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Ricardo Alemán
El Universal Jueves 15 de junio de 2006 primera seccion |
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Lo que a nivel nacional presenciamos, a nivel local era un secreto a voces E l domingo 28 de mayo dijimos aquí que en Jalisco los electores a la renovación del gobierno estatal -prevista para el 2 de julio, al mismo tiempo que la elección presidencial-, "viven una telenovela que, en cualquier momento, pudiera confirmar que un actor central por la disputa al gobierno estatal es el narcotráfico". En Jalisco, insistimos, el PAN se puede alzar con el triunfo en la elección del 2 de julio, no por el gobierno ejemplar del mandatario saliente, el panista Francisco Ramírez Acuña, y tampoco por las reconocidas cualidades de su candidato a gobernador, el ex alcalde de Guadalajara, Emilio González Márquez. "No, lo que ocurre en Jalisco va más allá de los escarceos propios de una mera competencia político-electoral, ya que el factor que parece haber contaminado la contienda, y hasta alterado las preferencias electorales, es el factor del narcotráfico". Además, reconstruimos la evolución profesional y política del candidato del PRI al gobierno de Jalisco, del abogado y notario público Arturo Zamora Jiménez -a quien se le motejó como El Nopal, porque todos los días le aparecían nuevas propiedades-, quien luego de una larga trayectoria profesional repentinamente se convirtió no sólo en político, en alcalde de Zapopan, en candidato del PRI al gobierno de Jalisco, sino en un influyente y acaudalado tapatío, en cuyo círculo cercano se produjeron sospechosas ejecuciones al estilo del narcotráfico. Y no pasó mucho tiempo para que la prensa local y nacional dieran cuenta que, en efecto, Arturo Zamora Jiménez es investigado por la DEA, por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, y en especial con las bandas criminales que en Jalisco aún controlan los cárteles de los Caro Quintero y los Fonseca Carrillo. Esa investigación también fue confirmada por la PGR mexicana, lo que de facto coloca al candidato del PRI al gobierno de Jalisco prácticamente fuera de la contienda por el gobierno estatal. Pero lo que a nivel nacional presenciamos en Jalisco, a nivel local no era un secreto a voces. En esa entidad, el PRI vivía, hasta hace 10 meses, uno de los peores momentos de su historia, luego de dos gobiernos estatales consecutivos del PAN y de la pérdida de los centros reales de poder. En medio de esa crisis, el PRI local y su réplica nacional decidieron postular como candidato a gobernador a un político de nueva generación y de escasa militancia, que reunía los principales requisitos para la contienda: dinero y poca identidad con el viejo PRI. Y en efecto, Zamora Jiménez se había convertido en un hombre con una fuerte influencia entre sectores sociales, políticos y empresariales, lo que lo hacía ver como un político joven, alejado del viejo esquema del PRI, como modelo de la nueva política de ese partido y, sobre todo, solvente económicamente. Así, sin terminar su gestión como alcalde de Zapopan -en donde se le vincula de manera más estrecha con el narcotráfico-, apareció como el candidato ideal del PRI al gobierno de Jalisco, en medio de una campaña en donde lo que sobraba era el dinero. Al inicio de su campaña se colocó con 19 puntos porcentuales por arriba de su adversario del PAN. Parecía que el PRI se encaminaba a recuperar una de las más importantes plazas políticas, económicas y electorales del país. Sin embargo, había muchas dudas. ¿De dónde sale tanto dinero para una campaña como la de Zamora Jiménez?, preguntaban propios y extraños. En realidad los focos rojos sobre presuntas ligas con el narco no empezaron hoy, ni ayer, sino que vienen de lejos. El pasado 1 de marzo, días después de que el góber precioso de Puebla fuera exhibido como un virreyzuelo, Roberto Madrazo lanzó la alarma sobre Jalisco. Desde Durango dijo que de un momento a otro el gobierno federal lanzaría un ataque contra el candidato Zamora Jiménez. Es decir, que Madrazo Pintado sabía que el candidato de su partido al gobierno de Jalisco no estaba del todo limpio. Hoy se sabe que, en efecto, el propio gobierno federal daba seguimiento al caso Jalisco, que tenía información de que la DEA vigilaba a Zamora Jiménez, pero que por razones políticas el asunto se dejó pasar. El objetivo es claro, y tiene por lo menos dos vertientes evidentes: responder a los reclamos de la DEA sobre los presuntos vínculos de Zamora con el narcotráfico, y arrebatarle al PRI el gobierno de Jalisco. Así, a tres semanas de la elección para renovar el gobierno de Jalisco, y frente a un empate técnico de los aspirantes del PRI y del PAN, el golpe asestado al candidato priísta resulta prácticamente un golpe de muerte. Ya es imposible el cambio de candidato, es muy difícil revertir el efecto de imagen negativo que provoca en Zamora Jiménez la revelación de que es investigado por la DEA y por la PGR y, por si fuera poco, ya se convirtió en un lastre para el candidato presidencial Roberto Madrazo. Pero además, el candidato decidió ampararse ante la justicia federal, no sea que de un momento a otro se ordene su detención. Recurso desesperado y ridículo que lo convertirá en un candidato investigado por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, y que realiza campaña electoral con un amparo en la bolsa. aleman2@prodigy.net.mx
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