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El Observador
Samuel García
El Universal
Viernes 31 de marzo de 2006
finanzas

Humala, Morales, Chávez. y la inversión

El próximo domingo 9 de abril los peruanos saldrán a las urnas para elegir a un nuevo presidente de la República y a un nuevo Congreso. Son 20 los partidos políticos que han presentado candidatos a la Presidencia, un indicador de la grave fragmentación política que sufre Perú.

Los más recientes resultados de las encuestas reportan que el candidato Ollanta Humala Tasso, del partido Unión por el Perú, encabeza las preferencias del electorado, con 33%, desplazando a la candidata Lourdes Flores, de Unidad Nacional, que se había mantenido al frente de las preferencias de los electores durante buena parte de la campaña electoral. Flores obtuvo 27% de las preferencias en la última encuesta que publicó Apoyo el 27 de marzo y el ex presidente Alan García -de triste recuerdo por su populismo- alcanzó 22%.

De mantenerse esta tendencia, el panorama plantea que habrá una segunda vuelta electoral en Perú antes de conocer al nuevo presidente del país sudamericano.

Ollanta Humala es un ex militar que luchó en contra de la guerrilla senderista y que, posteriormente, se levantó en armas en contra del gobierno de Alejandro Toledo. Ahora con un discurso populista basado en la reivindicación de la población indígena -muy extendida en Perú- y en la estatización de los recursos naturales, Humala se ha ganado a las capas campesinas, pobres, y del centro y sur del país andino.

La estrategia que sigue el ex militar no es novedad en América Latina. Ya Hugo Chávez había hecho lo mismo en Venezuela con tanto éxito que le alcanzó para llegar a la silla presidencial.

Su discurso y sus acciones proclives a las políticas populistas sólo han podido perdurar gracias a la coincidencia de los elevados precios internacionales del petróleo, la principal fuente de ingresos fiscales del país caribeño.

Ahora Chávez se ha convertido no sólo en un referente de las políticas populistas de la región, sino también se sospecha fuertemente de ser el principal impulsor de los movimientos de izquierda radical como el de Humala en Perú, a quien, por cierto, le dio públicamente su apoyo, sin importarle que ello fuera una intromisión en asuntos internos de otra nación.

Lo mismo había ya ocurrido con Evo Morales en Bolivia. La trayectoria del candidato Humala es muy parecida a la de Chávez en sus orígenes militares, de rebeldía abierta y de impulso a políticas populistas entre las clases pobres de sus países. Pero Humala también tiene características compartidas con el ahora presidente boliviano Evo Morales, en cuanto a sus orígenes indígenas y a su discurso económico nacionalista que no se escuchaba en América Latina desde los años 70.

Estos movimientos de izquierda con tintes autoritarios han logrado arraigar su discurso en amplias capas de la población de sus países fundamentalmente por el descontento que existe por los magros resultados en el combate a la pobreza, los elevados niveles de desempleo, el nulo incremento en el ingreso real, la falta de infraestructura social básica y de comunicaciones, y por el aún incipiente desarrollo y arraigo de las instituciones democráticas.

Estas tendencias han comenzado a inquietar, naturalmente, a la comunidad financiera internacional y a los grupos de inversionistas que en los últimos años se asentaron en países como Venezuela, Bolivia, Perú e incluso Argentina.

Hace poco un banco español fue recriminado por las autoridades del Banco Central argentino por haber publicado un estudio sobre expectativas económicas que el gobierno argentino no compartía. Este tipo de actitudes de parte de los gobiernos parecía haber terminado en la región. En Venezuela este tipo de casos ya se han convertido en cuestión de todos los días según narran ejecutivos de empresas asentados en aquel país.

Por lo menos en el caso de Perú el nerviosismo ha comenzado a cundir después de las acciones que Evo Morales está adoptando en Bolivia con la industria energética.

Ayer mismo un analista financiero especializado en asuntos de minería, Tomás Osuna, de Vector Casa de Bolsa, le explicaba a la agencia Prensa de Negocios que el Grupo México -a diferencia de Peñoles- enfrentaba mayores riesgos, entre otras cosas, por sus negocios de minería en Perú dada la posibilidad de que éstos "sean expropiados en caso de que el candidato nacionalista Ollanta Humala gane las elecciones presidenciales en ese país".

Grupo México adquirió la compañía Southern Peru Cooper Corporation, la minera más grande del país andino y una de las más importantes del mundo.

Si bien la globalización es una especie de seguro que castiga, vía los mercados, a los gobiernos que asumen posturas radicales en contra de la inversión; en el corto plazo el contagio de posturas nacionalistas y populistas trasnochadas azuzadas por seudolíderes de izquierda pueden hacer mucho daño al proceso de expansión y de transnacionalización de los capitales en América Latina.

El riesgo Perú, por ejemplo, se ha incrementado en los últimos meses como consecuencia de estas fragilidades institucionales y de la expectativa del arribo de un populista al poder político que amenaza a la inversión. La necesidad de una segunda vuelta electoral y de nuevas alianzas, puede frenar las ambiciones personales de Ollanta Humala de acceder al poder como lo hizo Chávez en Venezuela.

De cualquier manera la amenaza para la inversión y para la continuidad de políticas fiscales y monetarias responsables que tiren por la borda la estabilidad macroeconómica no viene de la social democracia o de la izquierda moderada; sino de los caudillos fugaces que con discursos populistas logran hacer contacto con el abandono y miseria de buena parte de la población.

Sígale la pista.

GRUPO ÁNGELES.- Con la mayor red de hospitales privados, con una de las cadenas hoteleras de mayor prestigio y un contacto directo con miles de potenciales clientes de alto nivel, el Grupo Empresarial Ángeles, de Olegario Vásquez Raña, ha visto en el negocio financiero una gran oportunidad de sinergias.

De allí que está empeñado en conformar un grupo financiero al estilo Inbursa, de Carlos Slim, dirigido a un nicho muy específico de clientela de nivel medio-alto y alto y, sobre todo, convertirse en el brazo financiero de su proyecto empresarial.

El primer paso en ese sentido es la compra del Grupo Financiero Multivalores, que está a punto de concretarse después de que los Vásquez Raña presentaron una oferta por 178.6 millones de pesos por la totalidad de las acciones. Multivalores es un cascarón que tiene atractivo por las autorizaciones de los funcionarios para operar como tal. Posee una casa de bolsa, arrendadora y una operadora de sociedades de inversión. A estas tres empresas el Grupo Ángeles le agregará un banco de reciente creación y la aseguradora La Peninsular, por la que ya ha hecho una oferta.

La red de hospitales del Grupo Empresarial Ángeles es uno de los mayores consumidores de seguros de gastos médicos del país, negocio que atacará con su propia aseguradora. Pero más allá de las naturales sinergias con sus redes de hospitales, hoteles y de comunicación, el grupo financiero en formación también servirá para financiar nuevos proyectos empresariales que se tienen en la mira.

sgarcia@elsemanario.com.mx



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