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Esquina Baja
Paco Ignacio Taibo I
El Universal
Martes 28 de marzo de 2006
cultura

Volvió Juárez

Rescatando desde abajo, irreverente y folclóricamente su figura, el país celebró, y nunca mejor dicho, el segundo centenario del natalicio de Benito Juárez.

A lo largo del 21 de marzo, niños con flores, grupos religiosos con mantas que decían: "Gracias por la libertad de culto", masones, bandas de viento que tocaban la Marcha Zaragoza, grupos teatrales, pintores, mojigangas y ballets, sacudieron al DF en una inusitada celebración.

Se festejó también en la Cueva del Tabaco, donde originalmente Juárez ordenó que se escondiera el archivo de la nación cuando huía hacia el norte.

Las celebraciones llegaron hasta el lugar de natalicio del presidente, San Pablo Guelatao, donde Fox fue silbado por maestros que le reclamaban su poco juarismo, y una tataranieta de Juárez declamó que nuestro actual Presidente no debería haber dado ese discurso, "pues sabido es que no es juarista".

La celebración en la ciudad de México incluyó una fuerte participación cultural.

El Taller de la Gráfica Popular expuso su versión de Juárez y el gobierno del DF exhibió una colección de El Fisgón de la gráfica y la caricatura contemporánea de don Benito.

Actores recorrieron las calles de la ciudad de México con ropa de época y un Juárez sorprendente saludaba a la gente que le gritaba en respuesta: ¡Viva Juárez!

En medio de esto, un grupo de zapotecas se acercó a saludarlo en su lengua.

Sorprende lo inusitado de esta celebración incomprensible en otras latitudes y en otros países.

¿Se imaginan ustedes a los franceses celebrando con fervor a la doncella de Orleáns? ¿O a los ingleses escenificando en público al mariscal Wellington bailando polka?

Porque esto también sucedió en la ciudad de México, donde se recuperó a un Juárez nada tieso, al que le gustaba bailar y que por tanto bailó una polka en el Ángel de la Independencia.

Es digna de mención la exposición de Aceves Navarro, que con una brillante técnica muestra a un Juárez personalizado y totalmente ajeno al de las estatuas de bronce,

Juárez es mucho más que una estatua. Para los mexicanos es la libertad de culto, es la República restaurada, es la separación del Clero del Estado, es el amparo, es los derechos y la legalidad, es la tenacidad ante la adversidad y la agresión del imperio.

Un pueblo capaz de recuperar a sus figuras patrias de esta manera, repleta de gozo y de salud, de irreverencia, amor y fiesta, es un pueblo sano.



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