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Esquina Baja
Paco Ignacio Taibo I
El Universal
Viernes 24 de marzo de 2006
cultura

La fórmula exacta para un martini seco

El doctor Rafael Méndez fue Premio Nacional de Ciencias en México, pero antes fue en España director general de Carabineros por encargo de Negrín. De eso han pasado años y años y en el recuerdo le queda el asombro por sí mismo y por lo que hace de los hombres una guerra civil.

El doctor Rafael Méndez fue, también, un experto en martinis.

Reuní en casa a los dos únicos técnicos en el mundo que dominaban la muy curiosa sabiduría del martini seco que, como bien se sabe, tiene algo de magia.

Luis y Rafael me contemplaban siempre, no sólo como a un ignorante en la materia; sino como a un salvaje que todavía no cree ni en el arte de convertir hierro en oro ni ginebra en martini seco.

Ambos milagros se parecen bastante.

Pero es más sencillo el arte del alquimista que el del creador de martinis, ya que éste se enfrenta con el delicado misterio de entender cómo siendo el vermut elemento sin el cual la ginebra en ginebra se queda, es también el que, a más cantidad, peor martini seco.

Quiere decirse que la abundancia de la materia esencial arruina el experimento.

Luis y Rafael me miraban indignados.

-Jamás harás un buen martini seco.

Ambos estaban de acuerdo y se unía el arte de la cinematografía con la investigación de laboratorio.

Pero en el martini seco no hay un solo misterio, sino varios.

Rafael señalaba:

-La aceituna, que no debe ser rellena en ningún caso, se coloca al final. Y no al principio como tú hiciste.

Retiro la aceituna del vaso y recibo otra reprimenda.

Buñuel: -Ya se fastidió todo. Bajaste la temperatura del cristal.

Y además usas un vaso. ¡Fatal! Se usa copa. Carajo. El hielo debe ser un hielo muy helado, porque también en esto hay matices. Un hielo duro como un brillante, azul y tan frío que no parezca húmedo.

Yo fui aceptando las indicaciones de los dos maestros.

La técnica para revolver la buena ginebra inglesa en la jarra es también delicada; se mueve con ritmo, con una cierta lentitud; nada de brusquedades en este negocio.

-¿Ves? Aprende.

Pero yo no aprendí.

Al final han de caer las gotitas de vermut italiano. ¿Cuántas?

-Oh, qué pregunta tan difícil.

Aquí el maestro Rafael y el maestro Luis tomaron caminos divergentes. Estuvieron a punto de descubrir la minigota de vermut.

Yo propuse que el vermut no se dejara caer en gotas, sino que se aplique con un vaporizador.

Y de pronto los dos alquimistas del vermut seco se miraron estupefactos. Parece que el ignorante encontró, al fin, la solución final.

La vaporización de vermut italiano en el martini seco.



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