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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Jueves 31 de agosto de 2006 primera seccion |
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No se preparó para ser presidente; no quiso entender que su llegada al poder no era un "quítate tú para ponerme yo" H ace casi seis años, luego del 1 de diciembre de 2000, muchos de quienes creyeron en el entonces candidato presidencial del "cambio", lanzaban rabiosas críticas a los que cuestionaban al entonces nuevo presidente. Eran comunes el insulto y la descalificación a los críticos de Fox, porque una abrumadora mayoría de mexicanos creyeron en las bondades de la naciente democracia electoral mexicana. Hoy, la mayoría de esos defensores rabiosos de Fox no se acuerdan, no se quieren acordar o de plano esconden la cabeza. Muchos otros han llevado su incienso a otro altar, y con la misma rabia insultan a los críticos del nuevo objeto de culto. Pero a tres meses de que concluya el mal llamado "gobierno del cambio", habrá que hacer justicia a quienes desde el año 2000 advirtieron sobre los entonces evidentes signos de un fracaso del gobierno de Vicente Fox. Acaso alguien se acuerde. Y no hay duda de que la gestión de Fox también "cometió aciertos". Están por ejemplo la estabilidad macroeconómica, que no es poca cosa; la incorporación institucional a la transparencia gubernamental, la tolerancia a la crítica y la libertad de expresión, un importante "empujón" al federalismo, y un incuestionable éxito en programas como el de vivienda popular e impulso de infraestructura eléctrica. Pero fuera de eso, es muy poco de lo que podrá presumir el presidente Fox mañana viernes cuando rinda su último informe de gobierno. Claro, si es que lo dejan hablar ante el Congreso. También se debe reconocer notables y muy sonoros fracasos; por ejemplo, el espectacular retroceso en la calidad de la educación en todos los niveles y en todo el país, la incapacidad endémica para atender los peligrosos problemas de inseguridad, violencia y proliferación del crimen organizado, de la incumplida expectativa de crecimiento económico y creación de empleos y en la fallida estrategia de Estado para atender a los que menos tienen, más allá de los programas específicos, algunos de los cuales resultaron efectivos, pero fueron islas en un océano de inequidades. En realidad se puede hacer una larga lista de errores, fallos y omisiones del gobierno del "cambio" y del presidente de la alternancia. Pero el mayor fracaso de Vicente Fox -y por tanto el mayor retroceso en la anhelada transición democrática-, se localiza en su incapacidad para entender el papel que la historia mexicana le tenía reservado como impulsor y artífice de la consolidación democrática. Y es precisamente aquí, en su origen apartidista y carente de una formación doctrinaria, en su improvisación como político, servidor público y estadista, en su construcción artificial como líder -sólo a partir de una eficaz campaña de mercadotecnia-, en donde radicaban las señales para adivinar su fracaso. Durante casi una década Fox se preparó para "sacar al PRI de Los Pinos", y sus enamorados de entonces se conformaron con esa "hombría". Pero al tiempo, casi al final de su sexenio, quedó claro que Vicente Fox no se preparó para ser presidente; no entendió, no vio, no quiso ver ni entender que su llegada al poder no era un "quítate tú para ponerme yo", sino que en tanto presidente de la transición, su papel histórico era proponer, pactar e impulsar el desmantelamiento del viejo sistema y avanzar en la reforma democrática del Estado, una reforma que pasaba por los tres poderes de la Unión, por el perfeccionamiento de las reglas electorales -las que él mismo había violado con los llamados Amigos de Fox-, por la reglamentación del uso de los medios de comunicación en tiempos electorales, por la regulación democrática de la partidocracia y la democratización de los grupos corporativos... Pero Fox le dio la espalda a su responsabilidad histórica y, apenas iniciado su gobierno, se acomodó en la misma silla que el PRI al que había echado, en el mismo sistema político, se valió de los mismos viejos y cuestionables métodos corporativos, mientras que refrendó añejos pactos con poderes fácticos como las televisoras, grupos empresariales y familiares que se enriquecieron al amparo de la naciente democracia. En no pocos casos el gobierno del "cambio" se convirtió en el del "retroceso", porque del poder presidencial autoritario, dueño de vidas y futuros políticos, pasamos al desmantelamiento de la institución presidencial. Así, la institución unipersonal que es el Presidente, y en quien los mandantes, que son los ciudadanos, depositan el mandato, fue convertida por Fox en un grosero y ridículo poder bicéfalo, en donde "la señora Marta" no sólo hizo y deshizo, sino que llegó al exceso frívolo de proponerse como heredera de la Presidencia. Quedará para los bronces el clásico: "¿Y yo por qué?", respuesta que ofreció cuando uno de los grupos privilegiados del sexenio, el de Televisión Azteca, asaltó el canal 40 de televisión. En efecto, es mucho lo que deben cuestionar al mandatario del "cambio" los desilusionados. Pero eso está muy lejos del grotesco espectáculo que pretenden los que tampoco se han preparado para la democracia, diputados y senadores del PRD que buscan una vulgar venganza política. Unos y otros parecen dispuestos a destruir la democracia. aleman2@prodigy.net.mx
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