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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal
Domingo 08 de enero de 2006
primera seccion

La historia político-electoral reciente registra dos momentos formidables que marcaron, para bien o para mal, el tránsito a la naciente democracia mexicana: el 1 de enero de 1994, que establece la aparición violenta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y el 2 de julio del año 2000, que registra el final de la hegemonía del partido único, el PRI, en el poder presidencial.

En los dos momentos -en 1994 y en 2000-, ejercer una saludable crítica al zapatismo armado, y cuestionar al naciente gobierno de la alternancia -opinar en sentido contrario a los postulados del EZLN y de su líder Marcos y del carismático Presidente del "cambio", Vicente Fox-, era algo así como ir en contra de la historia; era lo más cercano a cometer un sacrilegio de "lesa congruencia" con las posiciones de izquierda o contra la democracia o, mejor aún, cometer un pecado capital.

Eran tiempos, los de 1994 y 2000, para creer a ciegas y a sordas en las bondades del movimiento indígena armado que reivindicaba las gestas revolucionarias del zapatismo, y eran tiempos para confiar a plenitud en los beneficios de la democracia electoral conseguida después de muchas décadas de una mística lucha opositora. En su momento, ser crítico del EZLN y de Marcos, o del "fenómeno Fox" y de su artífice, el hoy Presidente de todos los mexicanos, era algo así como opinar en contra de las mayorías que, por supuesto, son infalibles.

Nos alcanzó el futuro

Pero el tiempo puso a todos en su sitio. El futuro nos alcanzó como sociedad. Ni el EZLN y su líder, el subcomandante Marcos, resultaron ser lo que un puñado propuso y una multitud se empeñó en creer, ni Vicente Fox y su "cambio" resultaron lo que unos cuantos interesados prometieron y una mayoría esperanzada quiso imaginar. En los dos casos, los de 1994 y 2000, la sociedad mexicana compró un espejismo en el que quiso ver el principio a la solución de todos sus problemas, pero que el tiempo y sobre todo la terca realidad se encargaron de desvanecer.

Hoy, a 12 años de la formidable y aleccionadora aparición del zapatismo chiapaneco que propuso la reivindicación indígena, y del encumbramiento mediático de su líder Marcos, el EZLN y su jefe militar han sido olvidados por esos millones de devotos que abrazaron su causa e ignorados por esas decenas de académicos, periodistas y dizque intelectuales que en las siglas del zapatismo intentaron lavar sus conciencias. Y es que muchos de quienes nutren esos sectores, hoy tienen a un nuevo mesías al que queman incienso, como antaño lo hacían con el EZLN y con el encapuchado de los Altos de Chiapas.

Pero también hoy, a seis años de distancia, lo millones que creyeron en el espejismo del "cambio", en el candidato de la alternancia, en el Presidente de la democracia, olvidan que cerraron ojos y oídos a la más elemental crítica hacia el Fox candidato y luego Presidente de los mexicanos; y hoy también se suman a las muchas voces de quienes lo consideran como el Presidente más inepto, si no es que el peor de los presidentes. Y también en este caso el olvido parece total, porque también en este caso existe un nuevo iluminado al que muchos aplauden, justifican y hasta le celebran sus despropósitos. Como sociedad nos alcanzó el futuro, porque para muchos parece que el pasado no existe.

Fusiles y política

El de la falta de memoria parece ser uno de los grandes y graves problemas de todas las sociedades, incluida la mexicana. Pero a ese problema social hay que añadirle el de la incapacidad de explicar los fenómenos sociales y políticos y, por supuesto, su trascendencia. Acaso por eso valga la pena recordar que el surgimiento del EZLN como expresión social radical, armada, surgió como una expresión desesperada frente al poder avasallante de un Estado dominado por décadas por un solo partido. La guerra que declaró el EZLN el 1 de enero de 1994 fue contra las instituciones del Estado en poder del PRI.

