encendidas sus veladoras ante los tres principales altares-, pero fue claro que Azteca le apostó al candidato de la coalición y que Televisa lo hizo a favor del que resultó ganador. En el caso de la radio, también hubo damnificados. Los informativos Monitor-MVS, de José Gutiérrez Vivó, y Detrás de la Noticia, de Ricardo Rocha, mostraron una preferencia notoria por una de las causas, a riesgo de convertirse en propagandistas. Y en donde de plano el papel de la información cedió terreno de manera abierta a la propaganda a favor de una de las causas, fue en los diarios La Jornada y La Crónica, y en el semanario Proceso. La Jornada y Proceso vivieron un claro conflicto de intereses -ser parte de una de las propuestas electorales, la de la coalición, y cumplir con su causa de origen, la de informar-, en tanto que La Crónica tuvo el cuidado de declararse, en un editorial de primera plana, y desde mucho antes de la etapa electoral formal, como un diario crítico al caudillo. Esa fue la diferencia, sutil para algunos, pero fundamental en una guerra mediática como la que terminaron por escenificar los pretensos al poder presidencial. Entre conductores de informativos, columnistas y articulistas hubo de todo: quienes preferían a los amarillos, a los azules o a los tricolores. Pero al final de cuentas para la mayoría de electores no quedó claro el principio del género de opinión, de crítica, que no es el mismo que el de noticia, crónica o reportaje. También aquí hubo damnificados. aleman2@prodigy.net.mx
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