I. ¿Obras suficientes? La ciudad de México fue fundada en una zona lacustre, situación que la enfrenta a grandes retos en cuanto al manejo del agua. Además de su ubicación, la zona metropolitana del valle de México ha crecido de manera desordenada y sin planeación alguna. Este crecimiento irregular de asentamientos urbanos demanda una mayor infraestructura (agua, drenaje, pavimentación, alumbrado público, etcétera) para abastecer a poco más de 8 millones de habitantes en el DF y a cerca de 20 millones en toda la zona metropolitana.
El drenaje de la ciudad de México se compone de tres grandes desagües: el interceptor-emisor del poniente, encargado del sur y poniente de la ciudad; el gran canal del desagüe, que recibe las aportaciones de las zonas norte, centro y nororiente y, por último, el sistema de drenaje profundo, considerado como el desagüe principal.
A lo largo de las últimas décadas, las obras enfocadas para dar viabilidad al drenaje en la ciudad han consistido en la reparación y mantenimiento de dichos canales, así como a la construcción de plantas de bombeo que aumenten la capacidad de desalojo de aguas residuales. Sin embargo, la inversión realizada por el gobierno federal y del Distrito Federal parece no ser suficiente o no ha sido la indicada para evitar que algunas colonias de la ciudad se vean inundadas.
II. ¿Nuestras autoridades habrán notado el problema? Cada año se presentan lluvias torrenciales en la ciudad, sin embargo, nuestras autoridades han minimizado el verdadero problema. Por ejemplo, en mayo de 2005 el GDF aseguró que el programa de desazolve de toda la red de drenaje y presas estaba concluido; un año más tarde, en junio de 2006, severas inundaciones en 46 zonas de cinco delegaciones dejaron caos y severos daños.
Nuevamente, en abril de 2008 el jefe de gobierno descartó categóricamente la presencia de inundaciones graves en la zona metropolitana, ya que se realizaron diversas obras de reparación, mantenimiento y rehabilitación al emisor central del drenaje profundo, destinando para ello 800 millones de pesos, asegurando además que dicho caudal no presenta fallas que deriven en un colapso, descartando así una gran inundación. Un año después, en septiembre de 2009, una intensa lluvia provocó daños en colonias de las delegaciones Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza.
III. ¿Inversiones adecuadas? La semana pasada se presentaron lluvias atípicas en la ciudad de México, mismas que alcanzaron alrededor de 35 millones de metros cúbicos, equivalentes a llenar 35 veces el estadio Azteca. Varias colonias y cientos de familias se vieron afectadas. Algunas por la ruptura de la precaria estructura de drenaje y otras porque las autoridades no tomaron las precauciones necesarias ante las lluvias.
Vivimos ahora las consecuencias de un crecimiento desordenado: creció la ciudad, crecieron los asentamientos irregulares; las necesidades de la población, sin embargo, la infraestructura, no creció en la misma proporción.
A pesar de las enormes carencias que aún tiene la ciudad, las políticas gubernamentales no han cambiado: no existe un plan para la ciudad. Los gobiernos siguen cometiendo los mismos errores al tolerar las invasiones al suelo de conservación, al privilegiar gastos suntuosos y frívolos en lugar de invertir en infraestructura y al utilizar el desarrollo urbano como instrumento económico y no de planeación y sustentabilidad.
Esperemos que este difícil momento por el que atraviesan cientos de familias, al menos sirva para forzar a las autoridades a tener una visión de futuro, a planear una ciudad mejor y a invertir en adecuada infraestructura.
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