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Columna Invitada | Jorge Alejandro Medellín

La Charola, El General, La Barbie



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Jueves 02 de septiembre de 2010
1 comentarios | 193 lecturas

 

En los años de ascenso de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, en la organización de los hermanos Beltrán Leyva, la investigación militar en torno al cártel de Sinaloa y sus actividades en el DF daba luces  para lograr  resultados esperados, que nunca se produjeron.

Cosas extrañas ocurrieron entre 2003 y 2005. Un episodio basta para dar una idea de las complejas relaciones del narco y el poder.

A finales de 2003, un equipo especial de policías capitalinos dedicado a enfrentar bandas de asaltantes de tráilers que operaban en la periferia de la ciudad, se topó cierta madrugada con un peculiar operativo denominado Centurión o Centauro.

Este  consistía en detener camiones de carga que luego aparecían registrados con otros nombres, desmantelados o bien, eran reutilizados para mover droga y gente hacia el norte del país.

La madrugada de un martes cercano a noviembre, uno de los altos mandos policiales del DF recibió la llamada de un jefe de sus células de inteligencia para decirle que había problemas.
—¿De qué se trata, qué ocurre?, contestó el jefe.
—Es que agarramos a unos güeyes, al parecer pesados, acá por el oriente…
—¿Y?
—Es que…se nos pelaron…
—No me chingues, contestó el jefe y  se trasladó con varias patrullas a donde estaba su gente.

El operador de mando policiaco le dijo que sorprendieron a unos tipos atracando un camión, que al verse rodeados uno de ellos, al parecer el cabecilla del grupo, se  acercó y tras identificarse como  comandante,  mostró  oficios sellados que justificaban los operativos de revisión a transportistas.

¡Somos compas, espérense!, dijo el tipo y les mostró entonces una credencial de la Sedena firmada por el general Gerardo Clemente Ricardo Vega García. Les dejó  los originales y copias de los papeles  que amparaban la colocación de retenes y la revisión de tráilers.

Luego pidió que lo esperaran, “que iba por su licencia a la camioneta… y se peló, salió hecho la madre”, le dijo su hombre de confianza al mando de la SSP local.

El mando de la SSP elaboró oficios, cartas y documentos de seguimiento que entregó a la Sedena para notificarle lo ocurrido. También le mandó al general Vega García la credencial original y los documentos supuestamente expedidos por la dependencia.

El funcionario capitalino no obtuvo respuesta de la Sedena. Supuso que los militares investigarían lo ocurrido.

Cuatro meses después, el grupo operativo se encontró con el mismo personaje, pero ahora  asegurado y entregado al agente del Ministerio Público para su consignación, ya que  había sido atrapado en flagrancia. No tenía  forma de zafarse de esa, pensaron los mandos.

Dos días después, el sujeto y sus cómplices eran trasladados el Reclusorio Sur para continuar su proceso. Más tarde, el mando policiaco recibió otra llamada en la que su gente le comentaba que había problemas con un traslado de un caso que ellos llevaban.

El sujeto que habían detenido asaltando tráilers, acababa de ser rescatado por un comando de 10 hombres armados durante el traslado.

El tipo, supieron después, formaba parte de la estructura operativa que La Barbie, controlaba mediante otros operadores para abrir y mantener rutas de trasiego que cruzaran la capital del país y llegaran sin problemas al estado de Morelos.

Fuego cruzado

Pocos casos de persecución contra capos de la droga han despertado tanto celo profesional como el que se fue armando para dar con La Barbie. La razón es muy simple: civiles, navales y militares lo querían atrapar primero, pero sobre todo, vivo, muy vivo.

Para dar con él, fueron necesarias 12 reuniones especiales en las que la PGR, la SSP Federal, la Marina y el Ejército, intercambiaron información entre sí y con la DEA, el FBI y la Oficina de Aduanas de los Estados Unidos a fin de avanzar hacia su captura.

Hasta hace dos meses, la Armada llevaba la delantera en la indagación para detener a La Barbie, pero una filtración al interior de la Marina dio al traste con la operación.

La siguiente jugada la hizo la SSP Federal con éxito operativo, pero con escasa profundidad en el entramado del tráfico de drogas, lavado de dinero, conexiones financieras, bancarias, políticas y empresariales detrás de la actividad de Édgar Valdez.

Su captura es loable, pero nada más. No va a cambiar la naturaleza de las operaciones de los cárteles ni modificará sustancialmente sus rutas de trasiego o sus dinámicas de lavado de dinero o las redes de protección en torno suyo, porque en México la estrategia de combate al  narco no va encaminada primordialmente a atacar esferas, sino a golpear las operaciones externas de los cárteles. (jorgemedellin@hotmail.com)



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Distrito Federal 02 de septiembre del 2010 14:28

Apuntas algunos datos como si los supieras de buena fuente, tanto que cae en lo absurdo. Lo realmente importante es que detuvieron a ese malandro y seguirán deteniendo a gente igual.


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