Sin embargo, la interesante iniciativa no tuvo el éxito esperado por los interesados; las razones de diferente tipo, entre las cuales se pueden mencionar la falta de experiencia en la organización (los casi tres siglos que pesan en las espaldas de Londres cuentan); la escasez de capital para los fines de la integración de “names” en un sindicato y, de esta manera, suscribir a todo tipo de riesgos del mercado, y otras.
Recientemente la iniciativa empezó a moverse por parte de las autoridades del seguro de la ciudad de Nueva York y todavía es considerada la situación de crisis por la cual atraviesa el mundo y, de manera particular, Estados Unidos.
El Lloyd’s. Algunos de los aspectos de la organización londinense informarán sobre la complicada tarea de una nueva organización similar en Estados Unidos considerando, además, algunas nuevas disposiciones financieras que el Ministerio del Tesoro del país estadounidense emitió propio en relación con la actividad aseguradora. Lloyd’s ya no es el pequeño café ubicado en el río Támesis (Londres), en donde hace 322 años se reunían los dueños de los barcos para ver cómo cubrir a estos últimos contra eventuales siniestros sino, hoy, una sociedad de suscriptores (los names) integrada por hombres del sector privado, los cuales cubren en su nombre y responden con su capital los más variados riesgos que el mercado internacional ofrece; organizados en sindicatos, actúan de manera independiente, según las responsabilidades que vayan asumiendo.
Los Names (nombres) han llegado a ser varios millares; y la fuerza de la organización, obviamente autorizada por las autoridades, en sus inicios y con las modificaciones aportadas por el tiempo , tiene su fortaleza en los sindicados de esos “names”; sin embargo, condiciones adversas en siniestralidad y acumuladas durante algún tiempo hicieron necesario un rescate financiero del Lloyd’s. Las pérdidas ascendían a unos 8 mil 300 millones de libras esterlinas y, para simplificar la decisión, diré que el Lloyd’s es como si dividiera en dos grandes partes: el malo, o sea una nueva sociedad que se encargó de la liquidación de los siniestros denominados Equitas y el “bueno” , o sea, el que actualmente opera con un número muy limitado de “names” como personas y se admitieron como tales, algunas decenas de aseguradoras internacionales con sede en Bermudas. Hoy opera, según brevemente descrito, y con el éxito de siempre; obviamente los 35 mil names tuvieron que aceptar el rescate financiero y Equitas fue creado con la aprobación del Departamento de Comercio del cual depende la actividad aseguradora en términos generales.
Propuesta del Departamento del Tesoro. Como mencionaba antes, en agosto de este año la administración Obama estimó oportuno hacer del conocimiento del sector asegurador la creación de una Oficina del Seguro Nacional, la cual tendría a su cargo varias funciones relacionadas con la actividad aseguradora. La Oficina sería encabezada por el director nombrado por el secretario del Tesoro con el poder de recomendar a la Reserva Federal el nombramiento de un asegurador y ayudantes con varios encargos: 1) coordinar y establecer una política federal con aspectos prudenciales en materia de seguros internacionales; 2) representar a Estados Unidos en la Asociación de los Supervisores de Seguros. Hay que aclarar que en ese país hay un comisionado de Seguros, cada Estado y agrupados en la National Association of Insurance Commissioners (NAIC). A su vez hay también una International Association of Insurance Supervisors (IAIS) que agrupa a unos 150 supervisores y tienen una junta general cada año en alguna capital del mundo; 3) obtener información de los aseguradores; 4) ninguna jurisdicción en cuanto al seguro de salud. Algunos analistas opinan que la mencionada oficina podría generar una forma de conflicto con las actuales autoridades sobre la actividad del género.
Cautivas. La actividad de dichas aseguradoras, en general, ejercida en los denominados “paraísos fiscales”, pero también en varios estados de la Unión, tendrían su parte en toda la operación.
En resumen, considerando lo expuesto en esta nota y limitado al espacio concedido, la pregunta podría ser la siguiente: ¿tendrá éxito la interesante iniciativa de intentar nuevamente el establecer un NYIE?
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