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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Domingo 21 de mayo de 2006 primera seccion |
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Madrazo y Obrador: la sangre llama, como ´Rain Man´ Elección de Estado, otro engaño para ´reventar´ la elección H acia el inicio de la década de los años 90 del siglo pasado, los corazones de la academia de Hollywood se estremecieron con la cinta Rain Man (1988), un melodrama interpretado por Dustin Hoffman y Tom Cruise -que se hizo acreedor de cuatro estatuillas del Oscar- que narra el encuentro de dos hermanos, uno ambicioso y locuaz y el otro autista, que vivían alejados y que por la fuerza de la convivencia aprenden a estimarse, a pesar de varios intentos del primero por abusar de la condición del segundo. Exhibida en México bajo el poco afortunado título Cuando los hermanos se encuentran, el argumento de Rain Man parece haber sido adaptado a la comedia político-electoral mexicana, sobre todo a los tiempos de la recta final de la contienda presidencial que vivirá sus momentos definitorios el próximo 2 de julio. Y claro, en la adaptación mexicana de los "reencontrados hermanos", la historia se podría alterar si los actores mexicanos insisten en el disparate de cambiar el final. Así, en la comedia a la mexicana de Rain Man, el papel del hermano ambicioso y locuaz no es para Tom Cruise, sino para Roberto Madrazo, el candidato presidencial del PRI; en tanto que la caracterización del autista parece destinada nada menos que a Andrés Manuel López Obrador, el aspirante del PRD. Y es que esos primos hermanos que apenas se reconocieron en la actual contienda electoral mexicana, el PRI y el PRD, ahora parecen dispuestos a unirse en una convivencia impensable que les garantice sobrevivir a la lucha por el poder, más allá de reglas y legislaciones electorales. Y si para ello tienen que desbarrancar el proceso electoral, no hay duda que lo harán. El encuentro Durante muchos años, por lo menos desde 1988 -fecha en la que casualmente se filmó Rain Man -, la izquierda mexicana reagrupada en el entonces Frente Democrático Nacional, acuñó la dualidad de PRIAN para ilustrar la alianza entre el gobierno salinista del PRI y el entonces opositor PAN. El PRIAN fue, en los últimos 18 años, la bandera y el símbolo de los opositores de la izquierda institucional, para denunciar la perversidad de las alianzas entre el agua y el aceite; entre el salinato y el zedillato con la derecha del PAN. Pero también desde esos años nació una de las más notorias rencillas políticas entre dos actores que, en su natal Tabasco, se enfrentaron por el poder local. A la vuelta de los años esa confrontación se convirtió en un drama nacional, cuando esos dos políticos aparecieron como adversarios por la candidatura presidencial. Nos referimos, por supuesto, a Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador. El primero ganó en dos ocasiones el gobierno tabasqueño -una vez él mismo y la segunda a través de uno de sus alfiles- a su paisano, al que hizo víctima de las más sucias estrategias conocidas en la política mexicana. Obrador y Madrazo son, en la política mexicana, el ejemplo de los enemigos políticos a muerte. Acaso por eso, cuando López Obrador era el "indestructible", cuando según las encuestas era el puntero con más de 10 unidades porcentuales sobre su más cercano perseguidor, el ex jefe de Gobierno del DF se refería burlón al PRIAN, esa deformación política a cuyos candidatos, Roberto Madrazo y Felipe Calderón, recomendaba aliarse para sacar a un solo candidato capaz de hacerle frente. Socarrón, AMLO recomendaba que se pusieran de acuerdo para que uno de ellos fuera el candidato del PRIAN. AMLO parecía atacado por los síntomas del autismo. Pero en unas cuantas semanas ocurrió lo impensable. Según las encuestas, López Obrador empezó a descender en las preferencias del electorado, se colocó en segundo lugar, mientras que Felipe Calderón subió al primer sitio. Roberto Madrazo se distanció a una consolidada tercera posición. ¿Qué había pasado? Casi nada, que el caudal de errores que cometió AMLO se sumó a una eficaz guerra de spots negativos del PAN contra el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y a una grosera intromisión del gobierno de Vicente Fox a favor de su candidato. Luego vino la desesperación. En uno de sus típicos arranques de ira, López Obrador calificó al presidente Fox de "pelele" y "títere" de Estados Unidos, por sus declaraciones al anuncio del presidente Bush sobre la militarización de la frontera con