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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán
El Universal Domingo 19 de febrero de 2006 primera seccion |
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No es una novedad si recordamos que los políticos mexicanos, y la política muy a la mexicana, viven uno de sus momentos de mayor desprestigio, de menor confianza y credibilidad ciudadanas. En el México de la alternancia, de la pluralidad, de la naciente democracia, los ciudadanos también debemos enfrentar el México del cinismo político, del envilecimiento de la política y, por si hiciera falta, del espectáculo circense y mediático de los procesos electorales, que son el fin último de la política. La política mexicana y sus procesos electorales, vistos a la luz mediática que campea, están muy lejos de la civilidad, de la lucha de ideas, del esgrima de propuestas que supone la contienda democrática a la que aspiramos durante décadas. Y casos como el más reciente de Puebla -pero que fue precedido por escándalos como los del DF y del estado de México-, nos muestran que en los tiempos de la naciente democracia mexicana la lucha por el poder es la misma que en los tiempos de la antidemocrática hegemonía del viejo PRI. Con la única diferencia que ahora, en los tiempos mediáticos, la espectacular lucha por el poder se produce a la luz del día, frente a los ciudadanos. Y por increíble que parezca, luego de muchas décadas de un constante batallar ciudadano por alcanzar un estadio democrático, los políticos, sus partidos, sus gobernantes y sus ambiciones de poder, parecen empeñados en dinamitar los caminos y los puentes sociales que conducen a la vida democrática y civilizada, para regresar al pasado, a los tiempos de la antidemocracia y el envilecimiento de la política. El caso Puebla, con su cínico virreyzuelo Mario Marín, con su prepotente empresario Kamel Nacif, y con la degradación general que provocan las revelaciones de sus afanes persecutorios, nos muestran que políticos, partidos y gobernantes parecen dispuestos a caminar por el rumbo de la antipolítica. Y si existiera un manual para alcanzar la antipolítica, seguramente aconsejaría, por lo menos, los ocho puntos siguientes: Los fisgones 1.- Espionaje. Todos saben que el espionaje, sea político, empresarial, religioso, comercial o de la vida personal, es un delito. Pero la lucha político-electoral, en los tiempos de la democracia, la pluralidad y la alternancia mexicanas, obliga al espionaje como una herramienta fundamental para alcanzar las ambiciones personales y políticas. El del espionaje poblano no fue el único, sino el más reciente caso. En efecto, resultó el más escandaloso, por su rentabilidad político-electoral, pero en días pasados se dio otro caso que más bien fue tomado a chunga. El vocero del PRD, el señor Fernández Noroña, reconoció que su partido y su candidato "tienen espías" detrás del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón. En el ejercicio de la antipolítica mexicana el punto número uno es precisamente ese, el del espionaje. "Espía a tu adversario", aconseja el manual, pues con ello "tendrás la renta" que dan las ilegales escuchas. Queda claro que en México el espionaje es una práctica común, y que esa práctica es una suerte de "mina de oro" para la rentabilidad política. Espiar, antes que proponer, que debatir con ideas, que formular programas, parece la divisa fundamental. 2.- Impunidad. Ante el impactante contenido de las ilegales escuchas, lo importante es la exhibición del espiado, no la obtención ilegal de las grabaciones. ¿Qué institución del Estado mexicano es capaz de descubrir y sancionar a los espías? Ninguna. Más aún, la antipolítica tiene en su génesis una suerte de legitimidad patriótica: "Un espía en cada hijo te dio", reza la versión chabacana del Himno Nacional. Desde Salinas, pasando por Zedillo, por el gobierno capitalino de López Obrador, por el de Vicente Fox y ahora por la contienda presidencial de 2006, el espionaje es una práctica que goza "de cabal salud", ante la impunidad oficial. ¿En realidad es imposible saber quién promueve el espionaje? No es imposible, pero políticamente "es incorrecto". O mejor, "es rentable". El mejor periodista es... 3.