Productividad y transformación

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: so...
Más de Macario SchettinoJueves 07 de julio de 2011
Un buen ejemplo de esto es el espejo: puesto que nuestro envejecimiento es lento, no lo percibimos, y nos vemos siempre iguales en el espejo… hasta que tenemos la mala fortuna de ver una foto. De golpe nos enteramos que ha ocurrido una transformación.
Algo así ocurre con la vida social, que se mueve con lentitud, y por eso mismo no alcanzamos a entenderla bien. Nos parece como si todo siguiese igual, y es sólo cuando podemos ver una foto antigua que nos damos cuenta de cuánto ha cambiado todo. Y al decir foto me refiero a una instantánea, que puede ser una imagen o puede ser un conjunto de datos. Y si en lugar de una sola foto podemos ver una secuencia de ellas, la transformación empieza a tomar sentido.
Le comento todo esto no porque me haya entrado la nostalgia, sino porque algunos comentarios al artículo del martes pasado me hicieron pensar que no estamos entendiendo la transformación en que estamos, y por lo mismo no somos capaces de imaginar el futuro con alguna claridad. O mejor, hay muchos que no están entendiendo el presente, y por eso el futuro que imaginan es absurdo.
Permítame usar como ejemplo de la transformación la manera en que nos ganamos la vida. No voy a usar datos de México, sino de EU, porque ese país sigue siendo el más productivo del mundo, y en muchos aspectos sigue siendo el que fija la dirección en que se mueve la economía. Ni Japón, ni Europa, ni China o India han logrado desbancar a los estadounidenses de ese lugar.
Cuando empezaba el siglo XX, había en Estados Unidos 29 millones de personas en edad de trabajar (que entonces significaba mayores de 10 años). La gran mayoría se dedicaba a la producción directa: 20% eran granjeros, 18% trabajadores en las granjas, 11% eran artesanos, 13% obreros (operativos, les llaman) y 13% trabajadores no agrícolas (pero tampoco obreros). En la suma, 73%. Para 1980, esta misma suma apenas superaba 34%, porque entre granjeros y trabajadores de granjas sumaban nada más 3%, artesanos alcanzaban 13%, obreros 14%, y el resto de trabajadores no agrícolas no llegaba a 5%.
De 1900 en adelante la cantidad de personas dedicadas a la agricultura en Estados Unidos se ha reducido continuamente. En el último dato que tiene el CIA Factbook, la población dedicada a las granjas, caza y pesca en Estados Unidos suma 0.7% en 2009. Si alguien quiere estadísticas para hablar de abandono del campo, ahí las tiene. Pero, claro, no hay que olvidar que en ese mismo lapso la producción agropecuaria en Estados Unidos se ha multiplicado: no sólo logran alimentar a una población más de cuatro veces mayor en su propio territorio, sino que incrementaron sus exportaciones 8 veces durante el siglo. (http://www.ers.usda.gov/publications/eib3/)
El punto máximo de la agricultura en Estados Unidos, como actividad económica más importante, es en la década de 1910. A partir de 1920 empieza a ceder terreno a la industria, que para la década de 1950 alcanzará su máximo. En esa década, el 20% de las personas ocupadas en Estados Unidos era obrero, mientras que el grupo de artesanos, obreros, y otros no agrícolas sumaba 40%. Hoy el primer grupo apenas supera el 7%, mientras que en el conjunto suman 20% de la población. Pero hoy la industria estadounidense produce 6 veces más que en 1950.
Viene entonces el momento de oro de otra actividad: la administración, que para 1970 alcanza su máximo: casi 18% de la población activa se dedicaba a funciones administrativas y de oficina, que para 1980 se había reducido a poco más de 17%, y para mediados de los 90 era 15%. Posiblemente esté ahora rondando 10%, ya que en el último dato esta actividad viene agrupada con ventas, que representaba 7% en 1970, 9% en 1980, 12% para mediados de los 90, y ahora en la suma con los administrativos alcanza 24%.
El momento actual en EU parece ser el de las actividades con gran capital humano: profesionales y directivas. En 1900 estas dos representaban 10% de la población, y alcanzaron 17% para 1950. En 1980 eran ya 27%, y casi 31% a mediados de los 90. En el último dato, alcanzan 37% de la población.
Y aquí aprovecho para recordarle un tema del que ya hablamos hace tiempo: desde inicios de los 70 hay una mayor diferencia en los ingresos de los estadounidenses que tienen estudios profesionales comparado con quienes sólo terminan preparatoria. Note usted que la proporción de personas ocupadas en actividades profesionales y de dirección se ha incrementado en 15 puntos de 1970 a 2009, que es más que el incremento ocurrido de 1900 a 1970. Esta mayor demanda de personal para estas actividades, junto con una oferta estancada (no crece el número de estadounidenses con estudios profesionales, como porcentaje de la población), puede ser una explicación de ese diferencial creciente en ingresos.
Como puede usted ver, hubo momentos de auge de cada actividad: el campo en 1910, la industria en 1950, la administración en 1970, y en tiempos recientes eso que llamamos “actividades profesionales”. Sin embargo, aunque esas actividades generan cada vez menos empleo, resulta que producen cada vez más. A eso se le llama productividad. Y no hay una receta única para ese proceso, porque es muy diferente lo ocurrido con la agricultura, la industria o la administración.
Lo que sería muy útil que aprendiéramos es que el empleo no es medida de éxito económico, y que no hay actividad económica alguna que podamos calificar de estratégica o fundamental. Todo depende del momento y de las condiciones. El empleo tiene muchas virtudes en términos sociales, pero no en términos económicos. En este segundo asunto, lo relevante es la productividad, que por sí misma significa menos empleos. No suena bonito, pero así son las cosas… seguiremos con el tema.

