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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal
Jueves 06 de julio de 2006
primera seccion

Reventar los comicios

Está claro que asistimos a una bien diseñada estrategia de desprestigio a las instituciones

En el camino

Es altamente probable que la mañana de hoy -6 de julio de 2006- haya concluido el recuento distrital de los votos emitidos el pasado domingo para elegir al nuevo presidente de los mexicanos. Cualquiera que sea el cómputo al final de la jornada, sea Calderón o AMLO quien resulte ganador, se habrá dado una muestra más de la solidez de las instituciones electorales, a pesar de los intentos reiterados del PRD y su candidato para reventar la elección.

A las 22 horas de anoche no había concluido el recuento, pero una comparación de los datos reportados por el PREP y los nuevos datos aportados por el recuento distrital, dejan ver -salvo diferencias insignificantes- que son casi idénticos los dos recuentos. Por eso, al final del conteo distrital, la diferencia entre los dos candidatos deberá ser similar al 0.60% a favor de Felipe Calderón. De resultar notoriamente distinto el resultado, más allá de quien resulte el ganador, entonces habrá que empezar a dudar de uno o los dos recuentos.

Pero en el fondo, y a reserva de que en efecto hoy se concluya el recuento distrital, está claro que asistimos a una bien diseñada estrategia de desprestigio a las instituciones electorales, impulsada por López Obrador, con la intención de reventar la elección. A partir de medias verdades, de mentiras completas, calumnias y manipulación informativa, los estrategas del primer círculo de AMLO echaron a caminar una estratagema para sembrar la duda sobre la eficacia y la credibilidad del IFE.

Y llama la atención no sólo el montaje de movilización social, la campaña de desprestigio al IFE, la estrategia de supuesto fraude y hasta el intento de emparentar la del domingo pasado -una elección ciudadanizada en donde el gobierno no puede meter mano- con la elección del 88, la del fraude y el despojo sufrido por Cuauhtémoc Cárdenas. Y esa estrategia es de risa, si no fuera por la gravísima crisis política a la que llevan al país, y porque quienes hicieron el fraude para imponer a Carlos Salinas, son los mismos que hoy gritan "¡Fraude! ¡Fraude! ¡Fraude!". Y ahí están Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Socorro Díaz, José Guadarrama y Leonel Cota, entre otros.

Por supuesto que no se pretenden justificar aquí los errores del IFE -como no haber recordado a tiempo que desde febrero se acordó con todos los partidos reservar las actas de escrutinio que mostraban inconsistencias, lo que fue aprovechado por el PRD para sembrar la duda sobre un presunto fraude-, como tampoco se intenta negar el reclamo legítimo de candidatos, partidos y ciudadanos por llevar a cabo un recuento distrital escrupuloso, confiable y a la vista de todos.

Pero también hay que decir que el IFE y menos los estrategas del PAN han sido capaces de desmontar el tramposo y perverso andamiaje de supuesto fraude que montó el PRD.

Cualquiera que sea el ganador, Calderón o AMLO, lo cierto es que uno de ellos ya logró sembrar la duda, en perjuicio no sólo de las instituciones, de todo el proceso, de la estabilidad política y de los ciudadanos todos, lo que al final de cuentas se puede traducir en reventar la elección.

En efecto, tanto Calderón como AMLO están en lo suyo. En efecto, si Felipe hubiese quedado en segundo lugar, con el mismo margen de diferencia, seguramente habría pedido un recuento como el que reclamó de manera legítima el PRD. En efecto, tanto Calderón como AMLO incurrieron en una irresponsabilidad igual de cuestionable al declararse, casi de manera simultánea, ganadores. Lo cuestionable es que en su legítimo reclamo sobre certeza, transparencia y fiabilidad del resultado electoral, el PRD y su candidato presidencial recurran a la censurable práctica de lanzar dinamita contra las instituciones que, hay que decirlo, hicieron posible abrir la puerta a la democracia electoral.

Pero no es nuevo lo que estamos presenciando. La historia electoral mexicana consigna las prácticas postelectorales de López Obrador en Tabasco y en otras elecciones -las cuales en su momento eran legítimas porque entonces las elecciones sí eran de Estado, manejadas y manipuladas por el gobierno-, pero la de hoy nada tiene que ver con aquellas, pero AMLO sigue actuando como si nada hubiera pasado. Más aún, todos recuerdan que semanas antes del 2 de julio el PRD y el PRI se empeñaron en denunciar una supuesta elección de Estado, pretensión que por disparatada fue desechada por casi todos los sectores sociales.

Al final queda claro que se intenta crear una crisis política sin precedentes en México, cuando la democracia electoral da sus primeros pasos, y cuando lo que debía animar a todos es precisamente la consolidación de las instituciones. Y es que en el fondo, los políticos no están a la altura de los ciudadanos, y sólo ven sus intereses personales.

Para el hampa no hay tregua. A mano armada fue asaltada la periodista Estela Livera, despojada de su vehículo. ¿Y la autoridad? Bien, gracias.

aleman2@prodigy.net.mx



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