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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal
Martes 11 de abril de 2006
primera seccion

Guerra y sucios

Nadie puede dudar que se trata de una guerra por el poder. Y como toda guerra -más allá de convencionalismos-, los bandos en disputa por el poder presidencial se valen de todo. Del desprestigio mutuo, la calumnia, la difamación y el linchamiento. De la suciedad que caracteriza a la política mexicana. No es de gratis, por eso, que un elevado porcentaje de electores potenciales hayan decidido retirar credibilidad y confianza en los políticos y sus partidos, en gobernantes y seudos servidores públicos. Tampoco es nuevo que en estos tiempos, esas guerras alcancen niveles de escándalo.

La competencia electoral, que comenzó en México en 1988, mostró una feroz guerra sucia. Entonces ya se disputaba el poder presidencial, a pesar de que las reglas del juego y las instituciones mostraban una evidente parcialidad e inequidad. Los destinatarios de ella fueron los opositores al PRI, que en casos como el del FDN debieron pagar incluso con la vida de un puñado de sus seguidores. En 1994, 1997 y 2000, a pesar de que existían nuevas reglas electorales, la historia se repitió, igual que en 2006. Si acaso cambiaron los estilos, las siglas partidistas en el poder, pero la guerra, en su esencia, fue la misma. Ganar el favor del electorado a partir del desprestigio, el insulto y la calumnia. La democracia electoral, esa que permite pavonearse a gobernantes de todos los signos, no tiene "los dientes" para sancionar a promotores y beneficiarios de esa guerra sucia.

Y en esa práctica participan todos: gobernantes, jefes partidistas y candidatos presidenciales de todos los signos políticos. En realidad la guerra sucia dentro y fuera de las formaciones partidistas es una suerte de cultura política a la que todos recurren, pero de la que muchos también se benefician cuando son víctimas de ella.

Por eso resulta curioso, por decir lo menos, que AMLO -con la ayuda de su periódico oficial y de sus plumas afines- ahora se llame sorprendido cuando ha hecho de la guerra un grosero culto a sus desmedidas ambiciones de poder. En efecto, fue y es parte de esa guerra desde el intento de desafuero, hasta la difusión de los mensajes en los que se le compara con Chávez. También forma parte de esa nefasta práctica el spot de Madrazo exhibiendo a un AMLO que no quiere debatir.

Pero vale preguntar si no fue guerra sucia, en la tienda de enfrente, el insultante uso de recursos públicos desde el GDF para construir una candidatura presidencial, reclamar que lo dieran por muerto, cuando todas las acciones de gobierno eran orientadas a crear una imagen y popularidad artificiales. ¿No fue guerra sucia la monstruosa persecución contra Rosario Robles y su expulsión del PRD, el encarcelamiento estalinista de Carlos Ahumada, a quien se le niega hablar con los medios, y al que han convertido en el primer preso político de un gobierno dizque de izquierda?

¿No fue guerra sucia la grosera imposición de dirigentes del PRD, a modo de AMLO, o la no menos cuestionable imposición Marcelo Ebrard? ¿No fue un insulto, y una guerra sucia de escándalo el trasvase de lo más cuestionable del PRI al PRD y la "cachaza" con la que aseguran que ese partido sigue siendo de izquierda? ¿No fue una guerra sucia contra la militancia del PRD la imposición de candidatos a puestos de elección popular de personajes como José Guadarrama, Vega Galina, Alfonso Durazo, Arturo Núñez, los García Zalvidea, y Víctor Emilio Anchondo Paredes, entre otros?

¿ No fue una guerra sucia contra la sociedad todo el acuerdo cupular que alcanzaron AMLO, Calderón y Madrazo para aprobar la "Ley Televisa"? ¿No es parte de esa guerra difamatoria y mentirosa que ante toda crítica o ante la menor adversidad hacia sus intereses, AMLO hable de un complot, que sin tener la menor prueba acuse a Calderón de recibir portafolios de dinero de Banamex, o que diga que hay un reciente complot de Televisa en su contra, luego de que ordenó a los diputados de su partido aprobar la "Ley Televisa"?

¿No fue parte de esa guerra que Fox haya marginado a Calderón de la candidatura presidencial, que haya impuesto a Manuel Espino como presidente del PAN, y que ahora se haya convertido en el promotor de Calderón, y que en respuesta AMLO haya recurrido a la grosera intolerancia para callar al Presidente, al que llamó "chachalaca"?

¿No es guerra sucia la inmoral venta de franquicias partidistas y de candidaturas, al mejor postor, del PVEM, Convergencia, PT, Nueva Alianza y Alternativa? ¿No es guerra sucia la desatada por Madrazo contra Gordillo y la respuesta de la profesora contra el priísmo todo y el propio Madrazo?

Si de guerra sucia se trata, si de desprestigiar, calumniar, insultar y linchar se trata, ninguno de los partidos, de sus dirigentes, de sus candidatos y aspirantes presidenciales se salva, y menos AMLO al que ahora se pretende hacer aparecer como blanca paloma. Y sí, por las razones que sean, muchos se tragan el cuento. Y si es así, que con su pan se lo coman. ¿O no?

aleman2@prodigy.net.mx



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