- Periodistas incómodos. En los tiempos de la pluralidad, la alternancia, la democracia y las libertades fundamentales, como la de expresión, el manual de la antipolítica coloca a los periodistas como el gremio de los indeseables, como lo peor de la democracia, que todos quieren pero todos parecen combatir. Y si el crimen organizado, y su brazo más violento, el narcotráfico, casi acuñan la célebre: "Haz patria, mata un periodista", virreyzuelos del PRI como Mario Marín, y bichos del empresariado como Kamel Nacif, les perdonan la vida a los periodistas, pero los compran o, en su caso, los reprimen, como en los peores tiempos de la antidemocracia del viejo PRI. El manual de la antipolítica recomienda -práctica que entre otros ejercen alegremente gobiernos como el de Pablo Salazar Mendiguchía- comprar, amenazar y callar a los periodistas, o de lo contrario, perseguirlos con todo el peso del poder bicéfalo, el poder político y el poder del dinero. Y un ejemplo también apareció en las grabaciones del escándalo Puebla. Un periodista de Milenio y de Fórmula apareció implicado, al servicio de Kamel Nacif. El odio contra el mensajero fue eso, uno de los mensajes más ominosos de las grabaciones públicas del caso Puebla. Y es curioso, porque gracias a los medios, a los periodistas, fue posible la alternancia, la pluralidad, la democracia. Pero hoy el manual recomienda comprarlos, o en caso contrario, callarlos; plata o plomo, es la divisa. Y por si fuera poco, en su intento de desagravio, el virreyzuelo Mario Marín se dice víctima de los periodistas de televisión que lo entrevistaron, luego de la vergonzosa conversación que lo exhibió tal cual. Política del cinismo 4.- Políticos cínicos. La antipolítica tiene en el cinismo y la mentira a las mejores cartas de naturalización del político mexicano. Mario Marín dijo que no es suya la voz que aparece en las grabaciones. Luego dijo que quizá se trató de una alteración, y luego que quizá el lenguaje de retrete que todos escuchamos sí sea el suyo. Luego negó ser amigo del empresario textilero, y luego dijo que fue su amigo, pero que ya no es. En el PRI, los cínicos que se han beneficiado del poder salieron en defensa del señor Marín, al que prefieren en el cargo. Pero no son los únicos, porque en medio del escándalo, el señor López Obrador se aventó otra "perla" de cinismo, al justificar a su claque de ex priístas, y a él mismo, al señalar que "la enfermedad de pertenecer al PRI se cura con el tiempo", que él, el candidato presidencial del PRD, "ya se curó". Eso quiere decir que el señor Mario Marín dejará de ser lo que es si con el tiempo se pasa a las filas del PRD, o que dejará de ser lo que todos saben que es si mañana se convierte en militante del PRD y en apoyador de AMLO. El cinismo como cultura política, recomendación del manual de la antipolítica. 5.- Poder y dinero. La "división de los poderes" y la "independencia de los poderes" fueron divisas indispensables para la democracia en México. Durante décadas el PAN doctrinario y la izquierda militante lucharon por esas divisas. Pero el manual de la antipolítica recomienda la conjugación de esos dos poderes para alcanzar el verdadero y real poder; los cargos de elección popular al servicio del dinero, reza la práctica de lo nuevos tiempos. Mario Marín, cuya campaña al gobierno de Puebla fue financiada por el señor Kamel Nacif, es la muestra más visible. Pero no es la única. ¿Qué es, si no sometimiento al poder fáctico del dinero y la popularidad, el encuentro de los tres presidenciables más aventajados, con el imperio de Televisa? ¿No es sumisión a Televisa, de los señores López Obrador, Calderón Hinojosa y Madrazo Pintado, el silencio en torno a la Ley Federal de Radio y Televisión y el encuentro privado, en lo oscurito, con el dueño de ese imperio mediático´. El manual recomienda, a los bisoños de la política, pactar con los poderes fácticos, es decir, con textileros o con los concesionarios de televisión. Regreso al pasado 6.- El acarreo. Si alguien tenía dudas de la regresión que sufre la política y los procesos electorales mexicanos, si se dudaba de que partidos, líderes, candidatos y gobernantes le apuestan a dinamitar caminos y puentes trazados por la sociedad rumbo a la democracia, el mejor ejemplo lo vimos en el caso Puebla. Igual que lo hicieron Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo y otros, luego de sus decisiones criminales contra la sociedad, el pequeño Mario Marín se aventó la puntada de movilizar a las calles a la burocracia estatal, incluida la de la Universidad Autónoma de Puebla, en defensa de su imagen. Grotesca demostración de poder que hizo regresar al México del 2006, el de la democracia, la alternancia, las libertades fundamentales y de la pluralidad, al México de los años 60 y 70. Campesinos, colonos, estudiantes, profesores y catedráticos, burócratas y vendedores ambulantes poblanos que no sabían bien a bien a qué iban, pero que fueron acarreados en apoyo no al gobierno y menos a las instituciones poblanas, sino para limpiar la cara sucia del señor Marín, el virreyzuelo que todo lo puede y todo lo hace. Pero el de Mario Marín no es el único caso. Sí acaso el más escandaloso. ¿Qué no hizo lo mismo, por ejemplo, el señor López Obrador, entonces jefe de Gobierno, luego de la marcha contra la inseguridad, luego del asunto del desafuero? ¿Que no recurrió al acarreo institucional? ¿No que ya se ha curado de priísmo del que dijo fue atacado? ¿Qué no actuó igual que el señor Marín? Siempre oportunos 7.