En los próximos 14 meses, los habitantes de la delegación Benito Juárez del Distrito Federal —y en especial colonos de la Del Valle— vivirán los peores tiempos en muchas décadas: la construcción de la Línea Dorada del Metro.
Todos aplauden —o debieran hacerlo— una de las obras magnas del gobierno de Marcelo Ebrard que se sumará a la red del Metro, fundamental para el transporte público de la capital, y que no sólo servirá a millones de mexicanos, sino que aliviará el tránsito y la contaminación ambiental. Bien por un jefe de Gobierno que se preocupa y atiende urgentes reclamos de sus gobernados.
Sí, muy bien. Pero también es cierto que a nadie en el GDF, y menos el propio Marcelo Ebrard, parece importarle la suerte de los millones de habitantes de la delegación Benito Juárez y de colonias como la Del Valle, pues serán sometidos a una de las más severas agresiones en sus vidas, trabajos, escuelas, negocios y hasta en su salud. ¿Por qué?
Porque el gobierno de Marcelo Ebrard, las constructoras de la obra y la jefatura delegacional —la Benito Juárez es gobernada por el PAN— han dado muestras sobradas de incapacidad para poner en práctica una logística “amigable” entre la obra y los afectados. Evidencias de esa incapacidad las viven todos los días los vecinos del cierre del Eje 8.
Más aún, un alto funcionario del GDF confió a periodistas que el gobierno prefirió el bajo perfil —no hacer ruido sobre las afectaciones—, para que la gente de la Benito Juárez no se alzara. Es decir, apostaron al grosero e irresponsable ¡que se jodan!
Y es que el GDF no consultó a ningún vecino, escuela, empresa, negocio sobre el cierre del Eje 7 Félix Cuevas —tramo de Cuauhtémoc a Revolución—, a pesar de que se trata de una zona cuyas calles son gigantes estacionamientos, en donde existen el mayor número de escuelas y universidades privadas, cientos de pequeños negocios y oficinas, decenas de hospitales, centros comerciales, jardines…
El tamaño de la obra —el cierre del corazón de Benito Juárez— es del tamaño de la afectación y del daño a los vecinos. Pero ciegos y sordos, los responsables de la obra —del gobierno y las constructoras— no consideran que de ese mismo tamaño debería ser la logística para hacer “amigable” la obra con los derechos y las libertades de los ciudadanos. No, la respuesta parece ser el grosero ¡que se jodan!
EN EL CAMINO Será el sereno, pero el Presidente es rehén del PRI, de los gobernadores de ese parido y, sobre todo, de sus presidenciables… y sí, el PRD es cero a la izquierda en el Congreso.
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