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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Martes 22 de agosto de 2006 primera seccion |
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Juan Sabines se hizo político de izquierda, a pesar de que siempre persiguió a la izquierda chiapaneca P or obra y gracia de la peculiar y hasta simpática política electoral mexicana, el estado de Chiapas se ha convertido de nueva cuenta en noticia. Y no es que se repita el estremecedor levantamiento armado del 1 de enero de 1994. No, en esta ocasión los protagonistas no son indígenas del EZLN, sino que se trata de la más cerrada disputa electoral que haya vivido esa entidad, y en donde la disputa real se da entre dos facciones del PRI, una de las cuales se presenta con la capucha de la supuesta izquierda: la coalición Por el Bien de Todos. Hasta hace cinco meses a muy pocos les interesaba lo que ocurría en Chiapas, en donde el domingo 20 de agosto se renovaría el gobierno estatal -que hace seis años le fue arrancado al PRI, gracias a una alianza entre el PAN y el PRD, quienes impulsaron al ex priísta Pablo Salazar Mendiguchía-, pocos días después de la competida elección presidencial del 2 de julio. De esa manera, y convencidos de una segura victoria en la lucha presidencial, estrategas de la coalición Por el Bien de Todos decidieron que sumarían una nueva victoria, en el estratégico estado de Chiapas. Por eso se movieron los hilos para hacer posible el milagro. ¿Pero en qué consistió ese milagro? Pues casi nada. Gracias a la mediación de Manuel Camacho Solís -uno de los mariscales de AMLO-, se compraron conciencias, se doblaron convicciones, se dieron certezas para cuidar las espaldas y, al final de cuentas, un importante sector del PRI local, todo el gobierno estatal, y un puñado de alicaídos militantes del PRD se vistieron de lopezobradoristas para derrotar al PRI, que intentaba su regreso al gobierno estatal. El PRI contra el PRI. Y para entender el alcance del "milagro", se debe explicar que hasta hace unos meses Pablo Salazar Mendiguchía, el ex priísta gobernador estatal, era el mandatario más panista, uno de los más cercanos al presidente Fox. Pero además, era un "enemigo acérrimo" de AMLO, y fue un feroz perseguidor del alcalde priísta de Tuxtla, Juan Sabines. Además era un convencido de la democracia mexicana y hasta promovió una ambiciosa reforma electoral. Pero igual que ocurrió con muchos oportunistas de la política, Pablo Salazar también creyó que el 2 de julio el ganador de la contienda presidencial sería López Obrador. Frente a esa posibilidad decidió poner a buen resguardo su salida, sus espaldas. Y también por eso olvidó sus convicciones temporales. De golpe y porrazo se deslindó del PAN, de su pública y otrora rentable amistad con el presidente Fox, y hasta se olvidó de sus rencillas con AMLO. De manera repentina, casi milagrosa, se convenció de las bondades de impulsar como sucesor a un candidato avalado por López Obrador. Pero había un problema: ¿qué hacer si no tenía candidato? Pecata minuta. Hasta hace algunos meses, según las encuestas, el candidato que aventajaba las preferencias era el alcalde priísta de Tuxtla, Juan Sabines -nieto de un reputado político local y sobrino del poeta Jaime Sabines-, quien no era bien visto por el PRI local. Pero como la política todo lo compone, pronto los mariscales de AMLO y verdaderos dueños del PRD, junto con el gobernador Pablo Salazar, se olvidaron de las rencillas con Sabines, de su priísmo "a toda prueba" y lo convencieron de que su futuro estaba con "el ganador", con AMLO, con la coalición y, sobre todo, con la izquierda. Y Juan Sabines se hizo político de izquierda, a pesar de que siempre persiguió precisamente a la izquierda chiapaneca. Juan Saines, de ilustre apellido local y prosapia poética, encabezó a la coalición Por el Bien de Todos y recibió la bendición de AMLO y de la izquierda. Pero el asunto no se quedó ahí. El PRI resolvió, en medio de feroces peleas internas, postular a José Antonio Aguilar Bodegas, quien recibió importantes apoyos locales, pero insuficientes para remontar las preferencias favorables a Sabines. Pero a un par de semanas de la elección, y gracias a los buenos oficios del PAN nacional, del gobierno federal y de la profesora Elba Esther Gordillo, se reeditó la alianza de un sexenio anterior. Es decir, casi todas las fuerzas políticas se aliaron para derrocar al candidato oficial. Los candidatos del PAN y del Panal renunciaron a sus candidaturas para sumar fuerzas, junto con PRI y PVEM, en contra del candidato Juan Sabines. Pero, ¿por qué esa alianza? Casi nada, porque el gobernador Salazar Mendiguchía, quien también olvidó sus afanes democráticos, promovió una elección de Estado a favor de su preferido y candidato de AMLO, el ex priísta Juan Sabines, a cuyo rescate acudió presuroso, en dos ocasiones, López Obrador. La elección se llevó a cabo el pasado domingo y según los resultados que se conocen, hay un empate técnico entre Sabines y Aguilar Bodegas. Pero hay otra pregunta sin respuesta: ¿por qué la repentina importancia de Chiapas? Por que tanto para AMLO, como para el gobierno federal, Chiapas resulta estratégico. Para López Obrador por la pobreza, que podría sumar a su causa, y para el gobierno, porque se puede repetir el alzamiento, sólo que mediante otro tipo de impostura. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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