- Los oportunistas. El "librito" le dedica un apartado especial al oportunismo político. Ser oportuno, políticamente, es más importante que ser "políticamente correcto". Y en efecto, luego de los escándalos poblanos aparecieron los oportunistas de siempre. El candidato del PAN, Felipe Calderón, fue el primero en reaccionar contra el barbaján Mario Marín. No se quedó atrás el vocero presidencial. Y tampoco se rezagó el candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador. Más aún, en el Congreso, las bandadas del PAN y del PRD reclamaron de inmediato un juicio político contra Mario Marín, para que dejara el gobierno mientras que se investigaban las truculencias contra una escritora. Felipe Calderón fue más allá: en visita proselitista a Puebla, acudió al Congreso local a reclamar el desafuero, a sabiendas de que se trata de una mera reacción proselitista. Pero el mayor oportunismo apareció en el PRI, en donde el candidato presidencial Roberto Madrazo le dio la vuelta al asunto, hasta que finalmente decidió, ayer sábado, deslindarse del tema. "El asunto ha crecido, debe estar en la Corte para que sea un organismo independiente de la autoridad y la procuración de justicia de Puebla el que revise el asunto". Se deslindó del señor Mario Marín, el hombre que ayer le garantizaba un caudal importante de votos, pero que hoy le resulta un lastre. Pero tampoco se trata de un caso aislado. ¿Qué no se deslindó también ayer, del escándalo de lo jóvenes Bribiesca Sahagún, el señor Felipe Calderón? ¿Qué no se deslindó apenas hace unas horas, de los escándalos Bejarano y Ponce, el señor López Obrador? ¿Qué no se deslindó de su pasado priísta, hace unas horas, el señor López Obrador? ¿Qué no se deslindó el señor Madrazo, también hace unas horas, del escándalo de Arturo Montiel? El "librito" recomienda ser oportunista y mentiroso para alcanzar la antipolítica, el deporte que tiene entretenidos a los presidenciables más aventajados para el 2006. La antipolítica 8.- Complicidades y degradación. Los mandamientos de la antipolítica tienen en la complicidad y la degradación al mayor de los peligros para la contienda presidencial de julio próximo. Lo que exhibieron las grabaciones del escándalo Puebla -escándalo que, le guste o no a los políticos y al gobierno federal en turno, no es más que parte de la lucha político-electoral del momento-, no es más que un adelanto de lo que ya ocurre, de manera soterrada y en lo oscurito, en las campañas presidenciales. ¿Cuántos de los tres más aventajados han pactado con los poderes fácticos, sean reyes de la mezclilla o concesionarios de radio y televisión, sean empresarios de otros ramos? ¿Cuántos de ellos nos van a sorprender el día de mañana con el apoyo a tal o cual grupo empresarial? Hoy nos dicen que no, ni López Obrador, ni Felipe Calderón, y menos Roberto Madrazo. Pero es imposible que cualquiera de ellos, ya no se diga la chiquillería, hayan pactado con grandes grupos empresariales y financieros para financiar sus candidaturas presidenciales. ¿Quién puede creer que Obrador -cuya campaña de financiamiento por teléfono resultó un fracaso, lo mismo que su programa mañanero de televisión-, que Felipe Calderón -cuya campaña hace agua por falta de recursos-, o que Roberto Madrazo -que juntos Montiel y Marín han sido sus principales lastres- no tienen acuerdos como lo que hizo el señor Marín con el señor Kamel Nacif? Hoy nos podrán decir misa, pero en el fondo todos tienen pactos con los grandes grupos empresariales mexicanos que, en el fondo, son los más interesados en lo que pasa en la política y en la sucesión mexicana. La lección es mayúscula, afecta a todos, como la política del ventilador, pero aun así hay muchos que creen que no pasa nada. El tiempo suele dar lecciones fundamentales, y en muchas ocasiones muy dolorosas. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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