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Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
El Universal
Lunes 27 de febrero de 2006
primera seccion

En la picota

La organización que agrupa a las principales y más serias empresas de encuestas, la Asociación Mexicana de Estudios de Mercado y Opinión Pública (AMAI), se encuentra en una crisis que puede hacerla estallar. Acusaciones sin sustento derivadas de la paranoia, denuncias internas y laceraciones públicas contra dos de sus miembros provenientes del equipo de campaña de Andrés Manuel López Obrador, tienen a la organización viviendo uno de los peores momentos en su historia. Pero el problema de los causantes de la crisis, la encuestadora de la campaña Ana Cristina Covarrubias y su jefe inmediato, el polémico y desacreditado Federico Arreola, no sólo están equivocados ante los ojos del resto de los encuestadores sino, para sus mayores pesares, ante miembros prominentes del equipo lopezobradorista.

El problema se originó cuando se divulgó una encuesta del equipo perredista el 27 de octubre, donde López Obrador alcanzaba una ventaja de 20 puntos sobre el segundo lugar. Casi 10 días después, en la clausura del congreso anual de la Asociación Mexicana de Estudios de Mercado y Opinión Pública, Roy Campos, de Consulta Mitofsky, participó en una mesa de debates donde analizó los resultados de todas las encuestas presidenciales. De manera inopinada porque Campos nunca se refirió a ella en su ponencia, Covarrubias empezó a justificar su resultado sin defender, paradójicamente, el dato. Este episodio fue narrado someramente en un texto en este espacio el 25 de noviembre, que motivó una carta de protesta de Covarrubias, que fue publicada días después. Entonces y ahora, carece de razón. En lugar de defender su dato en aquella ocasión, explicó que había sido resultado del contexto en el momento del levantamiento de su estudio. Dijo: la imagen del ex gobernador del estado de México Arturo Montiel estaba "afeada", y el PAN seguía pagando los costos de su elección interna. A todos los presentes se les levantaron las cejas. ¿En lugar de mostrar que el dato obedecía a los propios esfuerzos de López Obrador era resultado de la caída del PRI? ¿Entonces no había subido López Obrador sino caído el PRI? ¿Le ayudó la falta de curación en el PAN? O sea, ¿la elevación de preferencia hacia López Obrador no tenía que ver con él sino con sus adversarios? La misma interrogante apareció en su campaña, donde el propio candidato se mostró contrariado, de acuerdo con personas cercanas a ella, por la forma como Covarrubias no había defendido el dato que lo ponía como un puntero muy lejano. El vocero de López Obrador, César Yánez, la llamó para que explicara su actuación y ella, como en la carta que envió a EL UNIVERSAL, lo negó. Pero le tenían una sorpresa: la trascripción de la mesa. Ahí estaba la nula defensa de su dato y sus palabras sobre Montiel y el PAN. Covarrubias no hizo un recorte de pérdidas, como procedía, sino que denunció ante el Comité de Ética de la AMAI a Campos y a Francisco Abundis, de Parametría, a quienes acusó a hacer presión para que esta última empresa relevara a la suya en las encuestas de López Obrador. En paralelo, Arreola no dejó de denostar en cuanto foro podía el trabajo de Campos y de tratar de desacreditar a toda encuesta que no diera los enormes márgenes de ventaja a López Obrador que había arrojado el estudio que pagó a Covarrubias. Toda esta situación tensó aún más la ríspida relación profesional que están viviendo los encuestadores en esta época electoral derivado de un debate intenso y continuado sobre metodologías, y la preocupación sobre discrepancias en los datos previos al 2 de julio que pudieran afectar al gremio en su conjunto.

La embestida de Covarrubias, cobijada por el tiroteo de Arreola, alcanzó un nuevo estadio la tarde del 10 de enero, cuando el coordinador del Comité de Ética de la AMAI, Eduardo Ragasol, citó a todas las partes a comparecer. Covarrubias insistió en su acusación, mintiendo inclusive al asegurar que Campos había sido la fuente de la información publicada en este espacio. Mintió también al quejarse de que se había entregado la trascripción de la mesa sin haber sido liberada por la Asociación Mexicana de Estudios de Mercado y Opinión Pública, omitiendo el hecho de que la mesa había sido pública y habían asistido varios periodistas, como Alberto Aguirre, quien al no dar crédito a lo que escuchaba de la boca de Covarrubias, fue quien originalmente solicitó la transcripción. Campos, el más agraviado por Covarrubias y Arreola desmanteló los planteamientos de Covarrubias y reviró pidiendo al Comité revisar si no era ella, que acusó sin pruebas e interpretó maniqueamente los hechos, la que merecía ser castigada.

Arreola siguió disparando contra Campos en su búsqueda por desacreditarlo, sin mayor éxito. Campos es un pionero en las encuestas en México mientras Arreola no sabe nada de encuestas. Lo que sí consiguió fue tensar aún más el conflicto en la AMAI donde los directivos de la asociación que en alguna ocasión presidió parecieran estar llegando a la conclusión que, en efecto, ella es quien está mal. Hace una semana y media le pidieron a Campos que ya dejara pasar el incidente, sugiriendo el perdón para Covarrubias. La respuesta, de acuerdo con personas que conocen los detalles de todo el proceso, fue que de ninguna manera, que él sólo estaría satisfecho con una disculpa escrita de la AMAI. ¿Y si no? Lo más probable es que Consulta Mitofsky, la empresa más famosa en México, se retire de la AMAI, lo que obligaría a Parametría, seguramente, a seguir sus pasos por haber sido sujeta de la misma difamación.

La AMAI quedaría en una situación muy delicada. Se irían encuestadores de prestigio por la defensa de una especialista que, empiezan a decir en el mercado, está empezando a mostrar la fatiga del tiempo, y que formó parte de una estrategia de Arreola para golpear al gremio. Peor aún, con Arreola en el umbral de la calle de la campaña de López Obrador, con Covarrubias cuestionada internamente en el equipo del candidato y expuesta públicamente como una mentirosa, ¿está dispuesta la AMAI a pagar todos los costos por cuidar a su ex presidenta? El precio parece demasiado alto, sobretodo, en el contexto, esto sí, de esta elección presidencial.



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