México. Casi al mismo tiempo Gerardo Fernández Noroña, el vocero del PRD, denunció que el presidente Fox presionó al Partido Verde para que se aliara al PAN, porque según esa versión "el Presidente impediría a toda costa que Obrador y Madrazo ganaran la elección del 2 de julio". Según el PRD, se había puesto al descubierto "la elección de Estado" que supuestamente impulsa Fox. Entonces López Obrador cambió de opinión, amaneció de otro humor, y a unas horas de haber insultado al presidente Fox, de llamarlo "pelele" y "títere", le pidió una audiencia "con el propósito de serenar los ánimos y que todos contribuyamos a que la elección se lleve a cabo sin sobresaltos, que haya armonía en el país, que podamos garantizar una transición pacífica". Vicente Fox negó la audiencia, pero ocurrió otro milagro, lo impensable, los hermanos -o los medios hermanos-, los candidatos del PRI y del PRD se encontraron. Como en Rain Man, el hermano ambicioso salió al rescate del hermano autista. Así, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador descubrieron que los unía mucho más que su origen priísta y el priísmo de sus proyectos; los acercó una causa común, la de impedir que las del 2 de julio terminen por convertirse, según su peculiar y priísta concepción, en unas elecciones de Estado. Madrazo se sumó al reclamo de que Fox reciba en audiencia a López Obrador, pero además dio a conocer la existencia de un frente común entre las campañas del PRI y el PRD, contra el presidente Fox y contra el candidato Felipe Calderón. Error de cálculo y que les costará caro. Desprecio institucional ¿Qué está pasando? ¿Por qué AMLO cambia de personalidad de un día para otro? ¿Por qué un día insulta al Presidente, y el otro le pide audiencia para "serenar los ánimos" y hasta se compromete a "contenerse"? Si no fuera porque lo que está en juego es un asunto de trascendencia para todos, como la sucesión presidencial y su conclusión, apegada a las leyes vigentes, cualquiera podría suponer que no asistimos a un problema de origen político, sino de personalidad, o hasta siquiátrico. Pero vamos por partes. Es altamente probable, si no es que seguro, que el presidente Fox haya intentado una negociación con el Partido Verde para sumar sus votos al PAN. Está claro que Fox no quiere que la elección del 2 de julio sea ganada por AMLO o por Madrazo, y que quiere que sea el PAN, a través de Felipe Calderón, el que resulte ganancioso. Eso no es más que lógica básica. Y si hay pruebas de ello, como dice el PRD y el PVEM, ¿por qué no acuden esos partidos a las instancias legales para denunciar la grosera intromisión del Ejecutivo en un asunto que no le compete? ¿Por qué no lo denunciaron en su momento? La revelación se hizo en días pasados, cuando AMLO va a la baja y cuando Madrazo está más lejos que nunca de ganar. Y es precisamente por eso, porque es una estrategia desesperada, que intenta desprestigiar al Presidente y al puntero, por lo que no se denunció la intromisión presidencial en el proceso electoral. Y en sentido contrario vale preguntar: ¿cuántas negociaciones político-electorales hizo AMLO desde su puesto de jefe de Gobierno del DF?, para asegurar su candidatura, luego para garantizar el control del partido, luego para hacer alianzas con lo peor del PRI... El problema está en otro lado, está en el desprecio a las instituciones y en el privilegio de la negociación en lo oscurito. Cuando López Obrador reclama una audiencia con el presidente Fox, confirma que no le importan las instancias electorales, que le importa la negociación con el poder, con el Presidente, más allá de las reglas electorales. Y comete el mismo error y avanza sobre la misma ilegalidad que dice denunciar, porque una audiencia con el Presidente no es más que reconocer que la elección será ilegal, y que AMLO intenta negociar dentro de la ilegalidad, en lo oscurito, por encima de las instituciones electorales. AMLO denuncia una elección de Estado, denuncia que el Presidente está metiendo las manos de manera ilegal en la elección, pero no acude a denunciar esa legalidad ante las instancias electorales, sino que quiere negociar con quien viola la ley, con quien supuestamente realiza una elección de Estado. ¿Cómo se le puede llamar a eso? López Obrador está desesperado, por eso cambia de personalidad de un momento a otro, por eso un día insulta y el otro pide serenidad. Pero ese, el de la personalidad del candidato de la coalición Por el Bien de Todos, es un problema personal de López Obrador. Lo que es un problema para todos los mexicanos, para los potenciales electores, es que ese