Cuando está por comenzar en México la vacunación masiva contra la influenza AH1N1, el gobierno de Canadá la suspendió en cinco de sus 13 provincias por la aparición de reacciones alérgicas producidas por algunas de las dosis del laboratorio GlaxoSmithKline (GSK). Se identificó el problema en un lote específico de 171 mil dosis de las 7.5 millones ya distribuidas en ese país por la farmacéutica británica. Sus directivos recomendaron ayer a las autoridades canadienses retirar dicho lote “ante la posibilidad de que cause alergias mortales”.
México ha comprado 30 millones de vacunas, 10 millones de ellas a GSK. Las 865 mil dosis que nos llegaron el reciente fin de semana y que empezarán a aplicarse mañana a personal del sistema de salud y a mujeres embarazadas, fueron producidas, cierto, por el laboratorio francés Sanofi-Aventis. Pero con lo ocurrido en Canadá, las autoridades sanitarias mexicanas están obligadas a redoblar la calidad y seguridad del total de las dosis adquiridas, especialmente las de GSK cuando lleguen a nuestro país. Muy peligroso sería que el asunto quedara en simples recomendaciones como la hecha por el secretario de Salud, José Ángel Córdova, al señalar que no deben vacunarse los alérgicos al huevo “porque el virus (para la vacuna) se cultiva en huevos embrionarios, podría conservar residuos de la proteína y provocar reacciones alérgicas”.
Hay datos poco difundidos respecto a la pandemia de influenza AH1N1 que generan mucha suspicacia. Llama la atención la denuncia presentada en Viena por la periodista suiza, Jane Burgermeister, quien presentó cargos criminales contra la farmacéutica austriaca Baxter por la contaminación, en febrero pasado, de 72 kilos de material de la vacuna contra la gripe aviar (AH5N1), la cual pudo ser detectada a tiempo en la República Checa. Burgermeister asegura que una contaminación de esa naturaleza pudo haber sido “deliberada”, dados los altísimos estándares de seguridad con que operan las farmacéuticas europeas. Ese hecho, por lo tanto, la lleva a creer que algo similar podría ocurrir con las vacunas contra la influenza AH1N1.
¿Para qué? Antes de perfilar cualquier respuesta es pertinente que recordemos algunas fechas y datos. Entre 1997 y 2007, todo el mundo hablaba de la gripe aviar surgida en Hong Kong. La OMS llegó a decir que una pandemia de ese virus podría matar a 7.4 millones de personas en el mundo. En ese contexto de temor, los laboratorios estadounidenses Gilead patentaron el antiviral Tamiflú. El presidente de su consejo directivo, Donald Rumsfeld, cedió a la farmacéutica suiza Roche los derechos para fabricarlo y distribuirlo a cambio de 10% de las ventas totales. En 2005, el presidente de EU, George W. Bush, del que Rumsfeld fue su secretario de Defensa, advirtió que la gripe aviar podría matar a 2 millones de estadounidenses, por lo que aprobó recursos presupuestales por 7 mil 100 millones de dólares, para prevenir la enfermedad. Mil 200 millones de ellos se destinaron a la compra de Tamiflú. Pero entre 2003 y 2009, la gripe aviar solo mató a 272 personas en el mundo, un promedio de 39 por año, cuando la gripe común mata anualmente a medio millón de personas.
A principios de este año ya nadie hablaba de la gripe aviar. Su lugar lo tomó la AH1N1 a partir de abril. De entonces, según la OMS ha matado a 6 mil 770 personas en el orbe, ni siquiera el .2% de los 500 mil que mata cada año la gripe común.
Qué bueno que se tomen medidas preventivas, pero este asunto tiene otras aristas que huelen a intereses económicos enmarcados en estrategias para crear nuevos hábitos de consumo de fármacos que detonen la economía mundial. La difusión de hipótesis como ésta obliga al gobierno a ofrecernos información confiable. No se pierda de vista que, según información periodística, casi la totalidad de las grandes farmacéuticas fueron acusadas en EU, entre 2000 y 2003, de prácticas fraudulentas; ocho fueron multadas con 2.2 billones de dólares y cuatro aceptaron haber puesto en peligro la vida de miles. (rrodriguezangular@hotmail.com)
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