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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Jueves 06 de abril de 2006 primera seccion |
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Pocos creen, entre la desacreditada clase política mexicana, que un político profesional como Emilio Chuayffet, que ha sido gobernador mexiquense, secretario de Gobernación y uno de los leales al madracismo, haya recurrido a la "vulgar rabieta", al "chantaje discursivo", para ganar un lugar plurinominal en el Senado de la República, sobre todo cuando todos saben que se le ofreció un lugar en las listas de mayoría. No, más bien hay indicios de que el amago de Chuayffet, al amenazar con dejar la coordinación parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados, y abandonar la candidatura presidencial de Roberto Madrazo, tiene otro origen, de mucha mayor magnitud. Y es que en política, como en la Tercera Ley de Newton, a toda acción corresponde una reacción, igual, pero en sentido contrario. Todos saben que Chuayffet alcanzó la gubernatura del estado de México gracias a Carlos Salinas, a quien ofreció un glamuroso homenaje público en el que lo comparó con los mejores presidentes de la historia mexicana. Todos saben que duró muy poco en ese gobierno estatal, pues fue llamado a sentarse en la oficina principal del Palacio de Covián, en Bucareli, para sustituir al malogrado Esteban Moctezuma en Gobernación. Todos recuerdan la presentación de Chuayffet en Palacio Nacional, con el gabinete en pleno, con todo el boato republicano que lo hizo aparecer como el virtual sucesor de Ernesto Zedillo. Pero también todos recuerdan los fallidos Acuerdos de San Andrés, a causa de los excesos de "chinchones" -licor de anís al que era afecto el secretario de Gobernación-, y sobre todo la penosa salida de Chuayffet del gabinete zedillista a causa de la matanza de Acteal, en Chiapas, que lo llevó a un largo ostracismo. Pero en el pasado reciente muchos tienen en la memoria que Chuayffet, en calidad de "ariete", fue el encargado de asestar el más duro golpe político a Elba Esther Gordillo, la enemiga número uno de Roberto Madrazo. Y precisamente por esa ruta, la de Gordillo, es por donde habrá que buscar el hilo de la madeja del conflicto que llevó a Chuayffet a un aparente "salto al vacío" al anunciar que dejaba la coordinación de los diputados y que se alejaba de la candidatura de Roberto Madrazo. Hay que insistir en que Chuayffet fue el responsable de echar de la coordinación parlamentaria del PRI a la profesora Gordillo, para limpiar el camino de Madrazo a la candidatura. En esa lógica hay que recordar que la lideresa del magisterio no perdona, y menos olvida un agravio. Pues bien, resulta que no es nueva la versión de que estaría listo un nuevo "misil mediático" contra Roberto Madrazo, similar al lanzado contra Arturo Montiel -que no sólo alejó de la sucesión presidencial y de la vida política al ex gobernador mexiquense, sino que golpeó severamente la imagen de Madrazo-, y que tiene como destino el desprestigio del PRI y de la candidatura presidencial de Madrazo. De la versión impersonal del "misil mediático" el rumor escaló hacia un destinatario con nombre y apellido: Emilio Chuayffet, a quien habrían preparado un expediente para ser exhibido como muestra de que el priísmo cercano a Roberto Madrazo no es precisamente el mejor ejemplo. El golpe mediático habría sido diseñado para golpear en la línea de flotación del candidato Roberto Madrazo, y el sacrificado sería el líder de los diputados federales del PRI. El efecto sería de dos bandas; resultaría en un nuevo "descontón" para Madrazo, y al mismo tiempo sería el cobro de facturas hacia el secretario de Gobernación. El escenario parecía ideal, ya que en efecto, Madrazo aceptó dejar fuera de la lista al Senado a Emilio Chuayffet, a sugerencia del gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, con quien Chuayffet se había distanciado. También es sabido que la relación entre Madrazo y Chuayffet se había deteriorado. De esa manera, Chuayffet se había quedado aislado, en el centro de las disputas políticas, al grado que cualquiera de sus adversarios tendría razones suficientes para pretender un golpe demoledor en su contra. Y sin un cargo de elección popular, como una senaduría, estaría prácticamente en indefensión. Pero Chuayffet no es un político bisoño. En buena medida es un animal político, que sabe que la mejor defensa es el ataque. ¿Para qué quiere un político una senaduría? Porque es el mejor seguro de impunidad. Por eso Chuayffet se adelantó a sus adversarios, creó una crisis artificial, mediática -pero efectiva para sus fines políticos-, que dejó al descubierto, por un lado, a los que conspiraban en su contra, exhibió las deslealtades del madracismo, y aglutinó una importante corriente de apoyo que lo blindó, junto con el candidato presidencial. Y al parecer la jugada le resultó redonda. Pero la guerra apenas empieza. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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