Formato de impresión patrocinado por


Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Martes 29 de noviembre de 2005



PRD: salto al vacío


HAY manos interesadas, en el Partido de la Revolución Democrática, en colocar a esa formación política al borde del abismo, en espera de un suicida "salto al vacío". Por lo menos esa es la percepción de un influyente sector de ese partido que descubrió y ya lo denunció ante el actual jefe de Gobierno capitalino, que luego del "lineazo" de Andrés Manuel López Obrador en favor de Marcelo Ebrard expresado el pasado jueves en una entrevista periodística, miles de promotores de por lo menos cuatro secretarías del GDF ya hacen proselitismo a favor del delfín del candidato presidencial único.

Y es que la disputa por la candidatura a jefe de Gobierno del PRD ya rompió las fronteras de una contienda local, para convertirse en un dilema de carácter nacional para la llamada izquierda institucional, que ve con asombro y preocupación el desmantelamiento no sólo de la estructura del PRD, sino el abandono de sus principios y la sustitución de ambos, estructura y principios, por una masa social amorfa en donde el poder es la divisa fundamental. Con las llamadas "redes ciudadanas" de AMLO, se vacía al PRD de sus cuadros y valores fundamentales, en tanto que los espacios son ocupados por lo peor del PRI, del PAN y del oportunismo político en general.

Contra lo que muchos suponen, en la elección interna del PRD para seleccionar a su candidato a jefe de Gobierno, prevista para el 4 de diciembre, se juega mucho más que la postulación al segundo cargo más importante de elección popular: el de jefe de Gobierno del DF, sino que está en juego la sobrevivencia del PRD como el partido de la izquierda institucional; la candidatura presidencial de AMLO; la permanencia en el partido de cuadros fundamentales como el de Cuauhtémoc Cárdenas y muchos otros y, sobre todo, la confianza y la credibilidad ciudadana en un proyecto político que nació como un partido distinto al PRI y al PAN, como una "revolución democrática" y que, sin embargo, de manera acelerada se convierte en el "basurero" de la política.

El escenario de la compleja elección interna del PRD capitalino, de la que debe salir el candidato y casi seguro jefe de Gobierno en una elección abierta es decir en la que pueden participar todos los ciudadanos, afiliados o no al PRD, sufrió un vuelco a la antidemocracia, hacia la cultura de la imposición y al fracaso del mayor esfuerzo partidista de la izquierda mexicana por democratizar la vida nacional, cuando AMLO, el candidato presidencial único, declaró públicamente el pasado viernes lo que todos sabían, pero que todos negaban incluido López Obrador, que Marcelo Ebrard es el candidato que AMLO pretende imponer al perredismo y a los habitantes del DF.

Y si bien en la política mexicana no es nueva la cultura de la antidemocrática imposición de candidaturas a puestos de elección popular y cuyo rechazo fue una de las banderas de la vieja izquierda mexicana que repudiaba precisamente que los presidentes en turno designaran a voluntad a su sucesor, en la actualidad esa práctica es repudiada por los ciudadanos en general. Ejemplos sobran. Los mexiquenses rechazaron a la candidata impuesta por AMLO, Yeidckol Polenvski, como candidata del PRD al gobierno del estado de México; los panistas rechazaron la imposición presidencial de Santiago Creel y le dieron la victoria a Felipe Calderón, y apenas el pasado domingo el panismo de Guanajuato le dio la espalda al candidato del Presidente al gobierno estatal, Javier Usabiaga, quien fue derrotado por el senador con licencia Juan Manuel Oliva.

Y si hacían falta evidencias de lo pernicioso que resulta para un candidato presidencial la pretensión de imponer a su "favorito", basta con recordar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en 2000, que perdió una importante porción de credibilidad y confianza cuando "el ingeniero" impuso a Amalia García como dirigente del PRD, sobre Jesús Ortega, en la primera mitad de 1999. En esa ocasión, García y Ortega competían por la presidencia del partido, en medio de una feroz batalla entre los grupos del perredismo. Una primera elección terminó en un "cochinero", que ameritó una segunda consulta, en donde las cosas no resultaron mejor. Al final Amalia García fue ungida como presidenta, mientras que el presidente saliente, AMLO, se "lavó las manos" y se fue, primero a Tabasco, y luego buscó ser jefe de gobierno por el DF.

¿Qué pasará el lunes 5 de diciembre, si en la elección interna se comprueba que el GDF metió las manos, que se impulsó una elección de Estado, y si el candidato resulta ser Ebrard? El escenario se antoja como catastrófico, porque el PRD habrá dado un salto al vacío, porque se abrirá la puerta a la salida de Cárdenas y de muchos otros, y los liderazgos regionales serán empujados a reformular la candidatura presidencial de AMLO. Si la candidatura a jefe de Gobierno queda en manos de Ebrard, las dos más importantes posiciones a puestos de elección popular, la presidencial y la del gobierno del DF, habrán quedado en manos de Manuel Camacho y su grupo, en tanto que el PRD, la izquierda institucional, habrá sido despojada no sólo de su proyecto histórico precisamente por aquellos a los que por años combatió esa izquierda, sino de las dos más importantes fuentes de poder. ¿Quién en el PRD, en esas circunstancias, estará dispuesto a seguir en la lucha? Ese es el riesgo.

López Obrador cometió un gravísimo error al "mandar la línea" de manera pública de que su "preferido" es Ebrard, al estimular el uso de recursos públicos para favorecerlo, porque con ello exaltó los "anticuerpos" de esa izquierda institucional que de por sí ya se siente despojada de la candidatura presidencial y que ahora aparecerá como una izquierda burlada. Pero si presiona para que desde el gobierno de Alejandro Encinas, secretarías afines a Ebrard sigan promoviendo al preferido de AMLO, le estará apostando a una incontenible "guerra civil" entre los grupos del partido al que le debe todo. El candidato único del PRD juega con fuego, le pone una pistola a la cabeza de su partido, y habrá jalado el gatillo si insiste en convertir las del domingo próximo en unas elecciones de Estado que lo favorezcan. El riesgo es mayor, del tamaño de la regresión antidemocrática a la que se intenta llevar al PRD por las ambiciones de poder de AMLO.

Lo saludable sería que Andrés Manuel y el gobierno de Alejandro Encinas saquen las manos del proceso interno, si es que les queda una pizca de razón y de congruencia partidista, de lo contrario estarán cavando no sólo la tumba del PRD, sino la suya propia. Al tiempo.



En el camino

Y a reserva de regresar al tema, resulta ejemplar el "descontón" que le aplicaron los panistas de Guanajuato al presidente Fox. En la elección del candidato a gobernador de esa entidad, los militantes de Acción Nacional echaron "a patadas" al "candidato del Presidente", el señor Usabiaga, que no es más que un oportunista de la política.

aleman2@prodigy.net.mx



© 2007 Copyright El Universal-El Universal Online