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Itinerario Político | Ricardo Alemán

El síndrome AMLO venció al PRI

Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, acl...

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Jueves 08 de julio de 2010
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Los que no creyeron el cuento del fraude saben que la clave de la derrota de AMLO en julio de 2006 fueron los pecados de soberbia y nula autocrítica, que sepultaron las aspiraciones del mesías y los sueños de millones. La desmedida soberbia y la incapacidad de reconocerse falible provocaron el fenómeno motejado como “el síndrome AMLO”.

Hoy la misma soberbia —confianza extrema y sueño de invencible— provocó la derrota del PRI en Sinaloa, Puebla y Oaxaca, y la probable caída en Veracruz. Y si lo dudan, van las pruebas.

A las 16:00 horas del domingo 4 de julio, en su casa de campaña el priísta Jesús Vizcarra casi se infarta al conocer los primeros reportes de la elección que, según su equipo de campaña, ganaría. Los números marcaban ventaja de su adversario, Malova. Entonces Vizcarra gritó, mentó madres y con un derechazo en el mentón de Florentino Castro casi noquea a su jefe de campaña. “Me engañaste”, le dijo. Y lo corrió esa misma tarde.

El daño estaba hecho. Florentino Castro —mismo que en el DF perdió todo en 2000 y 2003—, convenció a Vizcarra de que la elección era trámite y que eran falsas las encuestas que daban como ganador a Malova. Y es que Vizcarra soñó a ciegas que ganaría, pese a que en Sinaloa era secreto a voces la ventaja de Malova. Más aún, el 24 de junio aquí revelamos el Manual de la Derrota de Vizcarra, quien, igual que AMLO, no quiso ver la realidad.

En Puebla, el delfín de Mario Marín, el también impresentable Javier López, se creyó el “canto de las encuestas”. A 40 días de la elección, peleó con todo el PRI, amenazó con destruir a los líderes —cuando fuera gobernador— y unificó a priístas y elbistas, en su contra. Mentían los que decían que caía en las preferencias y mentaba madres contra las encuestas que no le favorecían. Hoy es cadáver político. En Veracruz, Fidel Herrera repartió dinero a manos llenas, mientras Yunes repartía promesas. Nadie creyó en la eficacia de la campaña de Yunes. Al “negro” Fidel lo mareó “el pinche poder”. En Oaxaca nadie quiso aceptar que Gabino Cué aprendió todo en el PRI, partido que derrochó dinero, mientras Cué repartió certezas. Y Ulises, como AMLO, se creyó invencible. Por lo pronto, AMLO rompió ayer con Camacho, Marcelo y el PRD.

No aprendieron la lección del más reciente libro el investigador Raúl Trejo Delarbre, Simpatía por el rating. Ni el dinero, ni el spot, ni los medios ganan elecciones. Los electores compran un candidato cuando lo ven como suyo.

EN EL CAMINO. Si no es La Tremenda Corte, se parece. Estaba a debate la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo, cuando el ministro Cossío intentó un machucón al ministro Valls, al que acusó de “incongruente”. Don Sergio atajó: “¡Rechazo enfático el calificativo...!”. Y el más joven de los ministros hizo mutis. Así se llevan.



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