candidato se muestra, de nueva cuenta, como un político que gusta de pasar por sobre las instituciones, que es capaz de aliarse hasta con su peor enemigo, con Roberto Madrazo, con tal de cumplir sus ambiciones personales. Si se tratara de un político sensato, de un candidato presidencial demócrata y respetuoso de las reglas electorales del juego, López Obrador debía recurrir al IFE para exigir garantías, y a la PGR para denunciar que el presidente Fox se está metiendo en una elección en la que no tiene ninguna competencia. Pero parece que López Obrador olvidó que ya no es jefe de Gobierno, que ya es candidato presidencial, y que nada tiene que hablar y menos negociar con el Presidente, con quien viola las reglas del juego, con quien se empeña en impedirle que llegue a la casa presidencial. Y tampoco la Secretaría de Gobernación tiene nada que hacer en la contienda electoral, y menos tiene que acordar con un candidato presidencial. El IFE es el único encargado de tomar nota del asunto y la PGR es la única responsable de iniciar las indagatorias sobre violaciones a la contienda electoral que vivimos. ¿Por qué AMLO quiere hablar con el Presidente? Porque quiere negociar la elección, por encima de las leyes y al margen de los electores, que son los mandantes. Cuando López Obrador pretende que el Presidente lo escuche, sólo confirma que las instituciones le importan un soberano rábano. ¿Elección de Estado? Pero también es cierto que les asiste la razón a López Obrador y a Roberto Madrazo, en cuanto a que el presidente Fox está metiendo la mano en la elección presidencial. Eso no está a discusión. El problema es que ni AMLO ni Madrazo han decidido acudir a las instancias legales para denunciar esa intromisión. ¿Por qué no han seguido la vía institucional para que el Presidente deje de meter la mano? Por una razón elemental: porque si bien Fox hace campaña, desde lo más alto del poder presidencial, a favor de Felipe Calderón, también está claro que Alejandro Encinas, el jefe de Gobierno del DF, hace campaña desde su cargo y con dinero público, a favor de AMLO y de Marcelo Ebrard. Y lo mismo hacen gobiernos perredistas como los de Zacatecas, Guerrero, Michoacán y Baja California Sur. En esas cuatro entidades los gobernadores, igual que Fox a nivel nacional, hacen un abierto proselitismo a favor de AMLO y de sus candidatos locales a puestos de elección popular. Lo mismo hace el PRI en sus 17 gobiernos estatales, con su mayoría en el Congreso, y lo mismo hace el PAN en Guanajuato, Jalisco, Querétaro, Aguascalientes, Yucatán, Baja California y otros. Y es precisamente aquí donde se desmorona la versión de que el gobierno de Vicente Fox impulsa una elección de Estado para el 2 de julio. ¿Por qué? Porque para que se lleve a cabo una elección de Estado como las que realizaban los gobiernos del PRI, se requiere que las instituciones estén en manos de un gobierno hegemónico, que los poderes estén controlados por un mismo partido y sin la existencia de división de poderes, que las entidades federativas sean gobernadas por un mismo partido, y que el control de las elecciones sea manejado por el poder en turno. Y eso no ocurre, ya que si bien el Presidente usa todo el peso de su investidura para favorecer a Calderón, lo mismo hacen, para favorecer a AMLO, los gobiernos del PRD, y los gobiernos del PRI para impulsar a Madrazo. El Ejecutivo, de donde sale la presunta intención de una elección de Estado, está en manos del PAN, a través de Vicente Fox, pero el Legislativo tiene una pluralidad de partidos y una mayoría del PRI. En tanto que el Poder Judicial, del que depende el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ha mantenido una naciente independencia, pero ya suficiente, para impedir una elección de Estado. La denuncia de que se prepara una elección de Estado, y que Fox está detrás de esa perversidad, no es más que un argumento demagógico que muestra, otra vez, que López Obrador y Madrazo Pintado son dos candidatos desesperados, capaces de reventar la elección, si es necesario, porque ven que se les va de las manos la posibilidad de triunfo. Y en lugar de acudir a las instancias legales para denunciar la grosera e ilegal intromisión de Fox en la elección presidencial, prefieren crear un clima de tensión, de incertidumbre, de inestabilidad; prefieren negociar en lo oscurito, como en los viejos tiempos del PRI. Y al unirse para ello, López Obrador y Madrazo confirman que sus proyectos políticos y ambiciones se reencontraron, como en el laureado Rain Man. Al tiempo.
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