![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Itinerario Político |
|
Ricardo Alemán El Universal Martes 27 de diciembre de 2005 |
|
|
|
EN el tablero político electoral del candidato presidencial del PAN aparecen parpadeantes un conjunto de focos rojos que le advierten serios riesgos y que deberán ser desactivados si es que Felipe Calderón Hinojosa y su equipo de colaboradores no quieren entrar a un tobogán de desprestigio y descrédito frente al electorado en los meses por venir. El más peligroso de esos focos rojos tiene su origen en la casa presidencial, en donde los huéspedes de Los Pinos, desde el presidente Fox, pasando por su esposa, la señora Marta Sahagún y, por supuesto, los hijos de ésta -que son los hijastros del jefe de las instituciones y los empresarios más exitosos del sexenio-, aparecen ante los ojos de sectores amplios de la opinión pública como presuntos responsables de traficar con influencias, lo que podría costar caro a las ambiciones presidenciables de Felipe Calderón. Otra potencial amenaza aparece en la Secretaría de Gobernación, en especial en la oficina donde se maneja el Fondo de Desastres, en donde la señora Carmen Segura dejó malas cuentas y el escándalo podría convertirse en una bola de nieve para el presidenciable de Acción Nacional. Pero no es todo, hay gobiernos estatales como los de Yucatán y Morelos, entre otros, en donde locuaces panistas llegaron al poder amparados sólo en el "fenómeno Fox", pero que a la distancia son más bien un lastre para cualquiera que desde las filas de Acción Nacional pretenda ser presidente de los mexicanos o gobernador de esas entidades. Calderón Hinojosa parece obligado a conseguir un poderoso antídoto que lo haga no sólo invulnerable a los escándalos que en los meses que vienen se desatarán en torno al gobierno de Vicente Fox -bicéfalo gobierno que tiene a la señora Sahagún y a sus hijos metidos en el presunto tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito-, sino que deberá establecer ante la opinión pública una clara línea divisoria entre su candidatura presidencial por Acción Nacional y el "gobierno del cambio". Si no se deslinda de los escándalos que tienen atrapada a la familia presidencial, a panistas como Carmen Segura, y a gobernadores como los de Yucatán y Morelos, la de Calderón será una candidatura más. O si se quiere, Calderón será más de lo mismo. En el primer caso, quedó claro para todos que la tramposa cancelación de la comisión que en San Lázaro investigaba el presunto tráfico de influencias de los jóvenes Bribiesca Sahagún, no fue más que una negociación política entre el PAN y el PRI, en donde las partes resultaron gananciosas de manera mutua. Esto es, que a cambio de que se cancelara la comisión de diputados que investigaba los aparentes abusos de los hijos de la señora Sahagún, el PRI maniobró para que, en un trueque político, también se suspendiera la indagatoria sobre la escandalosa fortuna de la familia Montiel, cuya caída en desgracia arrastró a Roberto Madrazo. Pero si bien en una votación inédita e inexplicable los diputados operaron una maniobra de "fantasía" para que la comisión Bribiesca Sahagún desapareciera -maniobra que consistió en que el PAN votó a favor de desaparecer la comisión, mientras que el PRI se abstuvo y el PRD votó en contra-, lo cierto es que el PRI y el PRD sólo transfirieron el caso a otra comisión legislativa, desde donde ya empezaron una guerra de filtraciones que deja al descubierto el cochinero que se habría estimulado desde la casa presidencial para favorecer a los hijos de la señora Marta Sahagún. El escándalo no es una asunto menor, pues involucra tanto a las secretarías de Gobernación, Comunicaciones y Transportes, Relaciones Exteriores e incluso a la de Hacienda, en una presunta red de complicidades tejida para favorecer económicamente a los "hijos del sexenio". ¿Qué hará Felipe Calderón ante estos escándalos, sobre todo aquellos que involucran en actos de corrupción a Pemex, Hacienda, a la Dirección de Aduanas, a favor de los hijos de la señora Sahagún? Está claro que desde Los Pinos se ha utilizado todo el peso del gobierno, incluso el peso del Estado, para esconder el cochinero. Pero también es claro que los adversarios de Calderón utilizarán ese escándalo para el desprestigio del abanderado del PAN. Ya en su momento Calderón se desmarcó, aunque de manera tenue, del otro conflicto de corrupción que se descubrió en el Fondo de Desastres que presidía la panista Carmen Segura. Pero ese tampoco es un caso cerrado, porque para efectos político-electorales tiene aún mucho que dar, y los candidatos presidenciables del PRD y del PRI no lo dejarán morir, en tanto arma para desprestigiar al panista. En los dos casos, y en los que seguramente aparecerán a partir del mes de enero y en toda la contienda formal, Calderón está obligado a un deslinde claro y contundente, si no quiere aparecer como un candidato que simula ser diferente al gobierno de Vicente Fox, cuando en realidad solapa a ese gobierno. Y sin duda que no es una decisión fácil, pero tampoco hay duda de que se trata de una decisión necesaria, ineludible. Y es que en apego al discurso de congruencia que entre el panismo doctrinario y adherente lo hizo candidato del PAN -a despecho del poder bicéfalo que se hospeda en la casa presidencial-, y en abono a los nuevos simpatizantes que de todo el espectro ideológico espera captar el michoacano en su ambición presidencial, parece ineludible que tarde o temprano Calderón tendrá que deslindarse del gobierno de Vicente Fox, del propio Presidente saliente, de la esposa de éste y de los hijos de ella. ¿Por qué? Primero por elemental congruencia. Y segundo porque en la cultura política de antropófagos -que opera en México y en todo el mundo-, Calderón sólo pasará la prueba de los electores -o sólo será aprobado por el conciente colectivo-, sí y sólo si establece su propio territorio, su propia marca, su jerarquía y si se impone al "rey viejo" como real jefe de la manada, como real presidenciable por el PAN. En política, y en la lucha por el poder -como también ocurre en la sociedad de los felinos mayores-, todo aquel que aspira a ser el jefe de la manada debe desaparecer toda herencia del "rey viejo". Ya lo hizo con Cárdenas, en el PRD, el aspirante a jefe de esa manada identificada con la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien aniquiló políticamente al "rey viejo" y a su prole. En esa lógica del poder, de la lucha por establecer una nueva jerarquía en Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa deberá aniquilar políticamente al "rey viejo", a Vicente Fox y a su prole. Deberá establecer un claro deslinde político, ante los ojos de todos, del gobierno saliente, un gobierno que además no lo veía como el heredero natural. De lo contrario, no ganará el reconocimiento y el liderazgo que lo conviertan en el "nuevo rey". De lo contrario, seguirá imperando la hegemonía del "rey viejo", un jefe que a los ojos de muchos es un jefe sin garras y sin dientes, un verdadero "rey viejo". En el camino Es probable que para algunos la metáfora sea excesiva. Puede serlo, pero la historia político-electoral así lo ha demostrado. En las manadas de leones, por ejemplo, un macho joven disputa el liderazgo al "rey viejo". Cuando lo vence, mata a toda su prole, y se inicia un nuevo ciclo, el del nuevo rey. ¿No es esa la historia sexenal mexicana? aleman2@prodigy.net
|
|
© 2007 Copyright El Universal-El Universal Online |