En esa declaración de guerra -para la cual el EZLN y su líder, el subcomandante Marcos, se valieron de la poderosa arma de los medios, nacionales e internacionales-, sobresalía un ingrediente ante el cual pocos podían permanecer ajenos: el de la insultante pobreza de millones de mexicanos, sobre todo indígenas. Esa apabullante realidad, acompañada por un manejo mediático acertado y nucleada con la personalidad de un líder carismático como Marcos, sacudieron al sistema político mexicano ya debilitado por la elección presidencial previa, la de 1988. El EZLN apareció a la luz pública precisamente cuanto el gobierno de Carlos Salinas se preparaba para el continuismo de una política neoliberal que seis años antes había provocado la mayor ruptura que registra en su historia el viejo PRI.

Y uno de los primeros triunfos de esa declaración de guerra del EZLN -por paradójico que parezca- fue precisamente el antecedente de la derrota del PRI en las urnas. Es decir, que al salir el EZLN a la luz pública, el gobierno de Salinas, en primer lugar, y el de Zedillo, en segundo turno, hicieron posibles los cambios en la legislación electoral que para el año 2000 permitieron el triunfo electoral de un partido opositor como el PAN, con Vicente Fox como candidato, y la derrota pactada del PRI. Farsa o no, impostura o no, lo cierto es que la presión que ejerció en su momento el EZLN resultó ser, en el fondo, un factor decisivo para que en el año 2000 se hiciera posible el triunfo de un candidato opositor, que debió ser Cuauhtémoc Cárdenas por las siglas del PRD, pero que por obra y gracia de los errores de la izquierda institucional y los aciertos de un candidato carismático, al final de cuentas fue el candidato de la derecha mexicana.

El EZLN declaró la guerra al Estado dominado por el PRI. Con esa declaración empujó las reformas para un cambio electoral que benefició a la derecha. Pero a final de cuentas, en julio de 2000 el PRI, que mantenía la hegemonía del Estado mexicano fue derrotado en las urnas. Los fusiles -o mejor dicho, la amenaza de los fusiles- hicieron posible un cambio en las reglas electorales. Y la sociedad se valió de esas nuevas reglas para impulsar el cambio que al final de cuentas sacó el PRI de Los Pinos. La guerra contra el Estado dominado por el PRI fue ganada, pero se presentó un pequeño problema. Que según el EZLN el nuevo gobierno y las instituciones del Estado democrático no resultaron muy distintos a lo que habían sido los gobiernos y las instituciones en los tiempos de la hegemonía del PRI.

´La otra campaña´

Cuando el PRI es derrotado en las urnas, cuando algunas de las instituciones del Estado, sobre todo las instituciones electorales, transitan por lo que se conoce como la democracia electoral, desaparece uno de los factores centrales que motivaron la lucha armada del EZLN, el de la democracia. Sin embargo, queda sin resolver el problema central, el del modelo económico, que según el zapatismo armado es fuente y origen de la pobreza. El escenario cambió de manera radical respecto a lo que dio origen al alzamiento del EZLN, ya que la declaración de guerra fue lanzada contra el Estado en manos del PRI, que era visto como la fuente de todos los males.

Pero ante el nuevo esquema de democracia electoral naciente, los estrategas del EZLN percibieron que el problema no era de ausencia de democracia electoral, de que estuvieran en el poder los tricolores, los albiazules o los negroamarillos, el PRI, el PAN o el PRD. No, el problema -otra vez según el EZLN- radica no en la pertenencia partidista del gobierno y tampoco en el funcionamiento y la eficacia de las instituciones del Estado, sino que el problema está en el sistema político mexicano; en la forma de hacer política, que se basa en acuerdos de camarillas y en pactos de poder, sin tomar en cuenta a los ciudadanos, que son la base y la razón de ser del Estado y de la democracia.

No hay duda que el EZLN cometió muchos errores políticos, tácticos y estratégicos. No hay duda de que en el EZLN y en su líder Marcos hay mucho de fantasía, de venta mediática, de ilusionismo, pero tampoco hay duda de que el del zapatismo chiapaneco es un movimiento social y político con una profunda y real preocupación de cambio. Por eso el cambio en la estrategia. Si en 1994 la declaración de guerra militar fue contra el Estado dominado por el PRI, en 2006 la declaración de guerra tendría que ser política. En 1994 el enemigo a vencer era un grupo en el poder, el grupo que dominaba a través del PRI todas las instituciones del Estado. Y en 2006 el enemigo a vencer era, es, el sistema político todo; sobre todo el sistema de partidos. Por eso la respuesta debía ser política.

