Su cocina de influencia tailandesa, japonesa y china, occidentalizada a través de sus postres elaborados por un chef francés, hace de este establecimiento uno de los sitios de moda de la ciudad.
Hay que recordar que la gastronomía tailandesa ha llegado a las principales capitales del mundo a través de sofisticados conceptos que fusionan cocinas de oriente.
Debo confesar que no creo en establecimientos de grandes dimensiones, ya que generalmente se pierden en el servicio. Pero Erawan, al igual que su hermano 50 Friends, cuenta con un dispositivo en cada mesa con diferentes botones para llamar al camarero o para pedir la cuenta.
Esa tarde en compañía de un grupo de amigos y mis inseparables cómplices de correría gastronómicas decidimos, como es costumbre, pedir al centro para compartir y conocer un poco más la oferta del lugar.
La gastronomía tailandesa es una combinación fascinante de sabores y olores, que resulta en un equilibrio de ácidos, salados y dulces con el picante de los chiles de aquella región.
Iniciamos con rollos vietnamitas, elaborados en pasta de arroz rellenos con lechuga, hojas de menta, albahaca, camarón y zanahoria, que acompañamos con una salsa oriental. Una entrada ligera y refrescante.
Por recomendación de Luis, nos decantamos por un vino blanco Albariño de la bodega gallega Pazo de Barrante, que acompañó muy bien nuestra selección de paltillos.
Cangrejo suave salteado al estilo tempura con salsa de jalapeño, pimiento y vinagreta agridulce fue uno de los platos que más deleitó a Sonia esa tarde, además de los bocados de atún tipo toro en sashimi corte grueso, y el sushi de toro que uno de nuestros acompañantes, amante de la cocina japonesa, disfrutó con singular alegría.
El pastel de jaiba sobre cama de aguacate, mango y salsa agridulce fue una agradable combinación. Aunque el pad thai elaborado con tallarines de arroz salteado con camarón fresco, echalote y cebollín fue la preparación preferida de nuestros amigos.
Los camarones roca, adobados con salsa de chile habanero y ajo, presentaron esa dureza implícita en el marisco sobre cocido.
Otro plato fuerte fue el pato rostizado con curry rojo, albahaca, lichi y uvas, una potente y sabrosa mezcla de ingredientes, que maridó perfecto con la acidez del vino.
El arroz frito con camarón, piña y chícharo estaba delicioso. La calidad de los cortes de carne fue evidente en el rib eye rebanado, servido con tres salsas: barbecue de tamarindo, chiles y ajos rostizados, y hojas de lima con chile seco.
Al postre ya no llegamos. Mi recomendación para este sitio es que cuiden el servicio; cuentan con un excelente capitán, heredado del desaparecido Bistro du Vin.
celia.marin@eluniversal.com.mx
|