Ni siquiera Moisés escribía sus propios discursos. Dice la Biblia que por ser tartamudo Aarón hablaba por él. Que los presidentes no escriban sus discursos es normal, lo que vale es que crean lo que leen y piensen lo que dicen.
El presidente Calderón está dando los mejores discursos de la oposición y lo importante no es que los diga, sino que los cumpla. Apenas dijo que los empresarios que ganan más paguen más, que ellos frenaron el impuesto del 2%, que acabemos con los monopolios, y que nadie está fuera de la ley, aunque el alcalde de San Pedro sí lo esté. Su discurso es combativo y, sobre todo, acusador contra los que en teoría eran parte de su base social, y que en julio de 2006 brindaron con champaña porque otro no ganó. Tal vez por eso el discurso presidencial suena tan parecido al de la oposición.
El Presidente ya antes se había desprendido de sí mismo, como en la primera marcha contra la violencia, presentándose —él y su esposa— como jóvenes abogados vestidos de blanco, llenos de rabia popular contra la inseguridad. Sólo al llegar la noche recordaron que viven en Los Pinos y que ahí reside la Presidencia.
Se matice o se diga después lo que el Presidente quiso decir, lo que importa es qué se entiende, y lo que se entiende es que en este aciago 2009 la esencia de la actuación política sufre una curiosa metamorfosis. Vemos una doble personalidad en los principales políticos del país, algo novedoso en el mundo: el poder usando las armas de la oposición, y la oposición queriendo estabilizar al poder no para ocuparlo ya, sólo para que no sucumba el país.
Cuando un presidente con pleno poder —sin mayoría pero con sus demás atributos constitucionales— decide algo, habría que cumplirlo. Si no ¿qué Ejército o Poder Ejecutivo de la oposición hará que se cumplan sus mandatos? En esta metamorfosis sorprende ver a la presidenta Paredes, del PRI, estabilizar y explicar por qué se creó ese aborto histórico llamado Presupuesto de Egresos para el 2010, niño no querido que nació de una matazón, relación que nadie quiso, solución que todos niegan.
Lo que el Presidente quiso decir y dijo, lo que debimos entender y entendemos, es que no le gusta la clase empresarial, que le cuesta lidiar con las otras fuerzas políticas y con las propias, y que todo impide el desarrollo de su gobierno. Quizá por eso ha decidido ser el Presidente de la oposición.
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