"La otra campaña" y la embestida del EZLN y de su jefe militar y político Marcos contra Andrés Manuel López Obrador, contra Roberto Madrazo y contra Felipe Calderón, no es una embestida contra uno en particular, no es contra un partido o un candidato, sino contra todo el sistema de partidos, sistema que es fuente y origen del poder, de la corrupción, del modelo económico y, por supuesto, del sistema político todo. "La otra campaña" y la crítica a los partidos, a los candidatos, y al sistema político en general, es precisamente parte de esa "otra declaración de guerra".

Si el EZLN y Marcos están contra el sistema político todo, y si su mensaje es precisamente contra los partidos y contra los candidatos, nadie que apele a la congruencia puede esperar que el EZLN proponga participar en ese sistema político, sea como partido o con candidatos a puestos de elección popular. Y si la "otra declaración de guerra" que supone la Sexta Declaración es contra el sistema político, nadie puede suponer que el EZLN y Marcos propongan apoyar al PRD y a su candidato Andrés Manuel López Obrador -que no es más que más de lo mismo-, por más que se digan de izquierda.

Siempre los pobres

En el fondo subsiste el problema de origen: el de la pobreza, que debe ser atendido -de nueva cuenta según el EZLN- no sólo mediante el cambio de modelo económico, sino a través de la instauración de un nuevo sistema político. Por eso los dos ejes rectores de "La otra campaña" que impulsa el EZLN y que encabeza su líder mediático Marcos, son contra el capitalismo, contra la economía de mercado, todo esto impulsado a través del instrumento ideológico de la izquierda. ¿Que parece una locura esa propuesta? No hay duda, pero se trata de una estrategia que en el fondo tiene un profundo sentido social y político. Es decir, que la sociedad retome su papel de origen, que no está en el de ser parte de las instituciones del Estado, y tampoco como parte del sistema político. Está en el papel de ser la razón de ser del Estado y fuente de la democracia.

Queda sin resolver, sin embargo, una de las grandes contradicciones que plantea la estrategia que detrás de "La otra campaña" propone el EZLN. ¿Cómo modificar la Constitución, como lo propone el zapatismo, si se combate al sistema político, al sistema de partidos? Todos saben que en un Estado democrático las instituciones son las encargadas de darse las leyes que reclama la sociedad. Y si la sociedad reniega del sistema político y de instituciones como los partidos y como las encargadas de conducir y garantizar los procesos electorales, cómo se podrá reformar la Constitución, como lo proclama el EZLN.

El zapatismo se propone crear un movimiento nacional contra la pobreza, contra el capitalismo, por la reivindicación de los derechos y la cultura indígenas, de los pobres, a favor de los que nada tienen, de los sin techo... En términos generales se propone crear un gran movimiento -por utópico que parezca y por increíble que se antoje- cuya fuerza, presencia e influencia sea capaz de modificar las formas de hacer política. Y puede parecer una locura, un despropósito, pero la verdad es que esa es una experiencia ya superada por el EZLN. Ya señalamos arriba que uno de los primeros éxitos del zapatismo fue, precisamente, que al aparecer como grupo armado hicieron posibles las reformas al sistema electoral que movieron la legislación a favor precisamente de la democracia electoral.

Con los fusiles hicieron posible, junto con la sociedad toda, ese cambio fundamental. No resulta descabellado que con la organización social y política logren modificar las reglas del sistema político, las formas de hacer política.

Por lo pronto la "nueva campaña", sea o no una vacilada, en el fondo tiene una carga político-electoral que no será ignorada por ninguno de los actores políticos, y menos por los que se dicen de izquierda, que engañan a muchos que en 1994 creyeron en el EZLN y en 2000 se dejaron engañar por el "cambio" que prometió Vicente Fox. Al final de cuentas quienes mandan, en toda democracia, son los ciudadanos. Al tiempo.

En el camino

Se ventila en la Comisión Permanente la ratificación de la magistrada Silvia Eugenia Díaz Vega, al Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa. Lo que no saben o no quieren saber los legisladores es que Samuel Ramírez Moreno, esposo de la magistrada, es uno de los principales litigantes fiscalistas mexicanos.

aleman2@prodigy.net.mx



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