Cuando la víspera del mes decembrino comenzaba a tentar a los capitalinos con el deseo de pachanga, brindis y baile, los salones de variedad comenzaban a calentar el ambiente navideño y a pellizcar los últimos billetes al bolsillo de los parroquianos, antes de que recibieran su aguinaldo.Desde finales del siglo XIX, estos recintos se convirtieron en verdaderos epicentros sociales a donde acudían las familias capitalinas de clase media que aspiraban a codearse con ese círculo afrancesado que el entonces presidente Porfirio Díaz impuso como modelo civilizatorio. Ya entrado el siglo XX, no había mejor lugar para celebrar las fechas especiales que en estos recintos, donde las galas remendadas de los capitalinos presentes que se reponían del periodo revolucionario, hacían su entrada en la alfombra roja. Desde días antes, los anuncios desplegados afuera de los salones instaban a apartar los lugares, y entre cada recinto se iniciaba una guerra de promociones en las que se ofrecían regalos, rifas, la visita de algún actor de cine, o bien, un abultado programa en el que había desde magos, grupos de danza, hasta cantantes que eran la versión capitalina de aquel jovenzuelo de nombre Frank Sinatra. Por aquellos años, durante una de esas funciones especiales, muchos recuerdan cuando dos salones de variedades anunciaron en su cartelera el mismo día, la presencia del galán del momento, José Bohr, quien promocionaba una película romántica al lado de Delia Magaña. Al final, a causa de la demanda de autógrafos, abrazos y besos que la estrella tuvo en el primer salón, no pudo cumplir con el compromiso del segundo. Según las fuentes, al correrse la voz, ardió Troya entre las indignadas damas que lo esperaban a escasas cuatro cuadras. Con el tiempo, aquel eurocentrismo un tanto cursi, fue reemplazado por las modas americanas, y, ante la falta de clientela, los salones de variedades comenzaron a desaparecer. En algunos recintos, los más afortunados, se retiraron las butacas y se convirtieron en salones de baile que difundían bailes de moda y ritmos de Estados Unidos como el jazz. En otros se optó por seguir el negocio de la carpa, y aunque hubo un pequeño despunte, al poco tiempo los números rojos retornaron implacables, llevándose consigo toda una época de recuerdos. |