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Ricardo Alemán
El Universal Miércoles 08 de febrero de 2006 primera seccion |
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APENAS el pasado jueves 26 de enero del presente se inauguró, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, el seminario Narcotráfico: investigación y cobertura noticiosa , que organizó en esa ciudad fronteriza la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El diario anfitrión fue El Mañana , en el que se dio a conocer el Proyecto Fénix, un esfuerzo conjunto de editores y periodistas para investigar los crímenes cometidos contra informadores, reiterar la voz de alerta sobre la fragilidad con que periodistas abordan temas de alto riesgo como el narcotráfico, y crear una red de solidaridad y apoyo a los comunicadores en zonas de riesgo. El Proyecto Fénix intenta ser una réplica del grupo que integraron en 1976 periodistas estadounidenses que se organizaron para indagar el crimen del reportero Don Bolles, de Arizona, quien investigaba para el Arizona Republic a las mafias del crimen organizado. En ese 1976 y luego de tres semanas de investigaciones, los periodistas descubrieron los entretelones de la mafia que asesinó a Bolles y a partir de esa información los responsables fueron castigados. En la versión mexicana de esa indagatoria periodística, el Proyecto Fénix -que a su vez surge como resultado de la Declaración de Hermosillo- inició su trabajo con la investigación de la desaparición de Alfredo Jiménez Mota, el periodista del diario El Imparcial, en abril de 2005. Los integrantes del Proyecto Fénix anunciaron que en los próximos días darían a conocer la primera investigación periodística, pero la tarde del pasado lunes, presuntos sicarios del narcotráfico penetraron de manera violenta a las instalaciones del diario El Mañana, de Nuevo Laredo, lanzaron amenazas como: "¡Ahora sí se los llevó la chingada!", al tiempo que dispararon ráfagas de fusiles R-15 y AK-47, e hicieron estallar dos granadas de fragmentación. Los impactos alcanzaron al reportero policiaco Jaime Orozco Tey, quien hasta la tarde de ayer era reportado grave. Pero el inédito y violento ataque ocurrido contra El Mañana -reprobable por donde se le quiera ver- no es el primero. En marzo de 2004 el director editorial, Roberto Mora García, fue asesinado al llegar a su casa, luego del cierre de la edición. A partir de esa fecha, según lo confirma el editorial de El Mañana publicado ayer martes, "el periódico decidió limitar su cobertura", porque desde entonces los periodistas de esa casa editorial "entendimos que la autoridad estaba rebasada por la delincuencia organizada y que no había garantías para los periodistas". "Esto -dice el mismo editorial- nos llevó a tomar medidas como autocensurarnos con temas delicados donde veíamos riesgos, cubrir exclusivamente los hechos, no mencionar nombres de algunos cárteles". El silencio por miedo. Si El Mañana decidió la "autocensura" desde marzo de 2004 para evitar más muertes entre su plantilla de reporteros y editores; ¿por qué el nuevo ataque?, ¿por qué el nivel de violencia?, ¿por qué la demostración de fuerza y de impunidad? El mensaje parece claro: las bandas del narcotráfico y sobre todo los cárteles que operan en la frontera de Nuevo Laredo estarían respondiendo a esfuerzos sociales como la Declaración de Hermosillo y el Proyecto Fénix. Los que fueran enemigos naturales de las bandas criminales, como los cuerpos policiacos y las instituciones del Estado, ya no lo son porque la corrupción y la impunidad las han anulado. Hoy el enemigo de esas bandas parecen ser los grupos sociales organizados para impedir el silencio por miedo; los medios de comunicación, los periodistas, los editores, las empresas de información. Nuevo Laredo es una ciudad fronteriza de 335 mil habitantes, por donde cruzan 6 mil tráileres diarios y las autoridades estadounidenses sólo revisan entre 50 y 60 de ellos. En Nuevo Laredo la violencia del narcotráfico ha dejado, de 2005 a la fecha, 203 personas asesinadas -entre ellas el director de la policía local, asesinado seis horas después de tomar posesión-, 13 policías y un regidor, además de que se ha reportado como desaparecidas a 170 personas, 43 de ellas de nacionalidad estadounidense. Nuevo Laredo es el campo de batalla de los dos más importantes cárteles de la droga. El de Sinaloa, que por un lado encabezan Joaquín El Chapo Guzmán, y por el otro, Osiel Cárdenas Guillén, quien a pesar de estar preso desde 2003 es el jefe del cártel del Golfo, y es quien comanda al temible grupo conocido como Los Zetas, una organización criminal de hombres entrenados por el Ejército mexicano, armados con rifles de asalto, que se pasaron al bando contrario y que son el brazo criminal del poderoso cártel. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) fue el primer grupo social organizado de periodistas para responder, precisamente de manera organizada, al reciente embate de la delincuencia y el narcotráfico contra los periodistas. Los casos de Roberto García Mora y Guadalupe García Escamilla, de Nuevo Laredo; Gregorio Rodríguez Hernández, de Mazatlán; Francisco Arratia, de Matamoros; Francisco Ortiz Franco, de Tijuana; Raúl Gib, de Poza Rica, y Alfredo Jiménez Mota, entre otros, son los crímenes y desapariciones de periodistas que llevaron a la SIP a dar forma a la Declaración de Hermosillo, pactada el 30 de agosto de 2005 precisamente en la capital de Sonora, a propósito de la desaparición del periodista Alfredo Jiménez Mota, de El Imparcial. En esa declaratoria, se acordaron los siguientes pasos a seguir: exigir en los niveles federal, estatal y municipal el esclarecimiento de los crímenes contra periodistas; celebrar seminarios regionales para la capacitación de periodistas y editores en la cobertura de asuntos de alto riesgo e integrar un equipo especial de reporteros de investigación para profundizar en las indagatorias periodísticas de los informadores asesinados, entre otros. La investigación del caso de Alfredo Jiménez Mota fue seleccionada como la primera a realizar, la que sería publicada el 20 de febrero. De la Declaración de Hermosillo siguió el Proyecto Fénix, un seminario en el que se le dio forma al grupo de periodistas investigadores que se comprometieron con un "no al silencio periodístico por miedo". Luego vino el ataque del pasado lunes a El Mañana, un mensaje que confirma la debilidad de las instituciones del Estado frente a la "bestia" que es el narcotráfico, cuyas huellas, "de animal grande", han rebasado por completo al poder institucional, han desbordado la autoridad, su legitimidad y confianza social, y ahora parece ir contra los grupos sociales cuya misión es fundamental: la de garantizar una de las libertades esenciales, la de expresión. El ataque a El Mañana es más, mucho más que un ataque al gremio periodístico, es un duro golpe a las instituciones y a las libertades democráticas fundamentales. Es un intento de silenciar, mediante el miedo, al mensajero. Por eso resulta intolerable que periodistas y empresas del ramo de las entidades donde el narcotráfico ha sentado sus reales sean verdaderos rehenes del miedo, mordaza que debemos combatir con toda fuerza. aleman2@prodigy.net.mx
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