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Raymundo Riva Palacio
El Universal Lunes 13 de febrero de 2006 primera seccion |
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En el más absoluto de los secretos, el viernes 4 de febrero estuvo en México el director de la CIA, Porter Goss. No fue un viaje protocolar, como lo hacían titulares anteriores de la agencia en sexenios pasados, sino totalmente de negocios y con una agenda clara y focalizada: narcotráfico, la violencia desatada en la frontera común, y la queja de una inacción del gobierno foxista para contener los embates de la delincuencia organizada. Apenas un día antes de la visita, Washington había enviado el mensaje anticipado a México, cuando el zar de inteligencia John Dimitri Negroponte expresó en términos generales que un gobierno débil permite que el crimen organizado socave al Estado mismo. John Dimitri Negroponte había ubicado a México como uno de los países que más preocupan a Estados Unidos, coronando días de tensión en la relación bilateral con nuestro país por las acusaciones de incursiones ilegales de militares mexicanos a territorio estadounidense. El gobierno mexicano, que había rechazado todo tipo de imputación, encontró en Goss y su información la razón de sus inquietudes. El director de la CIA abrió su visita en una ciudad no lejos ni cerca de la de México con un mañanero encuentro con el secretario de la Defensa Nacional, general Clemente Vega García, a quien expuso, de acuerdo con personas que conocen los detalles de sus conversaciones, la documentación sobre las incursiones de tropas mexicanas en territorio estadounidense, que se calculan en más de 240 en los cinco últimos años. Vega García no aceptó la acusación describieron las fuentes de información, en una sesión que no fue nada tersa. Porter Goss, quien iba acompañado por varios funcionarios de la CIA, le recriminó sutilmente que en toda su gestión no hubiera detenido a militares de alto rango, particularmente generales, involucrados con el narcotráfico, a diferencia de su antecesor, el general Enrique Cervantes, recordó el director de la agencia, quien sí llevó a la cárcel y procesó a oficiales de alto rango. A Vega, quien no tiene buena relación con Cervantes, no le gustó la analogía, y llegó al punto de hacer a un lado el traductor que siempre utilizan los secretarios de Defensa en conversaciones oficiales, para hablar en inglés directamente con sus interlocutores. El director de la CIA, se reveló, no salió contento, en particular porque no han registrado acciones concretas para la detención de los líderes de Los Zetas, el grupo armado formado por ex militares entrenados y salidos de los cuerpos de élite, al servicio actualmente del cártel del Golfo. La misma queja antepuso en su siguiente encuentro con el procurador general de la República Daniel Cabeza de Vaca, quien estuvo acompañado por sus principales colaboradores. La molestia de Washington, expuesta de diferente manera por Goss, estriba en que tras ocho meses de haberles proporcionado la lista de 17 jefes de Los Zetas que viven en el norte del país, no se ha detenido a nadie, y que tampoco se ha llamado a cuentas al ex procurador Rafael Macedo, vinculado con el cártel del Golfo en un informe del FBI conocido públicamente hace un par de meses, y a quien por el contrario, creen, para darle cobijo lo trasladaron de la agregaduría militar en Roma, a la de Bruselas. Después de dialogar con Cabeza de Vaca, Porter Goss habló con el secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, con quien sostuvo una decepcionante entrevista, según describieron las fuentes, por las generalidades con las que se expresó el responsable de la política interna en materia de seguridad. Abascal les causó tan pobre impresión, que la sensación con la que se regresaron a Washington no era sólo su manejo muy pobre del inglés, sino que tampoco estaba muy enterado del problema de seguridad en su conjunto. Goss tuvo mejor momento cuando dialogó con los responsables del Cisen, con quien la CIA mantiene la relación institucional, aunque la parte operativa cotidiana se ha concretado en las últimas semanas con inteligencia militar. De acuerdo con la información sobre la visita de Porter Goss, no hubo mayores problemas con el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), como tampoco con Seguridad Pública, cuyo titular federal fue el último al que vieron. La visita con el secretario Eduardo Medina Mora fue aparentemente la menos problemática, en buena parte porque es a quien más conocen. Como director del Cisen hasta hace poco tiempo, él era quien llevaba la relación formal y operativa con la CIA en México. Con Medina Mora revisó la seguridad en los aeropuertos, en donde tampoco se registraron quejas. La seguridad aérea, en términos de terrorismo, se ha mantenido reforzada, según las fuentes de información, mientras que en términos de narcotráfico, el punto de alarma que mantienen los dos gobiernos se encuentra en el sureste mexicano, en un triángulo en los límites colindantes de Chiapas y Tabasco, que es el único punto donde están aterrizando los cargamentos de cocaína procedentes de Colombia. No se sabe la evaluación final de Porter Goss al regresar a Washington, pero lo insólito de su visita a México no habla de un clima terso para los próximos meses. El viaje secreto fue quirúrgico y al punto, haciendo de lado los conductos diplomáticos. El embajador Tony Garza no fue informado previamente de la visita, y no estuvo presente en ninguna de las entrevistas sostenidas por Goss. Sin saber el humor, ánimo y percepción en Washington, lo que resultó claro de este viaje relámpago es que ni están a gusto con lo que está haciendo el gobierno foxista, ni dejarán de presionar para que hagan algo en contra del narcotráfico. Cansados parecen estar ya de este gobierno, y de varias formas se los hicieron saber aquí.
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