Asistí hace pocos días al Festival de Poesía de Granada, en la bella Nicaragua. Cien poetas de 50 países, escuchados (a veces bailados) por la multitudes en las plazas y calles.
Nicaragua es un país de poetas (es poeta la primera dama, Rosario Murillo, ausente en el Festival, pero muy presente en el país, y su marido fue poeta en su juventud) (de él no puedo citar poema, pero de ella va aquí uno: “Quería escribirte un poema / de aquellos nuestros con palabras mezcladas / fresco como la grama del patio / repleto como la tinaja debajo del alero / quería escribirte este poema que te estoy diciendo / pero ya ves que no pude / tuve que agotar mis dedos interminablemente / hacer montones de sobres / doblar papeles cerrar los sobres sellarlos / tuve que alzar el teléfono y responder melodiosa / no, no está, no ha venido/ sí sí, cómo no, pase usted / tuve que hacerme sonrisa en cuatro dientes / contestar las preguntas / meterme y salirme de vos miles de veces/ pero aunque así / entrecortado apretujado malhumorado y todo/ aún así te parí en esta tarde/ con cuatrocientos cincuenta sobres con nombre y dirección/ y una fila de incansable preguntones / sobándose la barriga complacidamente”) (Rosario Murillo no sólo ha parido poemas, también dio a luz casi una decena de hijos; la segunda, Zoilamérica, levantó cargos contra su padre adoptivo, Daniel Ortega, por los delitos de violación y hostigamiento sexual de que fue víctima desde los once años; el entonces diputado Ortega alegó la inmunidad de que gozaba y la prescripción del delito, y le ganó a la joven la partida; Zoilamérica apeló a un tribunal internacional, pero terminó por retirar la demanda -dicen las malas lenguas que también cayendo de nuevo en las manos de su abusador, el hoy presidente-) (a Rosario Murillo le da por la magia y a la brujería, es supersticiosa, llegó a firmar sus artículos de opinión según los ciclos de la luna y las posiciones de los astros) (digo que Rosario Murillo está presente hasta para los visitantes porque en estas fechas Managua exhibe gigantes árboles navideños, quesque porque le traen suerte a la poeta y primera dama) (por esto de las supersticiones, y porque desde fechas más cercanas revuelve catolicismo con hechicería, creencias religiosas, con oraciones y conjuros, y por su ambición de poder, y por sus muchos pantalones, y por su relación con la hija -no precisamente solidaria y eso que llamamos maternal-, pienso en el parecido que tiene con Doña Bárbara, el personaje creado por Rómulo Gallegos, cuya hija Marisela se salva de morir del balazo que estaba por asestarle su madrecita gracias a que un rayo de luz pasa por la mirilla, cegándola, con la diferencia de que en la vida de Zoilamérica no parece haber destello salvador) (los poetas, Daniel Ortega y Rosario Murillo, dadivosos regalaron en visita de estado a Venezuela dos manuscritos de Rubén Darío a Chávez) (¿fueron cegados por la luz del socialismo bolivariano para dar caravanas con patrimonio ajeno?).
Tierra de poetas, y otras: durante la Fiebre del Oro de California, Nicaragua fue tránsito de las hordas de aventureros, para ir de Nueva York a San Francisco tocaban Granada –por no ir a morir congelado a las montañas Rocallosas-.
Las repercusiones del flujo fueron muchas, desde la corta presidencia de Walker, el filibustero, a la fortuna súbita de Vanderbilt, el empresario. Por un pelo el canal se construye en Nicaragua, finalmente los interesados (americanos) en Panamá lo impidieron, ayudándose en parte de aquel timbre postal que mostrara un volcán nicaragüense humeando, lo usaron como argumento ante el Senado para promover el voto por Panamá, argumentando los peligros de terremotos y erupciones (también ayudaron los ríos de billetes que corrieron por debajo de la mesa, corrompiendo Senadores). Se cortó la ruta de Nicaragua utilizando el Momotombo o el Masaya.
Fiebre del oro hubo desde antes: fray Blas del Castillo bajó en poleas al cráter del Masaya, convencido de encontrar al fondo oro derretido.
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