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Elvira García
El Universal Martes 01 de agosto de 2006 cultura |
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Decíamos en la entrega anterior que aún había más que contarles respecto de la manera en que Dolores Béistegui ha dirigido el conjunto de emisoras públicas agrupadas en el Instituto Mexicano de la Radio (Imer) durante el gobierno del presidente Vicente Fox. La señora Béistegui ha dicho que el presupuesto anual de más de 100 millones de pesos que le otorga la Federación es insuficiente para dar una vida digna a las que 19 emisoras que recibió en 2002, de las cuales, como en el cuento de los perritos, nada más le quedan 17. La pregunta es, ¿por qué otros directores del Imer como Gerardo Estrada, Jorge Ruiz Dueñas y Carlos Lara, sí obtuvieron logros e hicieron avanzar técnicamente a ese instituto con el magro presupuesto que eternamente han tenido esos medios públicos? Tanto Dueñas como Lara Sumano entregaron un Imer con mejoras técnicas y avances en la producción de perfiles radiofónicos. No ha ocurrido así en esta administración panista. Es memorable todavía la expresión de doña Dolores cuando despidió –de muy descortés manera– a los analistas de la barra de opinión y a titulares de programas unitarios. Lo que más lamentaba –dijo– era tener que prescindir de un exitoso programa deportivo. El desmantelamiento del Imer es preocupante. Como dijimos, de las 19 emisoras hoy quedan 17, y si el tiempo se lo permite Béistegui se desprenderá de dos más, la de Campeche y la de Yucatán, con lo que culminará su administración entregando un Imer disminuido en todos los sentidos, pero, eso sí, con oficinas remodeladas. Ahora las instalaciones del Imer en Mayorazgo han perdido buena parte de su fisonomía emblemática, y lo que antaño fue el enorme Estudio A –donde se llevaron a cabo conciertos transmitidos en vivo– hoy es un achicado estudio que se utiliza para múltiples actividades. Además, el lobby está sufriendo modificaciones estructurales con materiales cuyo peso quizá perjudicará los sótanos donde hay bodegas de acervos fonográficos. El Imer en manos de Béistegui ha vivido muchas irregularidades, y una de tantas es que bajo su dirección Opus 94 ha tenido ¡cinco gerentes! Hoy, después de su más reciente baja, la de Amadeo Estrada –hijo del compositor Julio Estrada–, navega a la deriva, sin cabeza, e intenta ser coordinado por Alejandra de la Paz, la ¡tercera titular de la Dirección de Radiodifusoras!, el puesto más importante después de la dirección general. Alejandra, una mujer con experiencia en la cultura, pero ninguna en la radio, toma decisiones alejadas de las necesidades de las emisoras que están bajo su supervisión. Otra irregularidad que salió a la luz a finales del año pasado fue que la Secretaría de la Función Pública detectó malos manejos administrativos en el Imer, lo que obligó a la señora Béistegui a desprenderse de varias personas de su equipo más cercano. Hoy se desconoce de qué tamaño son los faltantes financieros. Hay muchas preguntas más en el aire. Por ejemplo, por qué en anteriores administraciones al Imer sí le era posible autogenerar 30% de sus ingresos. Por qué si el instituto arrastra tan graves problemas económicos, Dolores contrata personal y asesores que vienen de la radio y televisión privada, a los que paga entre 60 y 80 mil pesos mensuales; por qué tiene sueldos tan contrastados para productores, por ejemplo, mientras a Sergio Vela, titular de la Dirección de Música de la UNAM, le paga 8 mil pesos por cada emisión de una serie dedicada a la ópera, a compositores como Javier Platas, creador y conductor de la serie La otra versión apenas le asigna 5 mil 600 pesos mensuales por cuatro programas. Y, finalmente, si como insiste en repetir a quien quiera escucharla, Béistegui no está en el Imer por que necesite dinero, pues su marido gana mucho, podría hacerle un bien a ese instituto donando la mitad de los 150 mil pesos mensuales que hasta el año 2003 cobraba como directora general. viragarcia1952@aol.com
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