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Juan Domingo Argüelles
El Universal Domingo 04 de diciembre de 2005 |
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A raíz del éxito que en los años 80 alcanzó en español el escritor checo Milan Kundera (Praga, 1929), con novelas tan espléndidas como La broma, La vida está en otra parte, El libro de la risa y el olvido y, sobre todo, La insoportable levedad del ser, no fueron pocos los que pretendieron restarle méritos poniéndolo al nivel de un simple autor de best-sellers. Pero Milan Kundera demostró entonces, y ha seguido demostrándolo, que es algo más que eso; que es uno de los mejores escritores entre los siglos XX y XXI y que, como lo cree Harold Bloom, La insoportable levedad del ser (1985), una de sus obras maestras, tendría que estar al menos dentro de la profecía canónica de esta edad caótica: una novela más que memorable. Narrador extraordinario, que jamás ha menospreciado su inteligencia ni la de sus lectores, y que tampoco jamás los ha aburrido, Kundera es autor también de El libro de los amores ridículos, La inmortalidad, La despedida, La ignorancia y La lentitud, así como de una pieza entre teatral, narrativa y ensayística en tres actos, como homenaje a Denis Diderot: Jacques y su amo. Pero Kundera es también un brillante teórico sobre la novela y el arte de narrar, dejando constancia de ello en sus libros reflexivos El arte de la novela, Los testamentos traicionados y, muy recientemente, El telón (México, Tusquets, 2005, colección Esenciales), un Ensayo en siete partes que examina lúcida y apasionadamente la historia y el desarrollo de la novela en el mundo occidental o lo que, de otro modo, el propio Kundera denomina el teatro de la memoria de esta invención humana insuperable que es la novela dentro de la modernidad. Si bien es cierto que en El arte de la novela y en Los testamentos traicionados, el escritor checo ya había dado muestras de su talento ensayístico refiriéndose a las obras y los autores que lo apasionan y lo mueven a la reflexión (Cervantes, Kafka, Broch, Nabokov, Proust, Joyce, Chejov, Musil, Rabelais, Flaubert, Faulkner, etcétera), en su nuevo libro, El telón, regresa a sus pasiones y sistematiza sus ideas respecto del arte de novelar. En El telón, las siete partes y las más de 70 subdivisiones del ensayo responden a las preguntas que se formula alguna vez todo novelista (sea bueno o malo) y tratan de responder también a las interrogantes de los lectores. Entre ellas, los conceptos de continuidad, el alma de las cosas, la estética, la memoria, el olvido y, como centro de todo, ¿qué es un novelista y qué diferencia hay entre él y un poeta o un dramaturgo? Si en El arte de la novela Kundera había definido a ésta como "la gran forma de la prosa en la que el autor, mediante egos experimentales (personajes), examina hasta el límite algunos de los grandes temas de la existencia", ahora en El telón el escritor añade que "toda novela creada con auténtica pasión aspira de un modo natural al valor estético duradero, lo cual quiere decir que aspira al valor capaz de sobrevivir a su autor". Y concluye que el novelista y su obra son una misma y única cosa, pues el novelista es el único dueño de su obra, noción moderna que, por lo demás, como bien lo advierte Kundera, le debemos sin ninguna duda a Cervantes que fue el primero en defender, desde su propia gran creación (El Quijote), su derecho de autor como derecho inalienable. En El telón, otra vez regresa Kundera a sus obras y autores preferidos, y otra vez regala a los lectores páginas de espléndida reflexión apasionada, llenas de inteligencia y emoción. Quien desee saber algo más sobre la novela no debe dejar de leer el más reciente libro de este gran escritor. Escritor |
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