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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Lunes 20 de febrero de 2006 primera seccion |
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MARIO Marín tiene dos obsesiones: el dinero y el poder político. Pero además tiene un sueño: ser presidente de los mexicanos en 2012. Sí, por increíble que parezca, el hombre cuyo lenguaje escuchamos en días pasados -gracias a ilegales grabaciones que una mano anónima hizo publicar- se asume como el "moderno" Juárez, el hombre de origen humilde, indígena, que llega al poder presidencial gracias a sus habilidades y su talento. Hasta antes del pasado 14 de febrero, Mario Marín había cumplido sus dos obsesiones: alcanzar el poder político, gracias a que fue elegido gobernador de Puebla hace poco más de un año, y el poder económico, el que comparte con amigos como Kamel Nacif, entre otros. El ahora motejado como el "gober precioso" se preparaba para su más ambiciosa hazaña: la candidatura presidencial por el PRI. Para ello tejió una red de complicidades, de corrupción y represión de los medios locales, lo cual le permitiría, según sus allegados, convertirse en el "moderno" Juárez. Pero la de Mario Marín no es una historia distinta a la de muchos priístas que hicieron de ese partido político el símbolo de la corrupción y el enriquecimiento desmedido. El "gober precioso" nació a la política como un modesto funcionario de la Secretaría de Gobierno de Puebla, en la gestión de Mariano Piña Olaya. En esos años (1989-1991), Mario Marín fue el encargado de negociar con grupos campesinos que resultaron afectados por la expropiación de poco más de mil hectáreas decretada por Piña Olaya, quien con el argumento de regular el crecimiento de la ciudad de Puebla, convirtió la zona de reserva ecológica en reserva territorial. La expropiación provocó la inconformidad de grupos campesinos, a los que Mario Marín engañó para que su jefe, el gobernador Piña Olaya, hiciera el negocio de su vida, puesto que mientras decretaba la expropiación, se enfrentaba a la entonces Sedeso, que negó la conversión de reserva ecológica en reserva territorial. Mientras se desahogaba el litigio entre el gobierno poblano y la Federación, las mil 84 hectáreas expropiadas fueron vendidas a particulares, entre quienes se encontraba como uno de los más beneficiados nada menos que Kamel Nacif Borge, el empresario textilero por quien se detonó el "escándalo Puebla". Al término del gobierno de Mariano Piña Olaya, llegó como gobernador de Puebla Manuel Bartlett, quien desconoce la expropiación de su antecesor, Mariano Piña Olaya, y le encarga precisamente a Mario Marín la restitución del dinero a los empresarios que habían comprado, a precios inflados, la reserva ecológica. Casi todos los compradores aceptaron el dinero que habían pagado por la tierra expropiada, menos un pequeño grupo que era jefaturado por Kamel Nacif, quien se enfrentó de manera pública al gobernador Manuel Bartlett, al grado de que entre la sociedad poblana corre la versión de que fue precisamente Manuel Bartlett quien le habría pedido a su amigo Pedro Aspe la detención de Kamel Nacif, durante uno de sus viajes a Las Vegas, por evasión fiscal. Luego del incidente, y de que Kamel Nacif pagó sus deudas con el fisco mexicano, decidió devolver las tierras expropiadas y a lo largo del gobierno de Bartlett prefirió el bajo perfil. Pero al mismo tiempo nació una estrecha relación entre Kamel Nacif y el para entonces subsecretario de Gobierno de Puebla, Mario Marín. Hacia el último tercio del gobierno de Manuel Bartlett, Marín decide alejarse de esa administración, y es premiado por el gobernador con una notaría, la que muy pronto pone al servicio de Kamel Nacif, para desde esa alianza estratégica buscar la alcaldía de la capital poblana, una vez que Bartlett había sido relevado en el gobierno estatal por Melquiades Morales. Desde la alcaldía de Puebla, Mario Marín consolida su poder político y económico, al darle forma a un poderoso grupo financiero encabezado por Luis Ángel Casas Arellano, Kamel Nacif y el propio Marín, entre otros, como Mario Montero Serrano, actual precandidato del PRI al Senado de la República. A partir de ese poder político y económico, Marín se impone a Melquiades Morales, gana la candidatura del PRI al gobierno de Puebla, y con un escandaloso despliegue de recursos económicos, finalmente llega al poder. Ya era el "gober precioso". Al mismo tiempo, Nacif extiende su poder económico y su influencia política a gobiernos como Chiapas, Quintana Roo y Guerrero, con sus mandatarios estatales, como Pablo Salazar, Joaquín Hendricks y René Juárez Cisneros; no sólo hace negocios vinculados con el ramo textil, también extiende su influencia al turismo y a los espectáculos. Además entiende el valor económico de financiar campañas a puestos de elección popular. De la extensión de ese poder económico, y del ascenso político del "gober precioso", salió la descabellada idea de que esa mancuerna podía comprar la candidatura presidencial para 2012. Por eso el "gober precioso" y sus socios tenían como una de sus principales preocupaciones la de cuidar su imagen pública. En Puebla, en efecto, no se mueve una hoja del árbol de los medios sin que el "gober precioso" meta la mano. En Puebla está prohibido criticar al prohombre del poder, al "gober precioso", al "moderno" Juárez, no sea que los irresponsables periodistas fueran a cometer esa suerte de "traición a la patria" que significaba entorpecer la carrera a Los Pinos de ese hombre brillante, émulo del Benemérito. Los periodistas, según el grupo político y económico creado en torno a Mario Marín y a Kamel Nacif, son un estorbo, un gremio que debe ser no sólo combatido, sino exterminado -siempre y cuando no acepten ser comprados o silenciados mediante plata o plomo-, porque son un obstáculo para las brillantes carreras políticas de esos prohombres, preocupados por la sociedad. No es casual que en los gobiernos de Pablo Salazar, de Joaquín Hendricks y de René Juárez, los periodistas de Chiapas, Quintana Roo y Guerrero también sean o hayan sido perseguidos. Por lo pronto, gracias a los insensibles periodistas, a esos que no entienden a los prohombres de la democracia mexicana, de los tiempos de la alternancia y la pluralidad, los mexicanos todos hemos perdido al "moderno" Juárez, el hombre humilde, de origen indígena, que con esfuerzo, tesón, inteligencia y talento se encumbraba a las alturas del poder. Y es que la carrera política de Mario Marín, su gobierno nada democrático, autoritario, represor y corrupto, llegó a su fin. Puede seguir al frente del Ejecutivo poblano, pero no será más el gobernador de los poblanos, por más acarreos y recursos gastados del viejo Partido Revolucionario Institucional a que recurra. Y es que todo gobierno que se precie de serlo, y todo gobernante que aspire al mandato ciudadano, requiere confianza y credibilidad. Y el "gober precioso" no tiene ninguna de las dos. Más bien es despreciado por los poblanos. En el camino Y a propósito de la confianza y la credibilidad, crece el número de poblanos, empleados públicos y de la propia Universidad Autónoma, que se quejan de las presiones para apoyar a Mario Marín. ¿Hasta cuándo?, dicen. Pero el escándalo es mayor, la vergüenza mayúscula, porque el rector de la UAP, Enrique Agüero Ibáñez, obliga a todos los universitarios a sumarse a la cargada. Bueno, no todos lo han aceptado, y pronto serán mayoría. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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